15 de noviembre 2001 - 00:00

"Antrax gremial" sobre el gabinete de De la Rúa

Patricia Bullrich, Hugo Moyano, Ramón Mestre y José Gabriel Dumón.
Patricia Bullrich, Hugo Moyano, Ramón Mestre y José Gabriel Dumón.
Fernando de la Rúa dedicó parte de las declaraciones que realizó ayer en Alemania a desmentir a Patricia Bullrich, quien renunció al Ministerio de Seguridad Social con el argumento de que el gobierno se había entregado a los brazos del sindicalismo. Es posible que Bullrich haya querido despistar de las verdaderas razones de su alejamiento (su verticalidad con Domingo Cavallo, su convicción de que el gobierno está agotado como proyecto político, etcétera). Pero es cierto que el gabinete de De la Rúa aparece inficionado, a partir de las designaciones en curso, por un virus que lo hace caer en dirección al sindicalismo, una especie de «ántrax gremial».

De la Rúa, como pocas veces, confesó en público los criterios que rigen algunas de sus conductas, en este caso en relación con la salida de Bullrich:

La causa principal de esa eyección del gabinete la ubicó en la sinceridad de la ministra: «Fue un error mostrar un conflicto dentro del gobierno, que después es leído como falta de cohesión. Por eso resolví ponerle término de esta manera», dijo el Presidente.

Dijo que no comparte la idea de fusionar Seguridad Social con Desarrollo Social. Su criterio para distinguir uno de otro es curioso, ya que tiene que ver con los modos de pago, no con la función política de cada cartera: «Seguridad Social debe ocuparse de todas las prestaciones dinerarias que van por vía bancaria o pagos personales y Desarrollo Social debe ocuparse de todo lo que es emergencia o atención directa».

• Acuerdismo

De la Rúa se preocupó especialmente en descartar que haya cedido a presiones de la CGT para echar a Bullrich, lo cual puede ser parcialmente cierto: a la CGT se le había entregado la cabeza de la ministra cuando era responsable de Trabajo, no por sus pretensiones en Seguridad Social.

Sin embargo, la política sindical del gobierno se está organizando en torno de un acuerdismo difícil de ocultar. A tal punto que en la composición final del gabinete, la que regirá a partir del 10 de diciembre, se insinúa ya una especie de «subloque sindical». A la cabeza está José Gabriel Dumón, el ministro de Trabajo, llevado al cargo por Rafael Pascual por una doble razón: militar en la UCR bonaerense en el bando contrario al eje antidelarruista Leopoldo Moreau-Federico Storani y tener antecedentes de acuerdismo desde cuando, siendo ministro de Educación, negociaba con los sindicatos hasta el hartazgo.

Dumón ya hizo gala de esas condiciones. Todavía no conocía por completo las instalaciones del ministerio y ya se había sentado tres veces con los «gordos» del sindicalismo. Una fue en privado en el gremio de Sanidad, otra semiprivada en la CGT y otra pública con De la Rúa. En esta última, Hugo Moyano batió un récord: anunció un paro en la misma mesa del Presidente, algo que no había previsto el pacífico Dumón.

Aun así, la mayor señal del espíritu conciliador del nuevo ministro se produjo ayer, cuando designó como su segundo a Jorge Sappia. Se trata del mismo experto en temas laborales que ocupó ya la Secretaría de Trabajo con Alberto Flamarique. Su retorno es otra rareza del gobierno de De la Rúa en relación con los cargos y sus designaciones. No es común que un funcionario ejerza una función, renuncie a ella y vuelva a asumirla durante un mismo mandato presidencial. Pero el Presidente es pródigo en este tipo de sorpresas. Cuando asumió creó un único ministerio (Infraestructura), que fue el único que decidió disolver al poco tiempo. Hace menos de un mes designó a un ministro
(Daniel Sartor) y, simultáneamente, le disolvió la cartera «a plazo» (se calcula que no existirá más a fin de año). Al mismo tiempo, creó otro ministerio (Seguridad Social) a medida de una ocupante (la Bullrich) que ya lo dejó vacío.

Si ya Dumón era una señal de paz y amistad hacia los gremios, al resucitar a Sappia, De la Rúa va convirtiendo el Ministerio de Trabajo en un palomar. Se trata del laboralista que negoció con los sindicatos la reforma de 2000, un híbrido laboral que para el ex y nuevo secretario resultaba demasiado agresiva con los sindicatos.

El homenaje a la CGT se completará, presumiblemente, dentro de poco. Exactamente cuando Ramón Mestre se haga cargo del Ministerio de Salud.

El jefe de Interior será desplazado a partir del 10 de diciembre, cuando Rafael Pascual deje la Cámara de Diputados. Todo indica que, amparado en su condición de odontólogo, irá a Salud, aunque Héctor Lombardo resiste con uñas y dientes. Este pase de Mestre le garantiza al gremialismo que el anillo en su favor se cierre: el cordobés garantizaría que no se quite a los sindicalistas el mercado cautivo de las obras sociales. Sólo con esa garantía los «gordos» han comenzado a avalar al actual jefe de Interior. Varios de ellos lo conocen desde hace tiempo, cuando era gobernador de Córdoba. Más precisamente, con uno de los hombres clave de la CGT oficialista, Carlos West Ocampo, fue casi socio: la provincia y el sindicato de Sanidad eran accionistas de la AFJP Claridad. Sin contar, además, con que Lucio Garzón Maceda -experto laboralista que da sangre intelectual a las iniciativas de West- mantiene con Mestre y también con Sappia un canal discreto de comunicación por el hecho de ser todos cordobeses notorios.

Esta complacencia de De la Rúa con los sindicatos no llega a convalidar la tesis de la Bullrich, es decir que la echaron como homenaje a los gremialistas. En rigor, si el Presidente hubiera querido que ella quedara a su lado, le bastaba con invitarla a alguno de los asados organizados por Chrystian Colombo, de los que provocativa y deliberadamente la dejaban afuera por considerarla sospechosa de cavallismo, la verdadera razón de su salida.

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