Jorge Bergoglio resolvió encarar personalmente los conflictos políticos que sacuden a la Capital Federal. Tras abrir la Catedral para una misa por el tercer aniversario de la tragedia de Cromañón, el arzobispo de Buenos Aires visitó a los huelguistas del casino flotante que se encuentran encadenados a una reja de Plaza de Mayo para apoyarlos en su reclamo.
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Luego de cuatro años de confrontación y falta de diálogo con Néstor Kirchner, el sacerdote emerge ahora como un espontáneo mediador ante los reclamos sociales no sólo de los trabajadores del juego de azar sino también de los padres de las víctimas de Cromañón, a quienes acompaña desde el momento de la tragedia. Sin efectuar críticas sobre la injusta distribución de los ingresos y la pobreza, un clásico de Bergoglio de cada fin de año, el cardenal se acercó a metros de la Casa Rosada para expresar su apoyo a los trabajadores del juego de azar en el marco de la nueva relación que el Episcopado impulsa con el gobierno de Cristina de Kirchner.
Fue el lunes pasado, último día de 2007, cerca de las 11, cuando el jesuita mantuvo su segundo encuentro con los trabajadores, a quienes ya había recibido 48 horas antes, para ofrecerles sus buenos oficios en la búsqueda de una solución pacífica al conflicto gremial que produjo el cierre provisorio del establecimiento por orden de la jueza María Servini de Cubría.
Aunque el purpurado se retiró del lugar sin hacer declaraciones sobre el encuentro, los manifestantes señalaron que Bergoglio les trasmitió «su apoyo» y les manifestó su «buena voluntad» para contribuir a resolver el conflicto. Los trabajadores permanecieron encadenados a la reja de la Pirámide de Mayo durante los festejos de Año Nuevo, al igual que lo hicieron en Navidad, como símbolo de protesta por el despido de más de 80 empleados y el cierre de la sala de juegos.
Los activistas del casino flotante se encadenaron allí la noche del 20 de diciembre, luego de que Servini de Cubría ordenara a la Prefectura Naval que les impidiera el ingreso a sus lugares de trabajo al finalizar la conciliación obligatoria impuesta por el Ministerio de Trabajo.
Bergoglio escuchó el pedido de los empleados encadenados, quienes reclaman una reunión con Cristina de Kirchner, además de una nueva audiencia en la sede de la cartera laboral con autoridades de la sala de juegos, en busca de una solución al conflicto. Los trabajadores despedidos aclararon ante el jefe del Episcopado que continuarán con la medida de fuerza hasta que tengan una respuesta satisfactoria a su reclamo. Hoy los trabajadores anunciaron que a partir de las 16 se concentrarán en Plaza Italia para marchar hacia el hipódromo de Palermo. El objetivo de la movilización será un «escrache» al empresario Cristóbal López, vinculado al negocio del juego y dueño de 50 por ciento del casino flotante.
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