Aníbal Ibarra, que está en París presentando la Ciudad de Buenos Aires como precandidata a la Expo Universal de 2010, regresará a arbitrar una guerra que él mismo desató antes de partir, al desplazar a sus socios radicales o esmerilarles tareas. Parientes y amigos puestos en funciones por el jefe de Gobierno complican la convivencia de la Alianza en la Capital Federal, mientras Ibarra se prepara para asumir el 15 próximo como presidente del Frente Grande nacional, es decir heredero universal de Chacho.
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Los socios del Frepaso lo acusan de vaciarles las secretarías que ocupan y de no respetar los acuerdos de repartos en la sociedad Alianza. No reconocen como propio, por caso, al nuevo secretario de Salud, Alfredo Stern, que se desempeñó anteriormente como funcionario del intendente alfonsinista de Vicente López, Enrique «Japonés» García. Dicen que «es un radical camuflado que responde a Ibarra» y lo miran de reojo porque dejó trascender que cambiará desde directores de hospitales hasta servicio de catering en las salas de internación. Con más enojo, asistieron a la designación del subsecretario del área, Pablo Maza, un joven contador, primo de Ibarra, que reemplaza a la radical Amanda Rubiral en competencias de presupuesto, quien estaba en el cargo desde la época de Héctor Lombardo en la comuna.
Pero el golpe más fuerte lo recibieron el miércoles a la noche, cuando el secretario de Desarrollo Económico, Eduardo Hecker, le pidió la renuncia a su subsecretario de Trabajo, Guillermo Tello Rosas. No es para menos. Una cosa es dejar trascender corrillos sobre la posibilidad del desplazamiento de Facundo Suárez Lastra, a cargo de Seguridad y Justicia, para que comande la secretaría el cuñado de Ibarra, Juan Carlos López, actual procurador general. O que a «Facundito» le hayan quitado el mando sobre los inspectores municipales -después de sospechas de corrupción en la oficina que comandaba el ibarrista Horacio Spandonari para dárselo al frepasista Hec ker. Otra cosa, muy distinta para la mirada radical, es que echen al secretario general de la UCR porteña, Tello Rosas, «un duro», como lo definen. Y así parece, porque Tello se atrincheró en el puesto, se negó a renunciar y pidió que antes se le haga una auditoría a su gestión, inventario de las oficinas y de las inspecciones de trabajo y convenios que realizó. «Ibarra no está. ¿Creés que Cecilia Felgueras va a firmar mi remoción?», alertó el radical a su jefe. Felgueras, claro, rechazó semejante atrevimiento, contra uno de los mentores de la Juventud Radical. A pesar de los llamados de Hecker a París, todo quedó en stand-by.
En su adolescencia, Tello fundó la corriente radical Agitación y Lucha, que en los '60 hizo frente al gorilismo de la UCR de entonces, espíritu que demuestra conservar en su corazón: ante la noticia se fue de su despacho a comunicar lo acontecido al presidente de UCR, Angel Rozas, y llamó inmediatamente a Raúl Alfonsín y a todos los dirigentes partidarios. «¡Qué barbaridad!», lo consoló el ex presidente.
Hoy habrá un almuerzo de radicales porteños en el que se sentarán en la cabecera de la mesa Rafael Pascual, Jesús Rodríguez y Enrique Nosiglia. Consideran que es hora de que los caciques tomen cartas en el asunto. No estará Rodolfo Terragno, pero sí su delegado porteño Cristian Caram, presidente del bloque UCR en la Legislatura, junto a funcionarios y diputados de la Ciudad. El fin de se-mana se irán casi todos a Villa Gesell a participar del congreso de la juventud de la UCR de la Capital, donde en esta oportunidad Ibarra no fue invitado.
El jefe de Gobierno piensa llegar con un nuevo esmeril para aplicar a las segundas líneas de gobierno y Tello se pondrá a la cabeza de la resistencia. «Yo me voy, pero antes quiero que lo mío sirva como punto de inflexión al radicalismo, tenemos que unificar personería si vamos a seguir en este gobierno, del que queremos participar pero no que ocurran estos infantilismos de desagregar radicales por apetencias de poder», remató el funcionario y dio la orden de vaciar cajones y anotar en una planilla qué cosas se entregaban. Marcelo Antuña, apoderado del Frente Grande y amigo de Vilma Ibarra (hermana del jefe de la Ciudad), sería su sucesor. «Tenemos contratos cinco estrellas, pero no estamos compartiendo la toma de decisiones», reflejó uno de los principales punteros del terragnismo en la Ciudad.
La semana pasada, Ibarra nombró a Stern en reemplazo del alfonsinista Aldo Neri, quien renunció para asumir como diputado nacional el 10 de diciembre.
También asumió Gabriela González Gass -a quien se le restarán actividades, como Deportes, que depende del ibarrista y voleibolista Waldor Kantor- en Promoción Social en reemplazo de Daniel Figueroa, un hombre de J. Rodríguez que será reubicado. En principio el cargo en Salud lo habían prometido para Juan Carlos Farizano (iría al Mercado Central), pero el jefe de Gobierno rechazó tener a un ex presidente del Concejo Deliberante en su gabinete. Luego el terragnismo propuso a Marcelo Squeloto, pero Ibarra en soledad eligió a Stern, de quien dicen que llegó de la mano de Angel Tonietto, el cu-ñado de Graciela Fernández Meijide, con quien Stern compartió la dirección del Hospital Belgrano, en la localidad bonaerense de San Martín.
El desaire llegó a tal punto que el viernes Vilma Ibarra en persona debió calmar a Terragno en sus oficinas de la Fundación Siglo XXI.
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