Un enfermero cubano de 39 años fue reconocido como refugiado por el Ministerio del Interior argentino desde el 9 de enero pasado. Entre las razones aducidas por el gobierno figura el temor fundado de persecución por una opinión política.
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Se llama Roberto Cruz Cruz y es hijo de uno de los héroes de la Revolución, pero el joven eligió el camino de la deserción y se quedó en el país más allá del permiso obtenido por el gobierno cubano, que le había asignado diez días.
Aprovechando la invitación que la OMS le hizo para asistir al IV Foro Latinoamericano de VIH, celebrado durante 2007 en Buenos Aires, Cruz decidió quedarse y pedir asilo político a las autoridades locales.
Así fue como esos diez días se convirtieron en meses y luego en años. Hasta que el gobierno aceptó su condición de refugiado el cubano pasó por momentos duros. Afirmó que llegó con veinte dólares y se alimentó muchas veces a base de pan y te, mientras que vivía en una pensión con cuarto compartido.
La decisión de instalarse en Argentina provocó el enfrentamiento con su padre, quien ofendido, cortó la comunicación con Roberto por varios meses.
Hoy, con su Documento Nacional de Identidad argentino en mano, Cruz planea volver a Cuba luego del régimen castrista. El enfermero considera que ésa es su Patria y es allí dónde quiere morir.
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