1 de febrero 2007 - 00:00

Argentino, único sobreviviente de purga papal

Benedicto XVI
Benedicto XVI
El Papa visitará Brasil entre el 9 y el 13 de mayo. Lo hará con otro maestro de ceremonias o, para decirlo técnicamente, Maestro de las Liturgias Pontificias. Ratzinger hizo rodar la cabeza de otro woytiliano (además de la de los cardenales Sodano y Lajolo y la del vocero Joaquín Navarro Valls).

Esta vez fue la del arzobispo Piero Marini, el coreógrafo del Papa, heredero del gran reformador del rito católico en los 70, Annibale Bugnini, acusado de herejía por su pertenencia a la masonería. Marini fue un protagonista del mundo del espectáculo, reclamado por la TV, gran régisseur de las fantásticas ceremonias de un showman como Juan Pablo II (fue memorable su imaginación estética durante los funerales del papa polaco). Pero Ratzinger no lo quería. Ahora piensa reemplazarlo por Franco Camaldo, un monseñor también de gran concepción escénica, que fue conocido en las revistas mundanas por su participación en las fiestas del estilista Gai Mattiolo y su amistad con Vittorio Emmanuele di Savoia. Queda en pie, entonces, una sola celebridad del Ancienne Régime de la Curia: el argentino Leonardo Sandri, quien trata con toda habilidad de cruzar las grandes aguas hacia el nuevo entorno de Benedicto. Por lo pronto, conservará su puesto de secretario sustituto de la Santa Sede hasta que el Papa regrese de la conferencia de obispos latinoamericanos en Brasil: ningún responsable del viaje será reemplazado hasta que finalice la travesía. Mientras tanto, a Sandri le prometen dos cargos en Roma: el de ecónomo del Vaticano y el de prefecto para las Iglesias orientales. En ambos casos, el puesto viene con premio: el cardenalato.

La salida de Sandri será, por supuesto, decisiva en la Argentina, donde el prelado ha tenido tanta influencia como rivalidad con el cardenal Jorge Bergoglio. Su salida será vista como el fin de un ciclo en ambos mundos. Sobre todo para la Iglesia local, ya que Sandri ha sido el último padrino del decisivo Esteban Caselli, sobre cuyo protagonismo dialogaron Bergoglio y su comitiva en Roma durante el último viaje. El cardenal es ajeno al espíritu de revancha, pero los Caselli (Esteban y su hijo Antonio) deberán defender muy bien sus embajadas en representación de la Orden de Malta en Perú y la Argentina: al parecer los reemplazos del woytilismo llegarían hasta esas dependencias.

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