6 de octubre 2005 - 00:00

Asesores entre bambalinas

Rafael Bielsa buscó calma antes del debate susurrando un tango. El canciller pasaba del canto al silbido, hasta que alguien le advirtió que «Cuesta abajo» no era una canción para la ocasión.

«Se la estoy cantando a mis rivales»,
se atajó el candidato oficial. Pero no fue el único momento en el que el canciller se vio en apremios. Cuando intentó apurar a Macri preguntándole si alguna vez había trabajado «en el modelo de los '90 que -le dijo- a vos tanto te gusta», el candidato del PRO le enrostró los decretos de su nombramiento en el Estado desde el '81 en adelante.
Lo mismo le ocurrió cuando pretendió atacar a Carrió y a las críticas que la jefa del ARI hizo acerca de lo que denominó
«la focalización de los planes sociales». Según entendió, estas prácticas «atan a la pobreza».

«Este gobierno suspendió 600 mil planes de trabajo y los transformó en trabajo», replicó Bielsa.

Suave y muy calma, Carrió le dijo: «Pero Rafael, vos no caminás las calles, no ves los chicos mendigando, no ves que se clienteliza la política».

El debate fue seguido con atención por un nutrido grupo de asesores. Si bien las gradas de espectadores estaban divididas por bando, se formó algo muy sui genéris que terminó mezclando a todos. Allí estaban sentados los aristas Eduardo Macaluse, Marcela Rodríguez, Adrián Pérez, Martha Maffei, los bielsistas Mercedes Marcó D'Pont (segunda en la lista), el jefe de campaña Guillermo Olivieri, Oscar Feito y Víctor Santamarina, y los macristas Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta, Paula Bertoldi y Cristian Ritondo.

Jaime Durán Barba
(un ex asesor ecuatoriano de Menem y de otros candidatos) fue el que permanentemente instruyó a Macri, incluso aconsejándole sobre el momento donde se imponía el silencio.

A Bielsa lo asesoró antes del debate el ex macrista Juan Pablo Schiavi, pero no fue. Ese rol lo ocupó Olivieri en los entrebloques. Carrió recibió la instrucciones de los economistas Rubén Lo Vuolo y Fernando Melillo.

Estos grupos se trenzaron cada uno en «scrums» de evaluación: la gente de Macri creía que su candidato había mejorado mucho la actuación respecto de intervenciones anteriores; la gente de Bielsa cantaba victoria pero con unos nervios llamativos que podían indicar lo contrario. Sólo los de Carrió, encantados con su jefa, se declaraban únicos triunfadores de la noche.

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