Aunque ya nadie sabe para qué Duhalde todavía insiste en cambiar a sus ministros, lo cierto es que en horas anunciará algunos reemplazos. Si Lavagna tuvo problemas para encontrar colaboradores, lo del Presidente resulta todavía más arduo: ninguna figura notoria le aceptó cargos tentadores como la Jefatura de Gabinete o Interior. Son estos hombres, Capitanich y Gabrielli, los más «transables» por no pertenecer al entorno privilegiado del conurbano. Si alguien imagina oxigenación en el gabinete, se equivoca: nadie que pueda refrescar acepta integrarse al gobierno. Quien ayer hizo esfuerzos titánicos para quedarse fue Ignacio de Mendiguren; pero, parece que no le alcanza: ya Carlos Leone será su reemplazante. Allí sí puede abrirse una corriente de aire fresco. Para más de lo mismo se menciona a Alfredo Atanasof (hoy en Trabajo) para Jefatura de Gabinete, Jorge Matzkin a Interior y Graciela Camaño -esposa del sindicalista y senador Luis Barrionuevo-para Trabajo.
En La Clavelina, la quinta del gremio gastronómico en la localidad de Maschwitz, terminó de tejerse una de las secuencias del cambio de gabinete que prepara Eduardo Duhalde y que piensa anunciar mañana. Allí concurrió el presidente a festejar el Día del Trabajador. Estaban el titular de la CGT, Rodolfo Daer, y varios sindicalistas ligados a Luis Barrionuevo. El dueño de casa, Barrionuevo, organizó el acto con su esposa, Graciela Camaño. Son parte central de aquella urdimbre que Duhalde explicó anoche, a última hora, a su grupo más íntimo de colaboradores.
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En casi todas las oficinas del gobierno se afirmaba ayer que la diputada Camaño sería designada en horas nueva ministra deTrabajo.AlfredoAtanasof -presente también ayer en el pacto de La Clavelina- sería en esa corrida ascendido a jefe de Gabinete y Jorge Capitanich volvería a la banca chaqueña que lo espera en el Senado. Los funcionarios que aseguraban anoche que éste iba a ser el trazo grueso de la reestructuración llamaban la atención sobre una charla a solas que Duhalde mantuvo con Camaño ayer, durante el festejo del 1° de Mayo. En esa charla se habría sellado el acuerdo.
La última pincelada que faltaría para el nuevo cuadro oficial pasa por el Ministerio del Interior: el Presidente intentaba ayer el visto bueno de Rubén Marín, el gobernador de La Pampa, para que el diputado Jorge Matzkin se convierta en titular de esa cartera. Rodolfo Gabrielli iría en este esquema al Banco Nación. Matzkin no es un hombre de Marín y, por lo tanto, la designación no será vista como un halago por este mandatario. Quien sí festejaría es José Luis Manzano: es el padrino de Matzkin. ¿Se verificaría la sospecha de Gabrielli, es decir que Manzano quería tomar el Ministerio del Interior para manejar a través de un hombre suyo las negociaciones con Siemens? En la oficina de Gabrielli se discute un reclamo de esa empresa alemana por u$s 600 millones, que ya fue radicado en los Estados Unidos para que sea materia de arbitraje. Si Duhalde quisiera desmentir esta sospecha, le quitaría a Matzkin competencia sobre esta disputa. Anoche, algunos íntimos del Presidente profetizaban qué es lo que va a ocurrir.
La llegada de Camaño al gabinete forma parte de una vieja negociación de Duhalde con Barrionuevo. El propio sindicalista blanqueó en una entrevista televisiva, la semana pasada, un almuerzo a solas en el que el Presidente intentó acercarlo al calor oficial proponiéndole la designación de su esposa: «Yo no la manejo, hablá con ella y tené cuidado porque es una mujer difícil», recomendó el gastronómico. La charla se produjo ayer.
Sin embargo, el propio Barrionuevo sería parte de la operación que Duhalde intenta comprar «llave en mano». Quiere que el sindicalista dirija la maniobra más difícil y riesgosa que tiene hoy entre manos el gobierno: la entrega de $ 150 a todo aquel que presente una declaración jurada de desempleo en cualquier punto del país. Gestionar un plan de esta naturaleza (lo llaman «jefes y jefas de hogar»), con más de 1.000.000 de beneficiarios, supone una capacidad de organización inusual y también un desafío: puede ser la tumba del gobierno o el calvario judicial para quienes se equivoquen en su administración.
Más allá de esta pretensión, hay quienes ya piensan que a Duhalde le gusta el rigor. Aplicarlo pero, sobre todo, sentirlo. Barrionuevo fue el sindicalista que más castigó a la actual administración, diciendo que el Presidente está «más solo que Pinochet en el Día del Amigo» y su esposa se dirigió a él frecuentemente como «senador» para recordar su humilde origen parlamentario. Más allá de esto, a partir del diagrama sobre el que ayer trabajaba Duhalde nacían algunas incógnitas. La más inquietante: ¿qué relaciones se establecerán con la CGT a partir de estas designaciones? ¿Implica el ascenso de Camaño la instalación inmediata de la discusión por aumentos salariales? ¿Se sentirán los «gordos» representados por la esposa de Barrionuevo? Anoche se abrían dudas sobre esto último. Un sindicalista, por ejemplo, se quejaba de que «fueron a hacer el acuerdo a escondidas y ni nos invitaron a la fiesta».
A propósito de esa celebración, por primera vez Duhalde se despachó crudamente contra Adolfo Rodríguez Saá, diciendo: «Me molesta mucho cuando algunos dirigentes peronistas hacen raids televisivos explicando cómo, en cuatro días, hicieron grandes cosas. Lo que no explican es cómo escaparon como ratas cuando la situación argentina ameritaba que nos quedásemos a luchar». Dicen que la visita de Rodríguez Saá a Menem, en La Rioja la semana pasada, fue, más que el «raid televisivo», lo que irritó al Presidente. Otra vez Duhalde fustiga a un dirigente del PJ y, si se quiere, exculpa a los hombres del gobierno radical que lo antecedió y también abandonó el poder antes de tiempo.
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