26 de mayo 2005 - 00:00

Avatares

«¿Te trajiste a la murga de José C. Paz?». Con ese semirreproche irónico recibió ayer Mauricio Macri a Ricardo López Murphy cuando arribó al edificio de Barracas seguido de dos ruidosos micros escolares que portaban a la murga «Locura brillante», toda una osadía popular para lo que fue el lanzamiento. El jefe de Recrear venía de comer locro en esa localidad bonaerense. Cuando terminó ese almuerzo criollo, López Murphy les preguntó a los presentes: «¿Por qué no se vienen al acto con Mauricio?», y acto seguido su pata peronista en la sección tercera, precisamente el «Pata» Alvarez, organizó el traslado.

Tanta efusividad bonaerense en la puesta en escena porteña, era obvio, generó algunas pequeñas desprolijidades. Desde el inicio el acto estaba previsto para pocas personas, unos 100 de cada agrupación, en un salón del primer piso del complejo de oficinas Central Park en Barracas. Por eso los encargados de seguridad cerraron los portones cuando vieron llegar a la murga y dejaron afuera a otros 100 militantes y dirigentes de Recrear y Compromiso para el Cambio. Después de varios minutos de protesta, los porteños pudieron entrar, pero seguían los murgueros y bonaerenses en la calle. Ninguno entendía la situación: los habían llevado invitados desde José C. Paz y ahora quedaban en la calle si poder utilizar todo el cotillón de bombos y redoblantes. No era el estilo de actos al que estaban acostumbrados. Por eso, directamente, decidieron intentar tirar abajo los portones de hierro, con tanta fuerza que debieron dejarlos entrar. Arriba, mientras tanto, seguía primando el aire doctoral en las exposiciones.

Peor aún fue la impresión que se llevaron algunos macristas -hubo asustados que pedían correrse del camino frente al avance del pueblo bonaerensecuando vieron que los murgueros tenían en sus bombos el escudo de River, otro descuido de López Murphy.

Si le gustó o no a Macri esa presencia popular, será una incógnita, pero fueron claras las miradas que cruzaba con López Murphy cada vez que los bombos tapaban en volumen la explicación del plan de acción de la nueva sociedad.


• El lugar elegido para el lanzamiento de la sociedad Macri-López Murphy hubiera sido perfecto para un encuentro mínimo de dirigentes, pero no resultó apropiado para el acto más grande que terminó armándose: un complejo de oficinas en alquiler organizado en Barracas sobre la estructura de lo que fue la empresa Fabril Financiera. El predio, con historia desde 1889, ahora con aire de loft, muy a medida de los candidatos, reúne algunas curiosidades como, por ejemplo, contar el Museo de la Balanza, que reúne piezas locales y del resto del mundo. En el salón donde se realizaron los anuncios había algunas vitrinas con balanzas pequeñas, aunque las piezas más grandes estaban expuestas en un recinto aparte que fue utilizado luego para la conferencia de prensa.

Podía ver allí, mientras los candidatos contestaban preguntas, un raro artefacto oriental para pesar opio que fue el centro de las miradas. Tanto como haberse enterado al final del acto que en ese mismo lugar funcionó meses antes de las elecciones de 1983 el diario peronista «La Epoca».

El acto pareció al principio una remake de los mitines balbinistas de la década del '70, pero fue cambiando enseguida a una versión más « multipartidaria» cuando a los radicales históricos presentes se sumaron los peronistas que llegaron con cara de siesta de feriado a último momento. Se cumplió, de todas formas, con un rito que engloba a la UCR y el PJ: detrás de Macri y López Murphy en el estrado se «mataban» radicales y peronistas por aparecer en la foto, que ante cada aseveración de los candidatos se semblanteaban para testear el nivel de aprobación.

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