Vergonzosa resultó ayer a la madrugada la forma en que varios senadores cambiaron su voto sobre el nuevo juez de la Corte, Eugenio Zaffaroni. Vía presiones oficiales, los bonaerenses Mabel Müller y Antonio Cafiero, que venían haciendo campaña en contra del polémico penalista, terminaron apoyándolo. Sin ruborizarse, el veterano Cafiero pronunció un discurso en el recinto: «No estamos votando un inocente», dijo. Casi gracioso resultó que justificara su aval en que «no sé si el país se banca que votemos en contra del gobierno». Ni los defensores ya conocidos de Zaffaroni se esmeraron. Cristina de Kirchner pareció decir que ésta es una nación de segunda y que, por eso, nos merecemos un juez como Zaffaroni. Penoso.
El Senado aprobó ayer a la madrugada la designación de Eugenio Zaffaroni como juez de la Corte. Con 40 votos a favor y 16 en contra, logró los 2/3 requeridos por la Constitución con superávit de 3 sufragios. Resultó fundamental que hubiera mudanzas de no a sí en el PJ, o bien desapariciones del recinto y sus inmediaciones de quienes estaban decididos a cargar contra el postulante del Ejecutivo. Si tan sólo 5 de los 11 ausentes hubiesen participado de la deliberación con ánimo de voltear a Zaffaroni, el oficialismo hubiera fracaso porque 43 manos en alto hubieran sido insuficientes.
No hubo desapariciones insólitas a las 2, cuando se debía votar. Luis Barrionuevo no pisó en todo el día la vereda del palacio de las leyes. Tras haber manifestado su oposición a Néstor Kirchner al rehusarse a suspender a Eduardo Moliné O'Connor la semana pasada, se esperaba que volviera a las andadas con una negativa a Zaffaroni. Misteriosamente, no fue así. Ramón Puerta fue disuadido por Eduardo Duhalde y el formoseño José Mayans, ausente con permiso, permaneció en su distrito laborando por la reelección de Gildo Insfrán. De la sanjuanina Nélida Martín (muy crítica de Zaffaroni y sus fallos), ya se dijo que en el bloque se le pidió que dejara la banca en cuanto pudiera y lo cumplió pasadas las 18.30. • Mabel Müller, paradójicamente, dejó de ser -previo llamado de Duhalde-fiscal de Zaffaroni para convertirse en operadora de su nominación. En ese papel, se animó a sondear vía telefónica a congéneres radicales, por caso, la rionegrina Amanda Isidori.
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•Isidori le adelantó que iba a rechazar el pliego, si bien condicionó su asistencia a que pudiera superar un serio malestar gastrointestinal. Finalmente, en pleno ataque de cólicos tuvo que llamar a un médico de la DAS, la obra social del Congreso, para que la atendiera en su domicilio porteño. La rionegrina había viajado desde Viedma en compañía del gobernador PabloVerani. Le adelantó su posición y -dicen sus íntimos-nunca escuchó sugerencia alguna sobre lo que debía hacer. Resultó llamativo, sin embargo, que ella y su comprovinciano Luis Falcó -además del cordobés Rubén Martí, la chaqueña Miriam Curletti y Marcela Lescano (Formosa)- pegaran los únicos faltazos de la bancada UCR. Falcó, al igual que Martí, dio también parte de enfermo.
• La dupla Isidori-Falcó disparó especulaciones sobre un supuesto pedido del gobierno nacional a Verani para que sacara del recinto a quienes pudieran oponerse a Zaffaroni. Falcó -hay que consignarlo-nunca se pronunció sobre la candidatura y hace semanas que debe atenderse problemas de diabetes. Abonaba la teoría conspirativa de que Isidori facilitó, en tiempos del interinato de Duhalde, la derogación de la Subversión Económica. La legisladora dejó la banca sin disimulo, y explicó que había recibido instrucciones de su gobernador. En aquel momento, las negociaciones con el Fondo se hubieran empantanado de no haberse aprobado la anulación de aquella discutida figura penal.
• Cristina de Kirchner, en ese entonces, fustigó a Isidori por su actitud. La santacruceña había hecho campaña a favor de mantener la Subversión Económica e incluso utilizó un avión sanitario de su provincia para traer al liberal correntino Lázaro Chiappe. De esa forma, trataba de sumar voluntades contra de la derogación. En la víspera, Isidori terminó -con parte de enferma-siendo funcional a la administración Kirchner, mientras que Chiappe -otrora aliado circunstancial-devino en férreo contradictor de los Kirchner al censurar la promoción del polémico penalista. « Me resisto a admitir la posibilidad de que el Senado Nacional protagonice hoy este grotesco ético e institucional; el pueblo argentino no se lo merece», denunció Chiappe.
• Apenas cuatro peronistas se atrevieron a romper el cerco oficial y levantarse contra el polémico penalista, Eduardo Menem, Sonia Escudero y los adolfistas Liliana Negre deAlonso y Raú Ochoa. Unieron fuerzas a los radicales Raúl Baglini, Carlos Maestro, Carlos Prades, Ricardo Taffarel, José de Zavalía y Rodolfo Terragno; y los provinciales Ricardo Gómez Diez, Pablo Walter, Pedro Salvatori, Luz Sapag, Nancy Avelín y Chiappe.
• Si la cambiante actitud de Müller causó sorpresa y la sintonía de la riojana Ada Maza con el gobierno nacional quedó confirmada, lo de Antonio Cafiero sólo puede calificarse de penoso. «Me pregunté, dadas las circunstancias que vive la Argentina, si estamos habilitados, aun teniendo argumentos a favor, a contradecir una actitud del Ejecutivo... Entonces, me pregunto, si en este preciso momento nuestra responsabilidad habilita para el rechazo de una propuesta del Ejecutivo», reflexionó, tratando de justificar su inexplicable salto. « Sabemos bien que no estamos frente a un inocente, un escrupuloso declarante en los aspectos de su vida profesional. Pero no estamos en condiciones de rechazar un pedido del gobierno central», concluyó con lógica absurda.
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