El Salón Blanco de la Casa Rosada se convirtió durante la era Kirchner en el centro de comunicación de la Presidencia. Desde allí se escucharon las quejas del matrimonio contra cualquiera que los contrariara, siempre mechadas con una catarata de anuncios, a veces poco comprensibles. Pero en los últimos tiempos, bajo la batuta de Cristina de Kirchner, ese recinto central del gobierno pareció sacudirse del tedio y comenzó a aportar revelaciones interesantes.
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Uno de los casos más notables apareció en medio de la guerra que la Presidente mantiene con la prensa, en especial el monopolio «Clarín».
El último balance de una de las posesiones más caras de ese grupo, Papel Prensa -que mantiene en sociedad con el diario «La Nación» y el Estado- no refleja lo que el director por el gobierno en esa empresa, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, anunció y que luego Cristina de Kirchner recordó en el Salón Blanco: la multa que la Secretaría de Medio Ambiente le aplicó a la papelera por contaminar el río Baradero y que obligará a invertir u$s 10 millones para limpiar el proceso de producción.
Los datos surgen del balance cerrado al 31 de marzo de 2008 y no aparece allí ninguna mención a la investigación judicial por contaminación, ni a las multas. Sí aparecen reflejadas las prórrogas que se siguen otorgando a «Clarín» y «La Nación» por créditos de terceros que cedieron a Papel Prensa para cancelar deudas por papel, por un acuerdo cerrado en 2003, y que aún no se efectivizaron en su mayor parte. En ese momento AGEA SA (Grupo «Clarín») y «La Nación» cedieron a la papelera que tienen en sociedad con el Estado créditos contra terceros por $ 4,75 millones y $ 1,9 millón respectivamente. A la fecha, de esas sumas sólo se cobró $ 1,5 millón y el resto permanece en espera, aunque ahora tienen plazo para cancelarlo hasta el 31 de mayo de 2008.
Aunque en el balance nada se diga, la historia fue mencionada por Cristina de Kirchner en el Salón Blanco el martes cuando defendió a Romina Picolotti de los «ataques» de la prensa. «Cumplió con su función de cuidar el medio ambiente y denunciar a quienes lo contaminan y obligarlos a invertir», dijo la Presidente en relación a Papel Prensa. Explicó luego que esa es «la verdadera falta que desde los medios del poder y de la empresa periodística no le perdonan a Romina Picolotti, no el hecho de que haya reaccionado tardíamente» en el combate a los incendios de campos que cubrieron de humo durante 10 días a la Capital Federal.
No fue la única revelación de estos días en el Salón Blanco. Hubo un ataque a Cristina de Kirchner en medio de otro acto en ese recinto que pareció más un acto de promoción que una queja. Un periodista, de quien se dice está ligado también al núcleo kirchnerista bonaerense más puro al haber asesorado en la campaña al intendente de Almirante Brown, Darío Giustozzi.
Turbación
El hombre en cuestión, Antonio Crudo, presenciaba como acreditado radial, la disertación del día de Cristina de Kirchner, esa vez contra la suba de cuotas en los colegios privados. «Usted está mal informada», le dijo desde el corralito de prensa al final del salón cuando la Presidente empezaba a cuestionar la denuncia sobre la espiral inflacionaria que había lanzado el sindicalista José Luis Lingieri.
Turbada, Cristina de Kirchner intentó continuar, pero no pudo: «A mí me llegó la cuota del colegio de mi hija con 30% de aumento». Con elegancia, entonces, un agente de seguridad lo invitó a salir del salón y le pidió que se calmara.
El episodio hubiera quedado ahí, si no fuera porque lo recordó la propia Presidente al día siguiente, usándolo como ejemplo de los exabruptos que tanto le critica a la prensa. Poco después el mismo Crudo explicó: «Si la Presidente nos diera la posibilidad de hablar con ella, yo no hubiera aprovechado ese momento, se lo diría más tranquilo».
Durante la tarde hubo especulaciones de todo tipo sobre el futuro laboral de Crudo. Se sabe que existieron llamadas al medio en cuestión, radio «Rivadavia», para presentar una protesta del gobierno. Pero en la radio nunca se analizó despedirlo. Hasta la hija de Luis Cetrá, su propietario, se reunió ese mismo día con Enrique Albistur, secretario de Medios, sólo para pedir disculpas y se procedió a darle otro destino para no calentar más la situación. Como fuere, el episodio fue toda ganancia para el gobierno que consiguió así una excusa más para protestar.
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