Demoró casi una semana, pero finalmente Jorge Bergoglio decidió sumarse al conflicto neuquino a través de un llamamiento al diálogo «como único camino para superar los conflictos». Lo hizo a través de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina, que ayer manifestó su «solidaridad» hacia los familiares del docente patagónico Carlos Fuentealba.
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El mensaje episcopal llega justo después de que Néstor Kirchner definiera la muerte del docente neuquino Carlos Fuentealba como un « fusilamiento» y denunciara a ciertos «sectores» de intentar reeditar la Doctrina de la Seguridad Nacional empleada por los militares de la última dictadura para eliminar a la insurgencia.
Con esta incursión del Episcopadoen Neuquén la Iglesia católica se posiciona como un actor clave en los conflictos sociales desatados en el país en medio del año electoral. La tan temida politización de la CEA anticipada en Misiones, cuando el obispo de Puerto Iguazú, Joaquín Piña, derrotó al gobernador kirchnerista Carlos Rovira en su intento por eternizarse en el cargo, parece ahora convertirse en una realidad tangible en cada unas de las provincias con conflictos sociales.
Al último enfrentamiento de Kirchner con el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, quien se puso al frente de la protesta docente en la provincia presidencial, le siguió una dura homilía de Pascua de Bergoglio, quien exhortó a los fieles a superar las divisiones. Para contrarrestar la adversidadclerical, los piqueteroskirchneristas cooptaron en Corrientes al cura José Niella, pero la jugada no alcanzó para seducir a la cúpula del Episcopado. Ayer, Romanín se sumó al «dolor e indignación del pueblo neuquino por la pérdida injusta e irreparable del profesor Carlos Fuentealba», y se sumó a la jornada de luto de los gremios docentes para expresar «nuevamente mi repudio a toda forma de violencia». También reiteró la necesidad urgente de «encontrar espacios de diálogo en paz que den fin a los conflictos sociales».
Bergoglio y compañía se habían reunido a fines del año pasado con la Corte Suprema de Justicia y pidieron turno con los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, Alberto Balestrini y Daniel Scioli. Pero nunca fueron recibidos en el Congreso. Kirchner no figuró en la ronda de diálogo iniciada por Bergoglio pese a ser el titular del Poder Ejecutivo. Ayer, en un comunicado firmado por el padre Jorge Oesterheld, el vocero episcopal del cardenal, la Iglesia católica advirtió: «La generación de espacios de diálogo es el único camino para superar pacíficamente los conflictos y avanzar juntos hacia la construcción de una patria de hermanos en la paz y la justicia».
Previamente, a través del obispo de Neuquén, Marcelo Melani, la Iglesia había respaldado el reclamo de los docentes provinciales y cuestionado duramente el accionar del gobierno neuquino, en una nueva participación eclesial en un conflicto social donde la Casa Rosada, bajo el argumento de preservar el federalismo, se mostró inactiva.
Si algo le faltaba a la politización que sufre -o disfruta- la Iglesia católica fue el pronunciamiento de ayer de los obispos jujeños Marcelo Palentini (San Salvador) y Pedro Olmedo Rivero (Humahuaca), quienes exhortaron, en su mensaje pascual conjunto, a «exigir una equitativa distribución de los recursos» porque, «a pesar del crecimiento económico, la brecha entre ricos y pobres se sigue agrandando». También consideraron que en este año electoral es necesario « fortalecer la democracia», ya que «nuestros pueblos siguen aceptando la práctica clientelista, de mendicidad y dependencia, que destruye la cultura del trabajo y del esfuerzo».
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