La sala que le corresponde a Gran Bretaña, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, era un ir y venir de gente, ayer por la tarde. Todo el mundo estaba allí electrizado por la noticia, incierta, del asesinato de dos rehenes italianas en Irak. La información encontraba a un inglés y a un argentino tomando el té y hablando de Malvinas. Eran Rafael Bielsa y Jack Straw, cancilleres.
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La conversación reabrió la posibilidad de que se establezcan vuelos a las islas con escala o salida desde la Argentina continental. Una hipótesis que se negoció largamente entre la cancillería argentina y el Foreign Office, pero que se frustró al salir a la luz hace seis meses, cuando este diario dio a conocer la novedad. Ahora que volvió a discutirse el tema, el gobierno argentino expuso que para el país se trata hasta de una cuestión de dignidad que si se van a multiplicar los vuelos hacia las islas haya por lo menos uno que parta desde territorio nacional continental. En noviembre, casi seguro, habrá otra reunión para aproximarse a esta posibilidad. Tal vez en el próximo verano se realice el primer vuelo. Nadie lo dice oficialmente, claro.
Cuando, como es costumbre, los diplomáticos argentinos debieron calificar la reunión, usaron las palabras «satisfactoria y constructiva». Nada especial, digamos. Salvo que agregaron: «Alejada de cualquier pérdida de confianza». Un dardo de despedida para Sir Robin Christopher, el embajador inglés que se está despidiendo de Buenos Aires durante estos días. Fue él quien había hablado de pérdida de confianza en el gobierno de Kirchner.
En la conversación entre Bielsa y Straw se repasó la agenda de las reuniones que quedan pendientes hasta fin de año. Una por pesca, otra de rutinaria «consulta política» y la más importante: un encuentro en el que intervendrá el secretario Jorge Taiana para definir la participación argentina en el Consejo de Seguridad de la ONU a partir de enero. Para la Cancillería, se trata de una cuestión mayor: aislado internacionalmente por la discusión de la deuda y de las inversiones en servicios públicos, Néstor Kirchner ve una posibilidad de corregir esa situación si el país ejerce a partir de enero la presidencia del Consejo, ya que ocupará la banca que le corresponde de manera rotativa.
La posición británica en el Fondo Monetario Internacional o la eventualidad de que el gobierno impulse exploraciones petroleras frente a la «zona de exclusión» vecina a las islas Malvinas no pasaron por la mesa de Bielsa y Straw. En cambio sí se habló de soberanía, como suele suceder: apelando a la repetición de la fórmula ortodoxa por la que cada gobierno insiste en los derechos argentinos y promete batallar por ellos en todos los foros. Del otro lado, la misma formalidad: una negativa elegante.
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