Favio, el gran homenajeado de la noche, con los candidatos Claudio Morgado y Jorge Coscia, mientras el candidato principal, Rafael Bielsa, se entretenía con Torcuato Di Tella. Animada noche con artistas de postulantes oficialistas.
Primero, la sorpresa: ella, Cristina de Kirchner, llegó antes que muchos invitados. Fin para la falta de urbanidad del marido. Y la reunión, en rigor, no era para la primera dama -aunque habló al final, como corresponde- sino para intentar una remontada de Rafael Bielsa y sus candidatos en la Capital Federal. Raro acto que no se encuadró en las tradiciones partidarias, ya que el ámbito (Opera Bay, el ex Divino) no es frecuente para estos eventos, tampoco el gentío convocado: la «cultura», más bien porteña en general, expresión con la que Bielsa y la esposa de Kirchner gustan refocilarse (lo hicieron con holgura en el vip y en el salón principal con los numerosos artistas). No todo es política en esta vida, de ahí que el encuentro organizado desde la Presidencia por Enrique Albistur resultó un entretenimiento social para las agitadas horas de los candidatos (ella, recién llegada de Pilar, a punto de irse en la mañana a Lomas de Zamora; él, tras recorrer Pompeya y preguntarse cuántas afinidades podía recolectar en la feria de los pájaros).
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«¿Dónde estás? ¿La Diosa? ¿Qué es eso? Esto se llama Divino, bueno, se llamaba, y la verdad no sé cómo decirte para llegar.» Por último, la gentil aspirante a legisladora Inés Urdapilleta le resolvió la llegada a Gloria López Lecube -tan despistada como otros invitados para el acceso a Puerto Madero- merced a las instrucciones de tránsito que le aportó el artesano gauchesco Pallarols, presente en la discoteca con la sola misión de obsequiarle una lapicera trabajada a la senadora santacruceña candidata a senadora bonaerense (donación ampliamente fotografiada en el escenario). Extrañaba en el ingreso la falta de custodios o policías, bien disimulados tal vez, pues en la puerta sólo un Schwarzenegger californiano se aplicaba al tamiz de algún atrevido sin invitación.
Y eso que además de la señora del Presidente, el canciller y la lista de diputados, también se anotaron en el sarao otros funcionarios subalternos, al menos frente al gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Con obsesiones distintas: uno, subido a las tablas con el elenco oficial, el otro -como jefe porteño del PJ- controlando desde el fondo la animación (hubo una orquesta de tango y un video), los discursos y, sobre todo, la receptividad en los concurrentes. También se quedó para despedir en la puerta, como un embajador, utilizando el repetido estribillo que ya incorporó a su vida como el cepillo de dientes: «Te llamo, tenemos que comer». Más delgado, según él, por una intoxicación repentina que lo doblegó tres días, reseñaba su optimismo sobre la elección en Capital, confiaba en que Mauricio Macri ya se estancó, en que Elisa Carrió va a empezar a bajar mientras trepará Bielsa sostenido por la furia proselitista de Néstor Kirchner (el Presidente se comprometió para asistir por lo menos a dos actos del ministro, en su entorno aseguran que 27% de la población vota su apellido con los ojos cerrados y sin preguntarse quién va detrás de él).
Había gente de Cancillería que, a periodistas informados, les preguntaba si era cierto que Martín Redrado dejaría el Banco Central para volver como ministro a Relaciones Exteriores. Pregúntenle a Bielsa, fue la respuesta; dejen que le pregunto yo, se corrigió, interrogante que el postulante a diputado no pudo resolver: «Juro que nada sé». ¿Tampoco sabe si Luis Corsiglia va al lugar de Redrado? No era un tema para esa noche de «cultura» y sus «obreros» -¿quién de los allí presentes podía saber sobre Corsiglia?-, aunque otra descripción relativa al espectáculo y a ciertas artes encajaba mejor como definición. Más de la Asociación Argentina de Actores o del Sindicato de Músicos que de la SADE o Argentores.
• Halagos
Poco plantel femenino en la audiencia liderada, según los propios anunciadores, por Leonardo Favio (algo derrengado, con bastón y un gorro rojo a la moda juvenil), para quien se dedicaron todos los halagos posibles, y Eduardo Falú, mítico guitarrista y autor, a quien la edad ni le melló la estampa. Después, los Víctor Heredia, Torcuato Di Tella, Jaime Torres, Carlos Sorín, Teresa Parodi, Antonio Tarragó Ros, multitudes de Canal 7 y otra multitud que espera integrarse a Canal 7, Adriana Varela, el cómico Hugo Varela, el pintor Daniel Santoro, el cantautor Paz Martínez, el Chango Farías Gómez y hasta el chispeante genio de Alejandro Dolina, casi una novedad en las cercanías kirchneristas cuando siempre se lo imaginó allegado al hoy deslucido duhaldismo. También hubo video con China Zorrilla y Graciela Borges entre otros presuntos propiciadores culturales, pero más impacto provocó la orquesta llamada selección argentina que contó a Leopoldo Federico entre sus intérpretes.
De los oradores, pasó Jorge Coscia sin demasiada atención y, por supuesto, siguió Bielsa con el rosario de citas literarias y poéticas, también de autores y hasta de cuentos, memorioso ejercicio que de tanto practicarlo hasta le hace olvidar el pedido para que lo voten. Mismo pero adrede olvido para Cristina (fue presentada como Cristina Fernández, Cristina, aunque en la boleta su nombre se ha minimizado en relación con el influyente apellido de su marido, Kirchner), quien sutil juró que ésa no era una reunión partidaria, propia, sino para integrarse aun con diferencias en un proyecto cultural argentino. Como Bielsa, también se sintió en la obligación de decir cuándo había tocado la «cultura» por primera vez, recordando su inicial pasión cinematográfica, cuando su tía y su madre la llevaban al biógrafo. Cariñosa evocación que, matiz de mujer quizás, rompió luego al rememorar como primer libro en su vida (se supone que habrá habido otros antes) un texto de Juan José Hernández Arregui (estaba la viuda en las inmediaciones). No abundaban en esa noche de Artes y Espectáculos los embebidos en ese mentor elegido por ella y los Montoneros en los '70, menos gracioso que Arturo Jauretche y Jorge Abelardo Ramos, menos activo que Nahuel Moreno y, naturalmente, menos denso que Raúl Scalabrini Ortiz, Ramón Doll o Ezequiel Martínez Estrada. Se supone que Bielsa no apelaría ya a esa referencia de Hernández Arregui en su discurso, tal vez esa brecha intelectual no lo identifica -a pesar del alineamiento- tanto con los Kirchner, aunque pueda presumir de una misma y común militancia. Igual, para la votación nadie tendrá en cuenta estas diferencias que se podían discutir en una trasnoche de «cultura» en el ex Divino, hoy travestido de Opera Bay.
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