Billetera no mata galán: 3 lecciones santiagueñas
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Pablo Lanusse
1) Billetera no mata galán.
Esta es la conclusión inicial que hay que sacar de los comicios santiagueños, que vienen a desmentir la sentencia popularizada por el creativo Jacobo Winograd. Kirchner habrá aprendido que hay conflictos políticos y corrientes de adhesiones y rechazos que no pueden ser superados con dinero, como si fueran fuerzas físicas. El Presidente aplicó muchos recursos del Estado en rescatar al peronismo de esa provincia de las arenas movedizas a las que él mismo lo arrojó. No sólo envió a Santiago a casi todo su gabinete, comenzando por el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y terminando por Daniel Scioli. También mandó dinero, sobre todo, a través de su hermana Alicia, quien administra una caudalosa cuenta destinada al asistencialismo.
2) No se puede competir con el argumento de Chacho y los candidatos de Menem.
• Laberinto
Ahora, a dos años de haberseabrazado a aquel credo «chachoalvarista», el juego se transformó para Kirchner en un laberinto político. Primero, porque el gobierno debe concurrir a las elecciones a babucha de lo más caracterizado de la «corporación política», que es el PJ de todas las provincias. Así, desde la Casa Rosada se alimentó durante meses a aquellos a quienes ahora se pretende enfrentar. La idea de articular una «transversalidad» fue una idea inviable, por cuya infantilidad alguien deberá pagar algún día su costo político: no hay «transversalidad» posible con un Congreso dominado mayoritariamente por el PJ más tradicional. La contradicción estalló para estas elecciones: la maniobra por la cual se pretende ir a las urnas con el discurso del Frepaso y los candidatos de Menem, Duhalde, Romero, Marín o Fellner es harto dificultosa. Tanto como querer combatir al «viejo Juárez» con un enamorado de Vicente Saadi como «Pepe» Figueroa.
El otro motivo que vuelve todavía más esquiva esta alquimia hay que buscarlo en el escándalo de Southern Winds. En la complicidad de funcionarios y de empresarios privados vinculados a operaciones de narcotráfico y en la protección que Kirchner decidió extender sobre esos lazos, surgió una evidencia incómoda: el santacruceño y su grupo más íntimo aparecen en ese retrato aeronáutico más parecidos a Juárez que a sus adversarios. En el caso Southern Winds, reaparecieron los rasgos de esa « corporación política» a la que se quiere denostar y todavía no se encontró la pluma amiga que pueda disimularlo.
3) En Santiago no hay brigadieres.
Finalmente, en Santiago del Estero el gobierno cosechará adversidades y reproches que se fueron sembrando a lo largo de la intervención porteña. Con una dificultad especial: en la provincia de la derrota no hay brigadieres a los que cargarles la romana. En principio, varios personajes de la segunda línea del kirchnerismo deberán dar explicaciones: desde el santacruceño José Salvini, jefe de operaciones en el distrito, hasta el esposo de Felisa Miceli, Ricardo Velazco, quien le puso los anabólicos del Banco Nación a una vieja agrupación santiagueña sin mayores resultados (más que la pérdida del dinero, claro). También un coronel como Juan Carlos Mazzón tendrá que rendir cuentas ante Kirchner, por más que tiene una excusa inobjetable: «No puedo hacer asado si ya me trajeron la carne quemada». Alberto Fernández seguirá creyendo que este año los astros se alinearon en su contra: carga con la cruz de ser el «heredero de Béliz», sobre todo por su padrinazgo sobre Lanusse. Es cierto que su estrategia original suponía el fracaso del domingo pasado: él hubiera preferido una alianza « transversal» con Zamora, que ocultara la inferioridad del gobierno en el distrito.
Si Kirchner y su grupo aprendieron en la escuela santiagueña se sabrá en las próximas lecciones. En Santa Fe, donde competirá el otrora predilecto Hermes Binner con el peronismo de Jorge Obeid y Carlos Reutemann; en Misiones, donde la «transversalidad» tropical de Carlos Rovira enfrentará al PJ de Ramón Puerta; y en Catamarca, donde el regreso a la casa paterna se hará casi intolerable para el santacruceño: ¿enviará a sus ministros allí para apoyar a Luis Barrionuevo o alentará las posibilidades de Oscar Castillo y de Horacio Pernasetti, el jefe de bloque de la oposición? Nunca la transversalidad se hizo desear tanto por Kirchner como en ese rincón del país.



