París - El primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, lanzó ayer una ofensiva política de alto contenido emocional para enfrentar el declinante entusiasmo de la opinión pública respecto de los bombardeos en Afganistán y para conjurar el creciente malestar que sus aliados europeos están empezando a mostrar por los escasos resultados y las numerosas fallas de la intervención militar.
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En un discurso en la Asamblea de Gales, en Cardiff, Blair afirmó que la acción militar que llevan a cabo estadounidenses y británicos en Afganistán no terminará hasta que Osama bin Laden, considerado el responsable del ataque terrorista que destruyó el World Trade Center de Nueva York el pasado 11 de setiembre, sea llevado ante la Justicia.
«Es importante que nunca olvidemos por qué estamos haciendo esto, que nunca olvidemos lo que sentimos cuando vimos a los aviones estrellarse contra las torres, que nunca olvidemos esos mensajes en los contestadores telefónicos. Nunca olvidemos qué sentimos al imaginarnos cómo las madres les explicaron a sus niños que iban a morir», dijo.
• Sondeo
La apuesta emocional de Blair se da en momentos en que, según reveló una encuesta del diario «The Guardian», el apoyo de la opinión pública británica a la intervención militar cayó de 74% a 62% en sólo dos semanas. Según el mismo sondeo, una mayoría de la población (54%) cree que tiene que haber ahora una pausa en los bombardeos para dejar que los convoys humanitarios puedan ingresar en Afganistán.
En su intento por volver a ganar la confianza de los ciudadanos, el primer ministro reveló que de las investigaciones ha surgido «un torrente» de nuevas pruebas que confirman la culpabilidad de Bin Laden. «No vamos a parar hasta que nuestra misión esté completa... Nuestra determinación no es hoy menor que la del día en que comenzaron los bombardeos.» Esta parte del mensaje de Blair estuvo dirigida directamente a sus socios europeos que, durante una reunión de ministros de Relaciones Exteriores realizada el lunes en Luxemburgo, alertaron contra los crecientes riesgos de que la coalición antiterrorista se debilitara, ante las cada vez mayores pérdidas civiles causadas por los bombardeos, por su parte, cada vez más impopulares. Esta advertencia de los europeos demuestra, según señaló ayer el diario «Le Monde», que la coalición sigue existiendo, porque los responsables de la UE no tienen otra alternativa que mantener, en sus declaraciones públicas, su solidaridad con los Estados Unidos, para no quebrar el frágil apoyo internacional que los mismos ministros construyeron con tantas dificultades. Pero no deja de ser llamativo que en todos sus discursos los cancilleres manifiesten abiertamente sus cuestionamientos y dudas sobre la lógica y los resultados de la intervención militar contra el régimen talibán, a medida que crecen los «daños colaterales» de la población civil afgana, acompañados por la difusión de imágenes de niños alcanzados por bombas de fragmentación, y mientras aumenta la ira de las comunidades musulmanas al interior de sus países. Todo esto está alimentando una ola de protesta todavía tímida, pero en crecimiento, por parte de la opinión pública europea.
«Los europeos no están en condiciones de proponer otra política», reconoció el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Hubert Vedrine, a pesar de que las operaciones militares «no resulten todavía». Aunque, como dijo su colega alemán Joshka Fischer, los bombardeos todavía «no son cuestionados», otros aspectos de la política estadounidense hacia Medio Oriente irritan a los europeos, como la ausencia de un desbloqueo en el proceso de paz.
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