Blumberg: ¿un Piña para Buenos Aires?
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Juan Carlos Blumberg
¿Puede, entonces, convertirse Blumberg en el Piña bonaerense? La posibilidad ilumina a quienes orbitan al ingeniero, pero, como hay coincidencias, también abundan las diferencias entre el fenómeno Piña en Misiones y el de Blumberg en la provincia de Buenos Aires.
La más gruesa es que el domingo el voto fue lineal: no se eligió gobernador, ni programa de gobierno, ni economía. Casi, como simplificó un kirchnerista de mirada ágil, la elección fijó las opciones de votar entre el «bien» (Piña) y el «mal» (perpetuidad de Rovira).
Como suele ocurrir en las legislativas, en las constituyentes el voto es más grácil y, si se quiere, romántico. Eso benefició a Graciela Fernández Meijide, que ganó en Capital Federal en 1994, y dañó a Antonio Cafiero, que tropezó con su plebiscito reformista en 1990.
En Misiones no se eligió gobierno, pero en Buenos Aires, en 2007, se votará gobernador. La diferencia no es para nada menor, como tampoco lo es la cuestión de la simultaneidad: en el Nordeste se votó aisladamente, pero en la provincia se votará junto con la presidencial.
Otra particularidad que distancia a Piña de Blumberg es que en Misiones, por errores propios, Rovira gestó el milagro de juntar a todos los opositores. En principio, mezquindades y disputas no permiten entrever que un ensamble de aquellas dimensiones -ni aun menor- sea posible.
Igual, Blumberg se tienta con la idea de fijar una base programática para profundizar el diálogo con otros sectores de la oposición. Mauricio Macri espera, ansioso, una respuesta; Roberto Lavagna, sin apurarlo, sigue en contacto con el ingeniero.
Naturalmente, en su previsión metodológica sobre fortalezas y debilidad de su eventual candidatura -«Voy a evaluarlo bien: no voy a largarme así como así», suele decir-, Blumberg prefiere convertirse en el ordenador de todo el arco opositor. Es decir: en un Piña.
Para alimentar similitudes, Blumberg cincela su vínculo con la Iglesia, muy activa en Misiones en repudio a la reelección indefinida y -o quizá sobre todo- porque Rovira dejó que su vice, el pastor Pablo Tschirsch, diera un sesgo evangelista en detrimento de los católicos. Por una vía insospechada, el ingeniero mantiene nexos con Jorge Bergoglio, a pesar de que el cardenal se molestó cuando Blumberg se apareció sin avisar en su misa el día de la marcha y luego por la trascendencia que logró, con un discurso de trinchera, el rabino Sergio Bergman.
Pero nada, por ahora, ocurrirá. Mañana, el ingeniero regresará de Mar del Plata y seguirá con su actividad. Recién a fin de año, sobre diciembre, es probable que se tome unos días de descanso para definir sus pasos.
Esa es la razón por la cual en su cercanía se estima que la posible decisión respecto de si será o no candidato quedará pendiente para el año próximo.
P.I.




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