16 de noviembre 2001 - 00:00

Bombardeos apuran caída de Kandahar

Islamabad y Kabul (EFE y AFP) - Estados Unidos intensificó ayer los bombardeos en la ciudad de Kandahar, dejando al menos ocho muertos, para acelerar la caída del último baluarte importante que les queda a los talibanes. Mientras tanto, una caravana de líderes pastunes que estaban exiliados en Pakistán ingresó a Jalalabad y transformó esa localidad en el centro de negociaciones para avanzar en un gobierno de unidad postalibán. Responsables talibanes de Kandahar afirmaron a la cadena Al Jazeera que la milicia integrista sigue controlando esta ciudad y está decidida «a resistir hasta el final» para impedir la pérdida de este bastión talibán del sur de Afganistán que fue su centro político y militar en los cinco años que duró su régimen.

«Kandahar está totalmente bajo control y los talibanes patrullan la ciudad y sus alrededores», declaró el director del hospital central de Kandahar, Bajit al Rahmane Zakri, entrevistado por videoteléfono.

Por su parte, hubo intensos bombardeos sobre Kandahar y la localidad de Merwais Mena, al oeste, donde se registraron «importantes pérdidas en vidas humanas, heridos y destrozos», según voceros talibanes. Esas dos localidades y las afueras de Kunduz concentraron la totalidad de la ofensiva misilística de EE.UU.

Contradicciones

Rumores contradictorios surgieron durante el día en torno a la situación en Kandahar. Mientras la opositora Alianza del Norte indicaba que los talibanes habían sido expulsados por una rebelión de la población, la milicia integrista desmentía esas afirmaciones.

Un opositor a los talibanes, Hamid Karzai, describió la situación como caótica. Los combates entre los islamistas y los grupos tribales hostiles «causan estragos», indicó.

En tanto, cientos de antiguos mujaidines y exiliados afganos en Pakistán forzaron la entrada por la frontera de Torjam con decenas de colectivos, en un viaje al que habían invitado a los periodistas para participar en una asamblea en Jalalabad.

La caravana estaba organizada por
Haji Abdulqadir, hermano de Abdul Haq, el líder pastún que fue asesinado por los talibanes cuando intentaba organizar la rebelión interna contra el régimen talibán.

Abdulqadir y otros importantes jeques pastunes se reunieron en el Palacio del Gobernador de Jalalabad para buscar una especie de frente unido que pueda negociar con la Alianza del Norte el futuro del país.

La plaza de Jalalabad, patrullada por guerrilleros armados con kalashnikov y hasta lanzagranadas, acogió con efusión a los exiliados que volvían a su país por primera vez en muchos años. Los líderes pastunes reunidos en Jalalabad adelantaban que están dispuestos a negociar con la Alianza y hasta a acogerlos como amigos, pese a las tradicionales rivalidades étnicas (la Alianza representa a etnias turcas y persas, principalmente).

Por otra parte, Pakistán movilizó tropas y tanques hacia el sur de su frontera con Afganistán. Un tren repleto de soldados y tanques fue visto en dirección al poblado fronterizo de Chamán, mientras funcionarios paquistaníes dijeron que habían sellado la frontera con Afganistán en caso de que el militante islámico
Osama bin Laden trate de ingresar al país.

Ni siguiera se permite la entrada de camiones que transportan frutas afganas desde el cruce fronterizo de Chaman. Esta situación también se relaciona con la rivalidad que los miembros de la triunfante Alianza del Norte tuvieron con el gobierno de
Pervez Musharraf, que hasta el 11 de setiembre fue el principal aliado del régimen depuesto y no dejan de advertir por estos días que no quieren ninguna injerencia paquistaní.

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