Buenos Aires: continúa la tenaza de Duhalde sobre Kirchner
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Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.
• El otro resorte formal del que Duhalde saca máximo provecho en estas horas es el control institucional del PJ que ratificó en el último congreso de Lanús. Desde la tarde del martes, el peronismo bonaerense fue recorrido por una corriente acuerdista que se expresó en cada municipio y sección electoral. «La primera la tenemos arreglada», insistían, sobre todo, desde las alcaldías ligadas a Kirchner. ¿En qué consistían estos acuerdos? En listas que se fueron diseñando para ser inscriptas con el sello del PJ. Algunas se precipitaron a partir de los pronósticos de dos palomas de la paz, como Hugo Curto y José María Díaz Bancalari. Estos dos metalúrgicos tienen intereses muy directos en que se llegue a un pacto. El primero, intendente de Tres de Febrero, teme que la división del PJ termine fragmentando el Concejo Deliberante de su comuna, lo que supone a veces hasta la destitución del intendente. Todo un problema para Curto, a quien sus opositores complicaron en su momento en la Justicia penal. Lo de Díaz Bancalari es menos dramático. Pero un fisura definitiva en el oficialismo le haría perder el control del bloque del PJ de Diputados. Por eso ayer estos dos dirigentes duhaldistas fueron la gran usina sobre un entendimiento final.
• Denominación
Sin embargo, una vez que se diagramen las listas producidas en estas tejedurías del conurbano, ¿con qué denominación se inscribirán? Obviamente, «Partido Justicialista», como le adelantaron todos sus adherentes a Kirchner y Solá. Con ese argumento, el Presidente y el gobernador consiguieron la adhesión de 61 jefes comunales. Inclusive hasta les hicieron inicialar una solicitada, que jamás se publicó (unos dicen que fue por prudencia de Kirchner, otros que fue por reticencia de los alcaldes). Pero esas adhesiones estuvieron siempre condicionadas a que la presentación electoral final de la Casa Rosada se inscriba como PJ, para no desaprovechar el potencial de esa «marca» en la mayor parte de la provincia.
• Hasta anoche estos dos dispositivos de Duhalde representaban una tenaza para Kirchner. El Presidente debería inscribir a su esposa sin un acuerdo general del oficialismo y en listas del Frente para la Victoria en las que no figuran los candidatos a concejales o legisladores de los principales intendentes que adhirieron a su desembarco en la provincia. Además, quienes como Díaz Bancalari o Curto alientan acuerdos en la base, no aseguran que su jefe, en Lomas, esté dispuesto a hacer renunciar a su esposa Chiche a sus pretensiones. Este fue el motivo por el que ayer el Presidente se enardeció con ellos anulándolos como negociadores. Este cuadro obliga, tarde o temprano, a que la Casa Rosadabusque un acuerdo directamente con Duhalde.
• El ex presidente no parecía anoche, al menos por el testimonio de los que habían hablado con él, estar en una actitud mezquina. Eso sí: pretende que se cumpla una regla según la cual cuanto más estrecho sea su entendimiento con Kirchner más visible se vuelva la humillación de Solá. Esto quiere decir que para un pacto en la cúpula, que suponga la retirada explícita de Chiche, deberá haber un reparto muy generoso en favor del duhaldismo en las listas seccionales (75 por ciento). Por lo demás, a Duhalde le gusta jugar el rol de hombre generoso que hasta podría colaborar con el marketing siempre triunfalista de la Casa Rosada.
Cualquier negociación de este tipo obligará a una conversación entre los dos líderes, que hasta anoche no se había producido. Todo el trámite interno seguido hasta ahora y envuelto en una agresiva acción psicológica de ambos bandos desgastó a todos los interlocutores. Inclusive a Alberto Fernández, quien fue el principal acuerdista de la Casa Rosada y quien más avanzó en su diálogo con el ex presidente. El póquer, entonces, entra en su fase final que depende, más que nunca, de un llamado de Olivos a Lomas.




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