26 de febrero 2001 - 00:00

Buenos Aires: vuelve el sueño vecinal de ser el partido que desempate

Las elecciones legislativas de este año en Buenos Aires, que ofertarán el duelo Raúl Alfonsín-Eduardo Duhalde y serán clave para la ambición presidencial de Carlos Ruckauf, aportarán como condimento extra la competencia de un frente conformado por los vecinalistas de Buenos Aires.

Estos ostentan algunas virtudes: controlan ocho municipios y casi 200 concejales, cosecharon cerca un millón de votos en la última elección, gobiernan a 829 mil bonaerenses y administran, en conjunto, $ 223 millones de presupuesto.

Arrastran, sin embargo, un problema altamente crítico para su pretensión de unirse y conformar un partido provincial: son un mosaico ideológico que amontona conservadores, intransigentes, ex partidarios del Proceso Militar y peronistas renegados. Sueñan ya, sin embargo, con obviar ese detalle y, especulando con su atractivo frente de creciente electorado independiente, los vecinalistas bonaerenses planean competir fusionados este año.

Días atrás, en un hotel de La Plata, cinco de los intendentes analizaron la marcha de su pretencioso proyecto que apunta, primero, a pelear en Buenos Aires para luego desembarcar en provincias como Córdoba y Entre Ríos.

A la cita llegaron Julio Zanatelli, de Tandil; Blas Altieri, de Pinamar; Carlos Aprile, de Tres Arroyos; Ricardo Moccero, de Coronel Suárez; y Juan Erriest, de Lobos.

El eterno intendente de Tigre, Ricardo Ubieto -cumplió cuatro mandatos constitucionales y uno bajo el último gobierno militar-, y Alberto Groppi, de Esteban Echeverría, no estuvieron por desajustes de agenda.

El octavo,
Ricardo Bozzani, de Exaltación de la Cruz, faltó porque se debate entre continuar como funcionario de Ruckauf -está en la oficina de control de gestión- o sumarse al bloque vecinalista.

Compatibilización

Bozzani
encarna la cuestión más engorrosa de la «unión»: cómo compatibilizar la creación de un partido provincial con la cercanía que la mayoría de los intendentes tiene con el PJ.

De hecho, excepto
Erriest, en la última década todos ataron alianzas formales o informales con el justicialismo. Y varios, como el pinamarense Altieri, se proclaman, sin culpas ni velos, peronistas.

Alguno incluso se integró al PJ: el versátil
Zanatelli, por caso, que en el '87 compitió con el sello de Fuerza Republicana de Antonio Bussi y en el '99 con el cavallismo, obtuvo la segunda de sus tres reelecciones con boleta justicialista.

Al margen de sus vaivenes ideológicos, comparten una
notable eficacia electoral y de gestión: todos fueron reelectos al menos una vez, y sus municipios exhiben finanzas saludables.

Con estos antecedentes, esperan apilar 1,5 millón de votos en las legislativas de este año. Eso les permitiría
quedarse con 20 por ciento de la torta electoral y filtrar legisladores en el Parlamento bonaerense y en el Congreso nacional.

Si hubieran competido unidos en el '99, con los 950 mil votos obtenidos habrían logrado tres diputaciones nacionales y arrebatado a
Luis Patti, que logró 548 mil sufragios, su condición de tercera fuerza.

Para eso confían en la «performance» de los intendentes y la de las 41 agrupaciones vecinales que funcionan -hay otras tantas germinando-repartidas por la provincia.

Antes, deben completar los trámites que exige la Junta Electoral. Aunque firmaron el acta constitutiva del Frente de Agrupaciones Vecinales, todavía deben arrimar 8 mil afiliaciones a la Justicia.

«Juntar las adhesiones no es problema. Lo difícil es acordar entre todos cómo nos vamos a mover en términos políticos»
, confió Altieri que, diligente, notificó a Carlos Menem, Duhalde y Ruckauf sobre el plan vecinalista.

Con eso, el intendente de Pinamar hurgó en el conflicto medular de la integración. Aunque el grueso de las agrupaciones apoyó al PJ en la última elección, ahora un amplio grupo está reticente a repetir esa aventura.

«Si vamos aliados con otro partido, el frente vecinal deja de tener sentido»
, fundamentó Moccero, el jefe de Coronel Suárez que en el '95 tomó la posta de su padre, un histórico del Partido Intransigente.

En rigor, entre los vecinalistas conviven dos concepciones antagónicas: unos creen que tener diputados propios les permitirá hacer «lobby» para sus municipios sin ataduras partidarias; otros prefieren sumarse a un partido mayoritario y eligen al peronismo.

De arranque, el armado del frente sirve a los fines de ambos. A los primeros, para robustecerse en las secciones; a los segundos, para mejorar su atractivo ante una eventual negociación extrapartidaria.

- ¿La aparición del frente vecinal beneficiará al PJ o a la Alianza?
-le preguntó este diario a Altieri.

- Hasta ahora, siempre fuimos ayuda para el PJ. Y quizá lleguemos a aliarnos con el peronismo en la provincia- respondió.

No es un criterio compartido por Moccero, que anticipó que varias agrupaciones
«no quieren saber nada» de «involucrarse» con el justicialismo.

Por lo pronto,
Ruckauf consiente la movida vecinal. Ve una veta para su propio beneficio. Es gobernador por las alianzas gracias a que encabezó las listas de Acción por la República y la UCeDé (además del PJ derrotó a Graciela Fernández Meijide). «Todos los descontentos con la Alianza, que reniegan del peronismo y no tienen estómago para votar a Patti, apoyarán el frente vecinal. Nos viene perfecto», auguró un ruckaufista.

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