20 de marzo 2003 - 00:00

Bullrich frustró un raro sueño de Alfonsín

Ni una palabra cruzaron sobre la endiablada política porteña Patricia Bullrich y su víctima, Enrique Olivera, el martes por la noche. Ese día, la candidata a jefa de Gobierno se asoció con Ricardo López Murphy y dejó a Olivera en falsa escuadra, haciendo antesala en las oficinas de Recrear, incómodo y desinformado. Por la noche, ambos se encontraron alrededor de la mesa de la embajadora Elsa Kelly, en el departamento de Tucumán y Callao, junto a Pablo Garsonio, Daniel Castruccio y otros entusiastas de la diplomacia que despedían a la nueva representante en Viena.

Con la asociación entre López Murphy y Bullrich no se frustró solamente el proyecto personal de Olivera de unir su nombre al del economista.

También abortó una arquitectura más ambiciosa y, si se quiere, algo insólita, como tantas iniciativas nacidas de la afiebrada imaginación política de muchos dirigentes de estos días. El plan se discutía en varias mesas. Una, la de López Murphy, quien mantuvo varias reuniones con el vicejefe de Gobierno de Fernando de la Rúa. Otra sede de negociación fue la casa de Raúl Alfonsín, adonde Olivera concurrió en más de una oportunidad para hablar de sus proyectos. Bullrich también figuró en una etapa del programa y hasta Elisa Carrió recibió una invitación a sumar energías.

La pretensión de Olivera fue convertirse en candidato de un arco que incluyera todas estas variantes: desde el partido de López Murphy hasta la UCR oficial, pasando por una adhesión de Bullrich y otra de Carrió. En rigor, López Murphy miró con simpatía la asociación con Olivera. Jorge Enríquez, Francisco Mezzadri, José María Lladós, es decir, el círculo radical que lo asiste más de cerca, lo impulsaron en ese sentido.

Olivera se había encargado de tentar también a Alfonsín, quien a pesar de haber amenazado con la expulsión a todos los radicales que voten al candidato de Recrear, está dispuesto a hacer lo que sea con tal de impedir el ascenso de Cristian Caram a la Jefatura de Gobierno. Caram no ha dejado de ofenderlo: primero, por su asociación con Rodolfo Terragno, que para Alfonsín es Lucifer; después, emitiendo un folleto con críticas insoportables para el líder de Chascomús y también para De la Rúa. Alfonsín imaginaba el rostro de Olivera cuando, el jueves pasado, habló (en alusión a Caram) de « radicales que viven de la prebenda del Estado en la Ciudad de Buenos Aires».

El frustrado (al menos por ahora) candidato Olivera creyó por un instante lograr la cuadratura del círculo: él mantiene un túnel secreto con «Lilita» Carrió desde los tiempos en que ocupaba la presidencia del Banco Nación y supuso que también ella podría sumarse a la escuadra. Exceso de ambición el de Olivera: ¿cómo hacer coincidir a Alfonsín y López Murphy? ¿Qué afinidades podría haber entre Carrió y el economista?

• Desmoronamiento

No necesitó probar el ex alcalde. Manuel Solanet desmoronó su sueño antes de que se comenzara a realizar: en una reunión del «lopezmurphismo» bochó la idea de una alianza con Olivera porque « convertiría la candidatura de Ricardo en una candidatura radical». Solanet y los radicales son cada vez más incompatibles en las inmediaciones del candidato. Venció el primero, quien expresa habitualmente el pensamiento de la vieja guardia de FIEL que se plegó al proyecto político del economista, igual que el de Carlos Balter, Alejandro Paz o Pablo Walter.

Bullrich y Olivera no cruzaron palabra anoche. La candidata ni siquiera pudo enrostrarle al otro comensal que el pronóstico había sido acertado. Hace una semana y media rechazó la posibilidad de una entente como la que le ofrecía el radical y tomó el recaudo de advertir: «Las cosas se van a precipitar en pocos días; aprovechá a sumarte ahora». Ella también mantenía negociaciones con López Murphy, que por lo visto fueron más exitosas.

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