8 de enero 2001 - 00:00

Cafiero renuncia al cargo del que lo iban a echar

Antonio Cafiero anunció ayer que renunciará a su cargo como vicepresidente del Senado. Aunque tardíamente, el veterano legislador peronista, que agitó el escándalo por las coimas, justificó la decisión en la resolución del juez federal Carlos Liporaci sobre la causa.

El magistrado dictó hace 10 días la falta de mérito para 11 senadores involucrados, Augusto Alasino, Eduardo Bauzá, Alberto Tell, Angel Pardo, Remo Costanzo, Ramón Ortega, Ricardo Branda y Emilio Cantarero (PJ), y los radicales Raúl Galván, Alcides López y Javier Meneghini.

Según explicó Cafiero, presentará formalmente su renuncia al comienzo de las sesiones ordinarias, en marzo próximo. En tren de ganar centimetraje, señaló que intentó dimitir « hace tres o cuatro meses» pero no lo hizo -de acuerdo con sus propias palabras-porque el titular del bloque justicialista, José Luis Gioja, le pidió «encarecidamente» que no lo hiciera. Parece que se trata de una versión de los hechos que sólo él conoce.

Aunque a Cafiero no puede pedírsele precisión en los relatos. Eso es lo que pretende descubrir Liporaci, quien lo citó a un careo con el radical Horacio Usandizaga y el frepasista Pedro Del Piero, una vez que termine la feria judicial.

Colaboración

Usandizaga dijo en repetidas oportunidades que Cafiero le había dicho que sabía de cinco senadores peronistas que habrían cobrado sobornos. El ex gobernador de Buenos Aires se hizo el desentendido sobre el particular. El santafesino presume que, en Tribunales, podrá forzar a Cafiero a recuperar la memoria. Algo que no pudo lograr en el recinto y en otras charlas a solas.

También está la sospecha de que el cacique de San Isidro fue quien habría colaborado en la distribución del famoso anónimo con la supuesta trama secreta de los sobornos que, en un comienzo de la investigación, tuvo carga probatoria para el magistrado y los fiscales, una circunstancia poco común según la jurisprudencia argentina.

Curiosamente, el bonaerense declaró que renunciará en marzo, cuando la Cámara tiene previsto renovar autoridades y la mayoría del peronismo ya dejó trascender que iba a decapitarlo. La bancada PJ, salvo escasas excepciones, había enviado mensajes a los amigos de
Cafiero - Carlos Corach y el disidente Héctor Maya-para que supieran que, apenas tuvieran que consagrar la nueva cúpula del cuerpo, lo reemplazarían ipso facto de la vicepresidencia.

Por lo tanto, la actitud de
Cafiero pretende anticiparse a los acontecimientos y simular que se va, cuando en realidad están a punto de echarlo. De hecho, muchas sesiones que eran presididas por él, en ausencia del radical Mario Losada, solían colapsar por la emigración.

Candidato

El mendocino Carlos De la Rosa, tras la declinación de Eduardo Menem a ocupar cargos, aparece como un firme candidato al puesto que abandonará Cafiero. En algún momento, se mencionó como aspirante al jujeño Fernanda Cabana, uno de los veteranos del bloque, pero poco carismático para un puesto de coordinación de las sesiones.

Acerca de la causa judicial,
Cafiero evaluó como «contradictorio y sorpresivo» que Liporaci haya dicho al comienzo de la instrucción que existían «indicios graves y concordantes» de que hubo sobornos a senadores. « No se explica bien cómo tres meses después, esa conclusión se desvanece para dar lugar a esta decisión», consideró en declaraciones a radio «La Red».

Cafiero
manifestó su convencimiento de que «los elementos reunidos en el sumario, para una mirada más penetrante y profunda de la situación», son « suficientemente convincentes como para procesar al menos a algunos de los senadores que están mencionados». « Es una lástima, porque creo que (la causa) era un buen punto de partida para hacer de la crisis una oportunidad para mejorar las cosas», consideró respecto del dicta-do judicial de la falta de mérito.

Reclamo

Desde que realizó sus primeras denuncias, que involucraban a algunos de sus colegas en el Senado en el presunto cobro de coimas para la aprobación de la reforma laboral, Cafiero dijo haber notado en muchos de ellos una «sensación corporativa de defensa del cuerpo».

«
Por tal motivo -agregó-muchos compañeros que tal vez en su fuero íntimo estarían dispuestos a aceptar algunas de las afirmaciones, después, cuando la tienen que hacer pública, callan o no toman partido en el asunto».

«
Hay que renovar la política y desterrar ciertos métodos que nos hacen absolutamente increíbles en la sociedad», reclamó el legislador, devenido en adalid de la anticorrupción.

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