Candidatos
La Argentina tiene un sistema electoral carísimo, de muy dudosa eficacia, y corre el riesgo de anotarse con un récord casi surrealista: es un juego en el que el reglamento se va redactando a medida que avanza el partido. El viernes, y para beneficiar a sus aliados en La Rioja, el gobierno dictó un decreto que autoriza a partidos con personería en trámite a anotar candidatos fuera de un cronograma que aprobó hace apenas un mes. El justificativo es que las nuevas formaciones deben tener los mismos derechos que los viejos partidos y que hay 546 pedidos de legalización de agrupaciones esperando aprobación.
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Por ese decreto se autoriza a los partidos que no tienen reconocimiento legal a competir en las elección anotando sus candidatos fuera del plazo que impuso una anterior norma, el Decreto 451/05 que estableció el cronograma electoral.
¿Quién puede sufrir hoy ese trato «dispar» que denuncia el decreto? Antes que nadie, dos formaciones de La Rioja identificadas con el oficialismo de la Casa Rosada. Una es la agrupación Primero La Rioja, que alienta el gobernador Angel Maza; otra es un Partido por la Victoria, marca registrada del Presidente en todo el país. Según el macismo provincial, el juez federal Rubén Blanco -un magistrado subrogante que ha sido acusado de responder al senador Jorge Yoma, peronista disidente que busca la reelección-, les demora a las dos agrupaciones el reconocimiento legal con el propósito de dejarlos fuera de competencia. Según el cronograma vigente, el próximo 7 de junio deben estar constituidas las autoridades electorales para las elecciones internas que tendrían lugar el 7 de agosto (el 7 de julio vence la inscripción de candidatos). Con este decreto el macismo y todos los partidos en trámite del país podrán anotar candidatos en lista única después del 8 de junio próximo.
• Reproducción
Con ese armado electoral, que reproduce en pequeño las decisiones de los congresos del PJ de 2002 que autorizaron la concurrencia a las urnas de tres fórmulas presidenciales, la situación del senador Yoma para retener su silla en la Cámara alta se volvió más que difícil.
Cualquier pronóstico hoy prevé que las tres bancas en disputa se las van a repartir Menem y Maza, desplazando a Yoma. Que el juez Blanco le retuviese los documentos al nuevo partido pareció un freno a ese escenario electoral que podría beneficiarlo a Yoma y también a Menem. Que salga ahora este decreto limitando la lapicera del juez es una mano del gobierno nacional que los riojanos están festejando desde el viernes. «No hay motivos para que se siga frenando la inscripción de los nuevos frentes, salvo porque Menem y Yoma tienen un acuerdo», dijo el propio Maza a este diario el jueves, pocas horas antes de que se conociese la norma.
Más allá de este beneficio a un sector en particular, el decreto es el ejemplo de cómo en la Argentina no existen normas claras tampoco en lo electoral. Ya en 2002 se dio la enormidad de que en un país de voto obligatorio los partidos no cumplieron con una misión básica que es seleccionarle a la población los mejores candidatos.
• Cuentapropismo
Esa maniobra duhaldista que logró con éxito arrinconarlo a Menem certificó el cuentapropismo del sistema electoral argentino: hoy es el único país del mundo en el cual un ciudadano que quiere ser candidato a algo cuenta con un menú de facilidades para competir sin tener partido y sin someterse a ningún tipo de compulsa previa. Ese extremo de anarquismo de normas que sería propio de un mundo de democracia ideal -o sea irrealizable- ocurre en un país cuya última reforma constitucional impuso el voto obligatorio -hasta entonces una materia apenas de la ley electoral- y la obligatoriedad de la militancia a través de partidos políticos pagados por el Estado. Bastó esa reforma para que todo el sistema estallara: la representación política se hace hoy en el país a través de más de 500 partidos políticos nacionales autorizados (ahora sabemos que esperan otros que la Justicia les extienda la misma licencia). No extraña por eso que terminen ganando los cargos electivos quienes han perdido en las urnas. ¿No sería más eficaz avanzar hacia una utopía ateniense y asignar los cargos por sorteo?




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