En medio de una crisis interna sin resolución, el Frepaso decidirá hoy si se tratará a la tarde en el recinto de la Legislatura porteña el polémico artículo de una ley de juego para la Ciudad, que permitiría instalar casinos en el distrito. Si se termina quitando ese punto de la norma, la dupla Chacho Alvarez-Darío Alessandro habrá logrado voltearle a su correligionario Aníbal Ibarra la posibilidad de contar con el dinero de la explotación del juego en la Capital Federal. La cúpula del Frepaso que manejan Alvarez y Alessandro, despegó así -con sus consejos en contra de los casinos-de las necesidades de gestión que dice reclamar Ibarra como jefe de Gobierno, imponiéndole una sanción desde la ética y la ideología que administran desde el llano (Chacho) o la banca de diputado (Alessandro).
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Los legisladores porteños no lograban anoche en la reunión de Labor Parlamentaria unificar posiciones para tratar hoy la polémica ley de juego que mantiene enfrentados a frepasista y radicales y que también ahora dividió a la oposición que en la ciudad representa el bloque Encuentro (cavallistas, belicistas y peronistas).
Los frepasistas, ante la disputa lúdica de propios y ajenos, dejaron para hoy a la mañana una última reunión de bloque para evaluar si llegan con los votos por la tarde al recinto para arprobar la ley o bien si se quita el artículo de la divergencia. Ibarra necesita que la norma se apruebe porque es la que regulará los juegos de azar y le permitirá a la Capital recaudar de las apuestas para acciones sociales lo que ahora hace la Lotería Nacional para el ministerio de Graciela Fernández Meijide. Sin embargo, primero recibió el rechazo de sus socios políticos de la UCR, que quieren prohibir la instalación de casinos, y luego de los socialistas de su propia tropa. Detrás salieron los diputados nacionales de la Alianza con una carta a sus pares porteños pidiendo que no voten el artículo de la ley que prevé un permiso para instalar salas de juego y finalmente Gustavo Béliz terminó ayer instruyendo a los legisladores de su bancada también en contra de la norma, a pesar de que el despacho del proyecto se había realizado en la comisión que preside el belicista Enrique Rodríguez y habían decidido acompañarlo.
La Ciudad tiene una mora de tres años en la sanción de una ley que regule los juegos de azar, tal como impone la Constitución local, pero además Ibarra firmó un convenio con Lotería Nacional para que la entidad comience a reintegrarle un porcentaje del producido del juego -en más de 3.000 agencias, bingos y el casino-, pero el contrato deber ser homologado por la Legislatura, que exigió primero regular la actividad. El artículo 9 de la pelea dice: «La habilitación de cada sala de juego conocida como casino deber ser autorizada por la Legislatura, con el voto de dos tercios del total de sus miembros y bajo procedimiento de doble lectura».
Imputación
Después del reto de Béliz, sus diputados, aseguraron que «la idea es que si quieren poner un casino deben contar con nuestros votos, porque la Alianza no tiene mayoría en la Legislatura, y en ese caso nosotros nos oponemos», dijeron tanto como para no contradecir a su líder, que hasta abrió causa judicial contra la sala de juego flotante. Ese bloque quedó también enfrentado con el cavallismo y peronistas a favor de la ley y el belicismo entre la ley (que ellos mismos alentaron) y las órdenes de su jefe.
Lo que imputan a Ibarra desde distintos lados es que en su momento se manifestó en contra del amarre del casino flotante, que habilitó Carlos Menem en la ribera porteña, y en esa compulsa de principios en la que ruedan los legisladores, el propio Frepaso, encarnado en el chachismo, que ejerce Alessandro, vetó al jefe de Gobierno porteño la posibilidad de acrecentar su presupuesto aunque sea para caridad social Alessandro firmó antes que nadie la carta de queja de los diputados nacionales de la Alianza para con los porteños. El ibarrista Ariel Schifrin retrucó desde la Legislatura de la Capital, con que la ley se votará igual hoy, en abierta confrontación , pero no podía reunir ayer los 31 votos que necesita, tal como prometió a Ibarra, para sacar la norma. Vilma Ibarra (legisladora y hermana del jefe de Gobierno) explicó el tema de otra manera. La frentista dijo: «Yo creo que el Estado no debe fomentar el juego y hay que evitar su expansión, pero no es cierto que se puede prohibir para siempre porque así como hoy se prohíbe después con 31 votos se permite. El dictamen plantea la regulación y hoy estamos en el peor escenario: el casino está y la Ciudad no lo puede controlar, en cambio con la ley, cuando termina la concesión se decide con un proceso de doble lectura, mayoría especial y audiencia pública para que opinen los vecinos».
Desde Nueva Dirigencia -el partido de Béliz-el legislador Lucio Ponsa Gandulfo atribuyó la demora «al grado de incoherencia que está imperando en la Alianza; ahora resulta que el radicalismo nada en agua bendita y si no quieren el casino los radicales, ¿por qué De la Rúa no lo cierra?». Los belicistas quedaron presos de la confusión. Saben que su jefe se opone de lleno a casinos, bingos y tragamonedas, pero querían votar la ley para tener un marco regulatorio de la actividad, aunque Béliz avanzó con que quiere la clara prohibición. En medio de la pelea interna de la Alianza, y de los encuentristas que fueron ocasionales aliados del ibarrismo en la cruzada por las apuestas, los socialistas se aferraron a los radicales: «Ahora desde el gobierno no podemos ir de contramano a nuestras propuestas de campaña», recriminó Raúl Puy, vicepresidente del bloque Frepaso. Para el izquierdista Altamira, del monobloque Partido Obrero, «Ibarra pasó de fiscal a croupier y quiere hacer de Buenos Aires un ámbito de especulación financiera e inmobiliaria». Lo cierto es que esta semana en varios despachos de la Legislatura porteña se recibió la misma orden de diputados a sus empleados: «No se les ocurra ir en estos días a ningún casino ni bingo», y así se suspendieron varias excursiones a Tigre y weekend de asiduos visitantes a Mar del Plata, hasta tanto se congele la acalorada discusión legislativa sobre la moral y los principios que se tiran a la ruleta (no en la Capital, claro).
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