19 de enero 2005 - 00:00

Caracas y París, recreos de la pulseada peronista

Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Felipe Solá
Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Felipe Solá
El sueño de Juan Domingo Perón de un peronismo internacional abandonó ayer, con poca elegancia, el universo onírico. Con sus modismos y sus mañanas, la pulseada del PJ se mudó a Caracas y a París, dos ciudades alejadas del hábitat natural de esa disputa: el conurbano.

Al borde del abismo, luego de una peligrosa secuencia de forcejeos y escaramuzas, Eduardo Duhalde y Felipe Solá comenzaron ayer la costura de una tregua para descomprimir la pulseada que desde hace días desangra al peronismo de Buenos Aires.

Cada uno, a su turno, dibujó la acuarela que lo favorece. Desde Venezuela, adonde viajó junto con su esposa Chiche, el ex presidente se apartó de los arrebatos de sus soldados y pretendió convertirse en juez de un riña que lo tiene como parte.

Llamó al gobernador y a los diputados al restablecer el «diálogo» y se declaró « enojado» por la conducta de ambos. «Avergüenzan al peronismo», dijo. Y agregó: «Yo no participo sino que, por el contrario, me enoja esta situación».

Solá, a su vez, antes de subir al avión que lo llevaba a París con Néstor Kirchner, les ordenó a sus escuderos que guarden silencio y dio por «terminado» el cruce en torno al veto de la Ley de Presupuesto provincial que dispuso el lunes al mediodía.

Pero trazó una raya en el suelo: aceptará pactar una convivencia con el duhaldismo -con Duhalde, se entiende en la medida en que no implique capitular. Es decir: regará la paz sólo si el ex presidente lo reconoce como patrón de un fragmento del peronismo.

•Posible negociación

Por lo pronto, los dos estarán lejos de las trincheras durante unos días. Durante el fin de semana volverán al país y no se descarta que se abra una negociación directa entre ambos. Pero las diferencias son, más allá del espíritu conciliador explicitado, muy gruesas.

A Duhalde se le desintegró su plan primario. Había imaginado que, como en los agitados días de la Liga Federal y LIPEBO, los clanes se desangrarían a sus pies en duelos interminables mientras él, como un Salomón, intervendría en el momento indicado para mediar y disponer armisticios.

Apenas el felipismo mostró las uñas, Duhalde lo interpretó-así. Que «ese muchacho»,
Felipe Solá, comandaría una línea interna dentro del PJ bonaerense, con la que enfrentaría a sus históricos amigos y compinches de Lomas de Zamora, pero respetando su investidura como jefe del peronismo.

Todo, o casi todo, salió mal. Solá lo desafío, se relevó contra sus mandatos y embistió a sus delegados. Al final, queriendo o no, Duhalde terminó como antagonista del gobernador, un lugar que lo incomoda cuando intenta cimentar su imagen de estadista sudamericano.

•Porotos

El ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, quien lo acompaña por estas horas en Venezuela, prestó el oído a los lamentos y enojos del ex presidente, para quien, si quiere instalarse como promotor de la Unión de las Naciones del Sur y reconstruir el sueño de Simón Bolívar, no puede al mismo tiempo andar «poroteando-» en la interna del PJ bonaerense.

Es una dualidad que Duhalde no puede domar: se enojó por igual con Solá y con los diputados duhaldistas por la virulencia de la puja (como enfureció con lo inoportuno del aumento del presupuesto de la Cámara baja provincial), pero, paralelamente, no está dispuesto a ceder en la cinchada política contra Solá.

De hecho, quienes lo escucharon en las últimas horas, jamás recibieron indicación alguna que permita presumir que se enfría el armado de la Agrupación Lealtad.

Tampoco, en esos cabildeos, se habló de desactivar el acto que con 10 mil punteros el duhaldismo planea para mediados de febrero en La Plata. Es decir:
para Duhalde, la tregua es temporal.

Por su lado, Solá computó como una victoria que Duhalde haya salido, aun cuestionándolo, a tomar distancia del forcejeo bonaerense. Presume que ganó la pulseada pública.

Las encuestas que lee le dan la razón:
batallar contra el ex presidente sube sus acciones y desmorona las de su contrincante.

Esa es una distorsión para que se asfalte una tregua duradera. Duhalde pretende arrastrar a Solá a una negociación privada, silenciosa; el gobernador, en cambio, entendió que el ring que lo favorece es el público.

•Imagen

«Duhalde quiere más Café Tortoni, nosotros queremos Plaza de Mayo», graficó ayer un felipista. En la jerga conurbana, el Tortoni --que está abajo de la sede del Consejo del PJ bonaerense-es la «rosca». Plaza de Mayo sería, entonces, la antítesis: una tribuna pública a la vista de todos.

Hay otra imagen que al felipismo iconográfico le gusta representar. Llevar las
« cacerolas» y «el que se vayan todos» a la interna peronista. Sabe Solá que ésa es la única forma de salir airoso de una competencia con el duhaldismo, dueño absoluto de la logística electoral del partido. Tampoco, más allá del silencio que pidió a los suyos, el gobernador decidió apagar los aprestos para confrontar con Duhalde. De hecho, desde la gobernación comenzaron a discar los números de intendentes y legisladores testeando el ánimo para participar de un acto felipista en la costa atlántica, a fines de febrero.

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