Caravana de la voluntad
Convencido de que el voluntarismo todo lo puede, Néstor Kirchner se lanzará el 19 de mayo a una aventura azarosa. Ha decidido protagonizar una caravana en la Capital Federal, alzándole la mano a su candidato porteño, Daniel Filmus. Típico de otras épocas, las caravanas no sirvieron para el oficialismo en la última elección del distrito con Rafael Bielsa. Ese antecedente no arredra al mandatario, menos la seguridad de que el electorado local está harto de cuanta manifestación entorpezca el tránsito. Tal vez Kirchner logre lo imposible: que la gente lo culpe de un problema que no alcanza a resolver Jorge Telerman. Aun así, con tantas observaciones en contra, es meritorio el esfuerzo del Presidente por imponer a su postulante, gesto de última hora para ver si lo puede ubicar en una segunda vuelta, algo que no imaginan ni los encuestadores propios.
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El presidente Néstor Kirchner, junto al vicepresidente Daniel Scioli y Aníbal Fernández,
realizó una firma de convenios de obras con la Municipalidad de Necochea, en la Casa de
Gobierno.
«Con la presencia del Presidente ya no podrán decir que Filmus es el candidato de Alberto Fernández: Filmus es el candidato de Kirchner en la Capital», explicaban, anoche, desde el Frente para la Victoria porteño que controla, se sabe, el jefe de Gabinete.
El desembarco protagónico y ruidoso de Kirchner en una elección que podría regalarle la pésima noticia de que su candidato se ubique tercero y quede excluido del ballottage queda atado a otro factor sensible: la seguridad del Presidente durante el proyectado raid de campaña.
El equipo de campaña de Filmus se topó con los alertas de la custodia presidencial, que mira de reojo y con precaución extra la posibilidad de exponer a Kirchner durante una caravana, montado sobre un vehículo que circule entre edificios desde donde podrían agredirlo.
No es descolgada la prevención de los responsables de la seguridad presidencial. ¿Acaso Kirchner no gritó desde un palco, la semana pasada, «vendrán por mí»? ¿No hubo, además, según el prisma de Aníbal Fernández, un atentado contra el Presidente en Río Gallegos?
Pura superstición: el propio Kirchner se mostró despreocupado sobre los riesgos que podría acarrearle una caravana por Capital.
Con esa semicerteza, el kirchnerismo comenzó a confeccionar un recorrido por el sur porteño que comenzaría en Villa Lugano y terminaría en San Telmo. La fecha prevista es el sábado 19. Unos días después habría otra que atravesaría Caballito y Flores.
La escala final, antes de la primera vuelta del 3 de junio, sería un acto en la cancha de Ferro que funcionaría como cierre de campaña con Kirchner sobre el escenario junto a Filmus, Ginés González García y el candidato porteño que no fue: Daniel Scioli.
Ese megashow tiene, siempre según la óptica de la seguridad -que parece ser la nueva obsesión de la Casa Rosada-, sus ventajas porque Kirchner podría llegar e irse en helicóptero y disponer de un « salvoconducto» que reduzca al mínimo los riesgos de una agresión.
El dato no es menor: entre marzo y abril, el patagónico desistió de participar de dos actos institucionales -la Fiesta de la Vendimia en Mendoza y el homenaje por los 25 años del desembarco en Malvinas en Tierra del Fuego-por temor a incidentes.
Un dilema para el Presidente: ¿con la prioridad de evitar un entrevero indeseado, Kirchner esquivará la campaña porteña a pesar de que eso signifique clausurar la posibilidad de un repunte salvador de Filmus? La respuesta es demasiado simple.




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