4 de abril 2003 - 00:00

Carrió copó Corrientes y Arcagni la Recoleta

Carrió copó Corrientes y Arcagni la Recoleta
La campaña presidencial se convierte en un constante juego de espejos. Anoche, la multimediática Elisa Carrió presentó su programa cultural de gobierno en un santuario de la progrecía porteña de la Capital Federal, sobre la avenida Corrientes, a metros de Callao.

A la misma hora, con otro paisaje y otras vistas -era el Roof Garden del Alvear Palace Hotel-, se lanzó un candidato sin antecedentes, por lo menos, partidarios, José Carlos Arcagni.

La jefa espiritual del ARI demoró casi 60 minutos en comenzar el acto en el Foro Gandhi. Muy profesional, llegó a la hora de los informativos en la TV. Así, justificada por la falta de fondos para publicidad paga, se aseguró cobertura en vivo y en directo, más el diálogo de rigor con uno de sus biógrafos, conductor del noticiero central de «América TV». Para calentar el ambiente, había calificado de «puntero de Lomas de Zamora» a Eduardo Duhalde, en declaraciones a agencias de noticias, con lo cual se aseguró un plus de segundaje en pantalla.

«Ya voy...»
, repitió varias veces para tranquilizar a los 250 militantes que, acalorados, esperaban su discurso, entre ellos, el ex funcionario Aníbal Jozami. «Vamos, chicos», trataba de apurar a los cronistas como si fuera jefa de informativo. Todos sabían que lo más interesante era lo que dijera delante de los micrófonos y no sobre el escenario, donde la esperaban el legislador metropolitano Luis García Conde -organizador del eventoel embajador Miguel Espeche Gil y la historiadora radical Hebe Clementi, entre otros.

García Conde ya había adelantado a este diario que, en caso de ganar las elecciones, el ARI «promoverá la formación de un ministerio de cultura, educación y comunicación social». La idea, quizá, recuerde a los ministerios de información que existieron en los países del Este hasta los '90 y que hoy subsisten en países como Siria e Irak.

Sin el crucifijo que solía lucir en todas las apariciones públicas, Lilita optó por portar un pequeño rosario multicolor en la mano izquierda. Junto al rosario, apretujaba la candidata un paquete de cigarrillos box y un encendedor rojo descartable. Todo un simbolismo de que la religión no existe sin el vicio y el pecado.

En el Alvear, no había móviles de televisión o radio. Tampoco jóvenes y veteranos con camperas de jean o abrigos de pana marrón como los del arismo. Mucho menos, el alboroto de cámaras y grabadores en puja por tomar la declaración más escandalosa del postulante presidencial. No se olía humo de cigarrillo, más bien las perfumadas fragancias de los plateístas y el ambiente estaba ligeramente refrigerado para evitar incomodidades.

El piso no era de madera rústica; había una gigantesca alfombra con arabescos y, encima, sillas prolijamente acomodadas para escuchar y ver -en 2 pantallas gigantes-al profesor Arcagni. El candidato no dudó en apelar al clásico power point a la hora de la clase magistral sobre su futura gestión gubernamental.

Se podría decir que, de los casi 500 asistentes que convocó el candidato de Tiempo de Cambios, 70 por ciento eran varones. Y que, de esa cifra, el ambo azul superaba ampliamente los grises en cuanto a indumentaria. Al fondo del salón, un acicalado
Arcagni exponía serio, sin pausa, pero con solvencia y muy buena dicción. Como en una disertación académica.

En medio de un silencio casi místico, las únicas interrupciones eran tibios aplausos, por ejemplo, cuando anunció una
«reducción del IVA de 21 a 10%». Nada que ver con los gritos de «vamos, Lilita» que homenajeaban a Carrió en el predio donde suelen armarse shows de tango moderno o teatro under. Quizá disuadió a los fans de Arcagni el espectacular dispositivo de seguridad: hombres de negro conectados con micrófonos de solapa y discretos auriculares que no invitaban, precisamente, a las exaltaciones. De no haber sido porque todos hablaban en español, uno hubiera jurado que estaba en un coloquio sobre relaciones internacionales en Washington. En el Foro Gandhi, parecía primar la nostalgia por los '70, sin rastros del vice conservador, Gustavo Gutiérrez, excepto por un cartel que lo promocionaba junto a la «presidenta» Carrió.

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