Como si fuera una sola flecha, todas coincidieron en el mismo blanco: ¿quién está detrás de Elisa Carrió en sus denuncias contra el candidato a procurador elegido por el gobierno, Esteban Righi? Respuesta común: el autor intelectual de la movida protagonizada por la jerarca del ARI es Leopoldo Schifrin, camarista en La Plata, habitual proveedor informativo de Horacio Verbitsky y numen de algunos juicios por la verdad. No casualmente, además, rival de Righi como aspirante a la Procuración, según la intencionalidad de algunos asesores del Presidente. Por lo tanto, la Carrió apareció en este conflicto -sobre temas de derechos humanos que ella ignora y de tiempos que tal vez no la rescatan con brillantez, cuando actuaba en el Chaco- casi como instrumento de Schifrin, hombre de manifiesta ambición política.
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Triste rol el de la Carrió, si es cierto y más triste aún el de Schifrin, justamente el motor del juicio a Mercedes-Benz por desaparecidos en tiempos militares, causa en la cual pretenden complicar a Righi. El caso de la automotriz alemana, que hizo comparecer a Carlos Ruckauf, también al sindicalista José Rodríguez, logró importante difusión periodística y hasta se convertirá en un libro próximamente, más por la publicidad contraria a una compañía importante en el orden internacional que por las investigaciones realizadas por Schifrin. Aun así, parece una obviedad que la fama obtenida por este magistrado con este caso ahora se convierta en un mecanismo para eliminar adversarios políticos gracias a la Carrió.
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