Hay dos términosespecialmente desdichados en la fatigada historia argentina: éxito y fracaso.
La suma da cero, porquela vida de los pueblos no es lúdica.
Lento en la niebla de lasislas desérticas, un soldado se encuentra con otro; se miran y no saben sideben o no matarse. Algo -tal vez alguien-les salva la vida.
Más de quince añosdespués se encuentran de nuevo en la Catedral de Saint Paul y algo -tal vezalguien-los reconcilia para siempre.
Por eso la síntesis másdigna de la derrota y la victoria es una reconciliación madura.
A fuerza de triunfos quecostaron sangre, desaparecieron pueblos enteros.
Como decía Pirro: «Otravictoria como ésta y estoy perdido».
Me place recordar junto alos habitantes de las Islas Malvinas mi viaje a Gran Bretaña inscripto en lahistoria de un esfuerzo por la reconciliación: otra vez hemos hablado de paz-nunca es suficiente-, hemos dicho en todas las instituciones británicas a lasque fuimos invitados que es preciso dialogar sobre Malvinas, y logramos unhecho imposible de atenuar: que el gobierno británico hiciera una menciónexpresa a las sucesivas recomendaciones de la ONU para discutir la soberaníamalvinense.
Honrar
El diario londinense«Evening Standard» me sorprendió con su primera pá-gina: «Porque es hora dehablar sobre Malvinas».
Max Hastings,corresponsal en Malvinas durante la guerra, escribía: «Deberíamos madurar yhablar con Menem sobre la soberanía de las islas pronto».
También debemos honrarjuntos la memoria de los muertos argentinos y británicos en la guerra.
En este punto no puedehaber privilegios nacionales: muchachos inocentes murieron por le ebriedad degobiernos que jugaron a ganar y perder.
Por eso recé junto a mihija y con la piel erizada ante los restos de doscientos cincuenta y cincobritánicos muertos.
Sus madres, sus padres,sus hermanos merecen el respeto argentino, el mismo que exigimos para nosotros.La relación lograda por mi gobierno con el Reino es muy sólida: dialogamos conlos reyes, el premier, parlamentarios y empresarios; firmamos acuerdos sobrecomercio, inversiones, deportes, transportes, educación, actividades espacialesy académicas. Laboristas y conservadores nos recibieron para tratar cuestionesque son de interés especial para las naciones.
Acordamos con laoposición -hoy en el gobiernoque las relaciones con el Reino Unido constituyencuestión de Estado.
Con los británicoshablamos de reconciliación y paz; es el mismo mensaje que quiere dejar a losisleños, tan próximos a nuestra tierra, vecinos de nuestras costas y también denuestros deseos de armonización de intereses.
Desde 1989 hereconstruido las relaciones inter-nacionales argentinas. No pudo hacerse antesporque la Argentina de la década del '80 no existía en el mundo.
Yo sé cuánto puedehacerse y con qué esfuerzos. Más cerca que antes está el día en que isleños yargentinos hablemos con franqueza de nuestro destino común.




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