20 de febrero 2003 - 00:00

Cede Duhalde a Kirchner y se mortifica su gente

Tiene más determinación y ambición que el anterior delfín. Quizá por esa razón tropieza, cada vez más aceleradamente, con el entorno duhaldista. Por no hablar del resto del peronismo, irritado con el matrimonio desde hace tiempo. A pesar de ese clima desfavorable, igual el Presidente mantiene su inversión en Néstor Kirchner candidato como si fuera la última bala que le queda. En rigor, es así: lo único que no se puede detener es el tiempo. Pero lo notable de este cuadro es la velocidad con la que se desarrolla el conflicto por la designación y, nadie podía imaginar que, en tan pocos días, la reticencia inicial del entorno oficialista se convertiría en rechazo, el que no se disimula ni en la Casa Rosada (hay gente enferma ya por esta crisis). Una muestra: casi han desaparecido los expectantes que estaban dispuestos a acompañarlo en segundo lugar de la fórmula -cuestión que despertaba interés al inicio-y esa misma deserción desata espíritus contrarios. De hecho, a las «prime donne» del inicio ahora les suceden las partiquinas de segunda línea.

Las críticas a Kirchner -donde no es menor la fobia con su esposa, de larga y controvertida relación en el PJ-pasan por el egoísmo del postulante, sus posiciones personalistas y, fundamentalmente, un posicionamiento político más relacionado con la ex Alianza y el propio Frepaso, y no con la tradición bonaerense del duhaldismo, casi conservador (desde ese sector, obviamente, nadie protesta por el autoritarismo sureño, tan parecido al bonaerense).

Este casamiento forzoso, antinatural casi, inventado por el Presidente, se ha agudizado en las últimas horas y amenaza extenderse. Más cuando se observa el fenómeno de licuación de poder que siempre acompaña a las administraciones en la etapa previa a la partida. Veamos los chispazos:

• Kirchner, apenas despuntó al sueño presidencial, se enfrentó por razones de cartel y otras figuraciones a Felipe Solá, hombre políticamente afín al santacruceño. Curiosa colisión, ya que el gobernador bonaerense fue uno de los primeros en adherir a la candidatura de Kirchner -una forma de conquistar avales de la presidencia para sí mismo-; para el duhalismo, si bien Solá no es un santo de propia devoción, la actitud del sureño sirvió como una advertencia. «Si así castiga a un amigo, no imaginemos lo que les hará a los que no quiere», razonan los bonaerenses más prevenidos.

• Parecía un romance la relación de Kirchner con Aníbal Fernández, a cargo del Ministerio de Producción. Inclusive, hasta se habló de la eventual posibilidad de que el funcionario acompañara como dos, por la provincia de Buenos Aires, al santacruceño. Aparte del dislate de «renacionalizar» los ferrocarriles, Kirchner planteó horrores sobre el monto de los subsidios aportados por el gobierno a las empresas -tema en el que luego insistió a pesar de la aclaración oficial-y deslizó suspicacias sobre la administración privada, en más de un caso cercana al corazón del duhaldismo. Fernández se sintió molesto y se alejó del candidato. Eso generó también un barullo en la Rosada con el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof; debió intervenir Duhalde, y todos dan por seguro que en pocos días renuncia el secretario del área, Guillermo Del Punta.

• Otro afectado ha sido el propio Roberto Lavagna, a quien tanto Kirchner como Duhalde trataron de seducir para que integrara el binomio. Cuando podía morder la manzana, Lavagna empezó a desistir porque observó falta de solidaridad bonaerense a Kirchner.

Simultáneamente, al ministro le pareció escandaloso que el santacruceño insistiera en el error del monto del subsidio a los trenes, quizás hasta sospechó intencionalidad al margen de su molestia por la ignorancia manifestada.

• Distanciamiento

• También quedó al margen de cualquier pretensión de acompañamiento Juan José Alvarez, el ministro de Justicia y Seguridad. No hubo reyerta con «Lupín», sí distanciamiento. Alvarez, uno de los primeros a tentar con la oferta, se apartó con presteza, sea porque no le ve futuro a la candidatura o porque las diferencias personales serían infranqueables.

• Si a Kirchner le falta respaldo en buena parte del elenco oficial, más enfriamiento se advirtió cuando repentinamente se lanzó contra el ministro del Interior, Jorge Matzkin; y el titular de la SIDE, Miguel Angel Toma. La confrontación con estos dos personajes implica enfrentarse con más gente del justicialismo (que incluye la herencia del manzanismo), enredarse en un litigio de proporciones. Ya venía duro el candidato con los espías -estimaba que padecía escuchas telefónicas, como todo aquel que se cree importante-y mantuvo discrepancias públicas con el organismo. También su esposa Cristina se quejaba por esta presunta vigilancia. Demandó el santacruceño la remoción de los dos funcionarios, tan aplicados a Duhalde por otra parte, y en la embestida -por la forma de manejar la caja con las provincias-ha conseguido la cabeza del segundo de Matzkin. El Presidente consintió.

Menos dócil que José Manuel de la Sota, Kirchner se abalanza sobre Duhalde como si él mismo ya gobernara. En pocos días impuso más condiciones de las imaginadas por los bonaerenses, inquietos por esta aplanadora y la parsimonia de su jefe. Muchos se quejan, se resignan o se apartan. Casi no pueden creer la forma en que el mandatario diluye su influencia. Repiten una frase habitual en la abogacía: con Kirchner, nos compramos un pleito.

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