14 de marzo 2006 - 00:00

"Cenizas de Cromañón"

Jorge Telerman es, desde la jura de ayer, el cuarto jefe de Gobierno de la Capital Federal desde que ese cargo es electivo. Ninguno de sus antecesores cumplió el mandato que debía; trata de escapar de ese sino de origen, pero igual miró hacia atrás a la hora del discurso. «Esta gestión nace de las cenizas de Cromañón», dijo. Lo rodearon muchos peronistas, pero no hubo simbología partidaria. Esperable que no hubiera ministros de Néstor Kirchner -salvo Alberto Fernández-, quien no quiere aparecer apadrinando otra administración porteña. Los auspicios de este debut no son necesariamente negativos: tiene a su disposición la cobertura de todo el directorio del Banco Ciudad, algo que no todos los antecesores tuvieron al asumir. Dispone de un año y medio para cambiar la suerte del oficialismo en el distrito y para eso negocia un gabinete que le permita navegar los escollos de la herencia Ibarra.

Cenizas de Cromañón
Jorge Telerman juró ayer como nuevo jefe de Gobierno porteño, cargo que ejercerá hasta el 10 de diciembre de 2007 en reemplazo del destituido Aníbal Ibarra. Lejos estuvo la Legislatura de vivir un clima de golpe institucional; el ambiente fue más bien festivo y estuvo marcado por una fuerte presencia de sectores peronistas tradicionales, kirchneristas y hasta «albertistas», ligados al jefe de Gabinete. Por primera vez, no hubo ni banderas ni consignas de los familiares de las víctimas de Cromañón.

El nuevo alcalde de la Ciudad llegó a la ceremonia a las 12.26, y apenas ingresó por la puerta de Diagonal Sur saludó con un beso al «Tula», histórico puntero del peronismo que ya abandonó el bombo. De allí fue al salón Eva Perón, tras el recinto, donde lo recibió el titular de la Legislatura y su amigo, Santiago de Estrada. Ya estaban Felipe Solá y Daniel Scioli (el primero del gobierno en llegar), entre otros funcionarios. Con una hora de atraso según las invitaciones, se dirigió al recinto, donde prestó juramento.

«No es el curso de honores, sino las consecuencias del dolor que me trajeron aquí, en este día»,
fueron las primeras palabras de Telerman como flamante jefe de Gobierno, en referencia a la tragedia de Cromañón.

La Legislatura lucía colapsada por políticos, funcionarios, punteros, diplomáticos y familiares de los legisladores que abarrotaron cada uno de los palcos y espacios disponibles. Muchos de los invitados comentaban con sana envidia la pulcritud y la perfecta organización del acto de asunción de Michele Bachelet en Valparaíso. Comentaban incluso con fina ironía que una inspección municipal hubiese decretado que ayer en la Legislatura había más gente de lo que su capacidad permitía. Y las quejas no tardaron en llegar. Sobre todo de los embajadores y delegaciones extranjeras que, con la invitación en la mano, reprochaban al personal de Ceremonial la imposibilidad de acceder a sus asientos. Hasta Hebe de Bonafini se retiró ofendida por lo que consideró un destrato. Mejor suerte tuvo al contar con un asiento en un palco Estela de Carlotto, quien el 2 de marzo pasado encabezó una manifestación contra la destitución de Ibarra.

Esa presencia se explica: la dirigente pide que se preserve en el nuevo gabinete a los ibarristas Gustavo López ( Cultura), Roxana Perazza, ( Educación) y Gabriel Alegre ( Derechos Humanos). «Es gente -dijo- con la que tenemos firmados acuerdos.»

Sin himno, sin bombo y sin parafernalia peronista, la Legislatura lucía ayer casi como una cumbre de sectores justicialistas. La rama kirchnerista estuvo representada por el diputado Carlos Kunkel, uno de los principales «sargentos» del oficialismo en la Cámara de Diputados; por Dante Dovena, otro histórico dirigente del núcleo duro del santacruceño, y por Dante Gullo, una de las principales espadas presidenciales en el armado de la estructura capitalina.

• Presencias

Aquellos que responden a Alberto Fernández como padrino del PJ capitalino no eran muchos. Estuvo el sindicalista Víctor Santa María y una tímida Lucrecia Monti, quien por el momento no se compromete abiertamente ni con el grupo de El General ni con el de José María Díaz Bancalari. El peronismo más tradicional estuvo representado por Antonio Cafiero, con quien Telerman dio sus primeros pasos en las grandes ligas de la política como su vocero. Cristian Ritondo dijo presente como exponente del peronismo macrista y hasta Jorge Landau se arrimó a la jura como representante del duhaldismo convertido al oficialismo.

Después de todo, Telerman hizo buena parte de su carrera política en esa vereda del peronismo. En primera fila, todo el gabinete de Ibarra presenció el acto, aun los que ya tienen su pasaporte en la mano. En el salón Montevideo, desde donde se retransmitió en vivo la ceremonia, los dirigentes peronistas de segunda línea y los cuadros territoriales menores enrojecían las palmas para aplaudir el discurso de
Telerman, que prometió continuar con la política de redistribución del ingreso que lidera, según él, Néstor Kirchner a nivel nacional. Además agradeció especialmente a Cafiero haberle transmitido los valores de paz y justicia social que emanan de la doctrina justicialista.

Alberto Balestrini, Eugenio Zaffaroni
y Hugo Moyano fueron otros de los invitados de honor, junto al cardenal Jorge Bergoglio, el rabino Sergio Bergman, el general Roberto Bendini -jefe del Ejército (se confundió en la vereda en un abrazo con Kunkel y alguien bromeó sobre aquel Operativo Dorrego en 1975 con militares y guerrilleros)-, Carlotto y el diputado sindicalista de la CTA, Claudio Lozano.

Dejá tu comentario

Te puede interesar