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Para el tema de fondo -menos entretenido que el otro, por supuesto- ya se multiplicaron reuniones y hay principio de acuerdo: establecer un salario mínimo (la CGT demanda 730 pesos, cercano a la canasta básica del INDEC) y, luego, por sugerencia patronal, ajustar los ingresos anualmente según el índice de inflación. Para todos los participantes, sería el comienzo de un consejo económico y social -esa idea recurrente y corporativa que los persigue desde hace décadas- y de una suerte de básico Pacto de La Moncloa para evitar disturbios y reclamos. La tranquilidad social que sueña Néstor Kirchner, casi parecida a la inflación cero de José Ber Gelbard.
Al margen de entelequias (¿cómo se administrará la inflación pasada desde el default?, ¿por qué las empresas movilizaran sueldos en forma automática, ganen o pierdan en su actividad?), y de demandas más ciertas a la Casa Rosada -como repartir el fondo excedente de desempleo, hoy de 100 millones de pesos-, en la central obrera también se nutren de la pelea por el desplazamiento de la Rueda del trío en jefe: no prosperan iniciativas para cambiarla ahora, sí se confirma que el próximo 14 de julio será reducida -por lo menosen funciones. Casi con seguridad, para esa fecha, el camionero Moyano quedará como secretario general, José Luis Lingieri posiblemente se convierta en su adjunto y la Rueda pase a ocupar la secretaría administrativa. Podría ser, se comenta, la decisión menos traumática de todas las que están en juego.
La determinación de concederle a Moyano la primacía, en rigor, ya era un «fait accompli» cuando se constituyó el triunvirato el año pasado. Inclusive, hasta por estatutos se determinaron un par de vacancias (la secretaría adjunta y administrativa), justamente para dos de los triunviros que perderían su nivel actual.
Ocurrió, sin embargo, que desavenencias internas quisieron apresurar esa jugada ya escrita y obligaron a que ciertos dirigentes (Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo, entre otros) defendieran la continuidad de la Rueda a pesar (o por esa razón) de sus constantes enfrentamientos públicos con Moyano y su elite (en rigor, a quienes lo acompañan los llaman de otro modo).
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