Hugo Moyano, Armando Cavalieri y Gerardo Martínez sellaron ayer el acuerdo que permitirá
la reelección del camionero en la CGT hasta 2012.
El 30 de abril, el polémico Hugo Moyano cumplirá la primera etapa formal hacia su proclamación, por otros cuatro años, como jefe de la CGT. La coronación se concretará en junio, posiblemente el 14, en teoría con el guiño de todos los grupos en que se fragmenta el mapa sindical.
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El último día de este mes, se montará el Comité Central Confederal -que reúne a los secretarios generales de todos los gremios afiliados a la CGT- para ratificar la fecha del congreso y fijar el orden del día, donde predominará la elección de autoridades.
Ayer al mediodía, en las oficinas del Sindicato de Peones de Taxis, el camionero compartió un almuerzo del perdón con otros diez caciques gremiales. Fue su reconciliación oficial, aunque en secreto, con los «gordos». Sólo faltó el gastronómico Luis Barrionuevo.
Gentil anfitrión, Jorge Viviani, abrió su gremio para recibir al almirantazgo sindical: llegaron Armando Cavalieri, José Pedraza, Oscar Lescano, Antonio Caló, Amadeo Genta, Gerónimo Venegas, José Luis Lingieri, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez. En la mesa, estuvieron cuatro de los tres espacios que pulsean en el sindicalismo peronista. La única ausencia fue la de Barrionuevo. «Luis va a estar en la próxima reunión» desdramatizó anoche, confiado y feliz, uno de los lugartenientes de Moyano.
Todos, anticipan animados al lado del camionero, participarán de la precumbre convocada secretamente por el consejo directivo para el 30 abril y, en junio, del encuentro que renovará el mandato de Moyano hasta julio de 2012 en la jefatura de la central de la calle Azopardo.
De todo cordial, aunque recelosos, una cumbre de tanteo. Desde hace tiempo, los «gordos» y los moyanistas protagonizan una tirria que excedió, en más de un caso, la cuestión política. Cuando se disputaron afiliados, se pusieron en juego aspectos sensibles y mundanos.
En apariencia, esa temporada de belicosidad terminó. Igual, para certificar esa paz, habrá que esperar hasta junio cuando, tal como se pactó ayer, los «gordos» volverán a integrarse a la cúpula cegetista que abandonaron en 2005 cuando Moyano instauró su unicato.
Docena de 11
La Mesa de los 11 que debutó ayer en Peones de Taxis refleja, a grandes rasgos, cómo podrían repartirse a mitad de año los sillones del consejo directivo de la CGT, y a su vez, consolida el volumen y formato de los grupos que volverán a compartir techo en Azopardo.
De local, Moyano, se sentó escoltado por tres de sus coroneles: Viviani (Taxis), Gerónimo «Momo» Venegas ( UATRE) y Amadeo Genta ( Municipales). Atada la promesa de reelección sin rivales, al camionero lo atormenta otro asunto: que la reunificación sea sólida y duradera. También que cesen las presiones que vienen de la investigación del asesinato del tesorero del gremio.
«Queremos un compromiso de que van a defender el modelo sindical que lleva adelante la CGT. De nada sirve que vuelvan a la central si después, a los seis meses, se van otra vez», explicó un operador moyanista.
Encabezados por Cavalieri (Comercio), los «gordos» volvieron a sentarse con Moyano. La comitiva incluyó a Pedraza (Unión Ferroviaria) y a Lescano (Luz y Fuerza), quien ofició de negociador en los últimos dos meses. No estuvo, sin embargo, Carlos West Ocampo (Sanidad).
¿Se cortará, West Ocampo, solo a pesar del acercamiento de sus aliados de los «gordos» con Moyano? El jefe de Sanidad se ha mostrado reacio, pero en CGT advierten que, al final, participará de la nueva fusión. «Quedarse afuera sería suicida» interpretan.
Los «líberos», en tanto, aportaron tres comensales. Martínez (UOCRA), Rodríguez (UPCN) y Lingieri, hoy adjunto de Moyano en la CGT, que fantasea con retener ese sillón. Ese trío marca el pulso de las dos alas de la Casa Rosada: Rodríguez a Alberto Fernández; Martínez a Julio De Vido.
El undécimo hombre fue Antonio Caló, de la UOM, gremio que volverá en junio a integrarse al consejo directivo. Cuando se fusionaron la CGT disidente y la CGT oficial, los metalúrgicos atravesaban la crisis que desató la ausencia de Lorenzo Miguel como jefe ordenador.
No fue posible, como hubiese deseado Moyano, completar la docena con la presencia de Barrionuevo. Al gastronómico lo incomodan con que se le fractura el sector o tratan de leerle los pasos diciendo que se niega para «tratar de negociar mejor».
Detalles, nada más. Moyano, a pesar de las esquirlas del caso Beroiz, enhebró su continuidad y, si no fuese supersticioso, podría decir que cuando se despida Cristina de Kirchner -en 2011-él todavía será el jefe de la CGT al despuntar el poskirchnerismo.
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