Los sindicalistas dialoguistas, alineados en la CGT de Rodolfo Daer, consiguieron un primer respaldo de Carlos Menem para la guerra que han lanzado en defensa de sus «cajas», las obras sociales. Habrá que ver si obtienen el apoyo de todo el peronismo, que es lo que pretenden. No falta mucho tiempo para que eso se descubra: Menem convocó para el próximo jueves a una reunión de gobernadores, senadores y diputados con la intención de que todo el PJ discuta qué hacer respecto de la batalla sindical. Y, sobre todo, qué conducta adoptar si los gremios resuelven un nuevo paro, esta vez de 48 horas, en combinación con Hugo Moyano y sus disidentes. Por ahora los sindicalistas no se atreven a resolver esa medida de fuerza, temerosos de que el gobierno se afinque más en la idea de desregular el mercado de la salud que ellos controlaron en las últimas cuatro décadas. Mientras se resuelve ese respaldo del PJ, que primero resultó esquivo (Menem dijo que «los paros no sirven de nada»), los gremios agrupados en la central de Daer resolvieron convocar a un paro a partir de las 13 del 19 de diciembre, para facilitar una movilización al Ministerio de Economía donde se proponen insultar a José Luis Machinea y Pablo Gerchunoff, los principales inspiradores de la desregulación de las obras sociales. Hoy Moyano hará lo mismo con su propia liga, sólo que en su caso convocará a una peregrinación hacia la puerta del Ministerio de Trabajo. El camionero es especialista en titulares de esa cartera: primero se ensañó con Alberto Flamarique y ahora quiere la cabeza de Patricia Bullrich.
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Mientras se producen esas dos movilizaciones, los sindicalistas no quieren unificar sus estructuras. Temen que la calle «se les complique», es decir, que comience a haber desmanes que terminen por deteriorar más su alicaída imagen pública, si eso fuera posible.
Además de expresar sus quejas ante esas sedes, los sindicalistas tienen pensado esa tarde dejar sentada su tesis sobre la desregulación que pretende el gobierno. No encontraron modo menos académico de hacerlo que la realización de «escraches» delante de los bancos que tienen prepagas de salud entre sus empresas satélites. «Ya que estamos cerca de la City nos damos una vueltita», le explicó uno de los «gordos» a Menem, el martes. La idea que comenzó a circular por los gremios para presentar el conflicto es la siguiente: «De la Rúa no quiere desregular como parte de una política sanitaria; lo que hizo es pactar con el sistema financiero la entrega del sistema de salud como parte de la negociación del blindaje. Por eso les va a dar el negocio a los bancos». Carlos West Ocampo ya les expuso esa noción a los funcionarios de Economía quienes le recordaron que, antes de que se necesitara ningún blindaje, ya Menem había llevado adelante la iniciativa y que el decreto dictado por el gobierno es del mes de junio. Sin embargo, antes de embarcarse en cualquier agresividad que les quite capacidad de negociación, los sindicalistas esperan una negociación con el gobierno. Ayer lamentaban que Chrystian Colombo se hubiera enfermado, estado que atribuyeron a que «el 'Vikingo' no resiste el calor» (el jefe de Gabinete pasó el día en cama con 40 grados de fiebre, situación en la que lo dejó el paso de Timothy Geithner y Teresa Ter Minassian por Buenos Aires).
Colombo ya les mandó a decir, a través de los múltiples intermediarios que se le acercan a proponer la paz, que no está dispuesto a discutir bajo presión.
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