CGT: reaparece Caló como probable rival de Moyano

Política

- Luis, nosotros estamos decididos a apoyar la reelección de Moyano.

-Pero Gitano... ustedes fueron los primeros en irse de la CGT. ¿Me pueden decir qué cambió ahora para que vuelvan?

-Te somos sinceros: nosotros tomamos el compromiso con Kirchner; él nos pidió.

El diálogo entre Armando Cavalieri y Luis Barrionuevo se produjo el miércoles al mediodía en las oficinas del gremio UPCN donde los «gordos» y los «líberos» invitaron con un almuerzo al gastronómico para convencerlo de que se alinee detrás de Hugo Moyano.

Viejos conocidos, que a veces fueron socios, y en otras ocasiones enemigos, a la mesa se sentaron Cavalieri, Barrionuevo, Oscar Lescano (Luz y Fuerza), José Pedraza (Unión Ferroviaria), Gerardo Martínez de UOCRA y como anfitrión, Andrés Rodríguez, el Centauro.

A 45 días del congreso en que se elegirá, por un mandato de cuatro años, a la nueva conducción de la central obrera, «gordos» y «líberos» oficiaron de operadores del camionero para desactivar la rebeldía de Barrionuevo y despejar la continuidad de Moyano.

El gastronómico, al frente de sus «luisitos», asegura controlar 476 delegados al congreso convocado para el 8 de julio y se mantiene, todavía, con la postura de pedir la unidad sindical, pero con la condición de que el dirigente que exprese el proceso no sea Moyano.

La confesión de Cavalieri -que ninguno de los demás comensales corrigió- sobre la intervención expresa de Néstor Kirchner en el operativo reelección del camionero fue el cierre de la conversación. Pero antes de irse, Barrionuevo descargó otra perdigonada.

«Muchachos... ya estamos grandes: no podemos permitir que nos impongan al jefe de la CGT. A nosotros nunca nos condicionó ningún gobierno», dijo, ya de pie, con memoria selectiva o víctima de su lagunazo sobre la larga temporada de Carlos Menem presidente.

Y, abriendo la puerta, se despidió con una especie de advertencia: «Ustedes hagan lo que quieran: nos vemos en el congreso. Pero voy a exigir garantías de seguridad, veedores judiciales y voto secreto. No se olviden que muchos tienen revuelto el avispero».

  • Ese hombre

    Es poco probable que el menú de exigencias que enumeró Barrionuevo pueda, en julio, aplicarse. El voto secreto de los delegados al congreso, por caso, nunca se usó en una cumbre sindical donde la regla es la verticalidad, voluntaria o bajo presión.

    Pero con esa sugerencia, el gastronómico inyectó inquina entre los presentes, algunos de los cuales soportan sacudones Luis Barrionuevo internos en sus gremios. En Comercio, por caso, a Cavalieri le cuestionan que haya acordado con Moyano luego de que éste le «chupó» casi 20 mil afiliados.

    En ese marco, el sistema de sufragio secreto podría derivar en la fuga de votos hacia un candidato opositor a Moyano. Podría, también, ocurrir al revés. «Al final, Luisito se va a quedar solo», prenuncia, no sin misterio, un cacique del moyanismo.

    La intriga que sembró Barrionuevo tuvo, unas horas después, rebote. Lescano lo llamó por teléfono para intentar un ablande y abrir una puerta que parecía definitivamente clausurada: la de imaginar una candidatura paralela a la de Moyano como jefe gremial.

    -Nos quedamos charlando con los muchachos, Luis. Por ahí tenés razón y hay que buscar otro hombre -le dijo, ronco, el dirigente de Luz y Fuerza.

    -¿Y en quién pensaron? -se animó Barrionuevo.

    -Ese hombre podría ser Caló -tanteó Lescano.

    -¿De verdad me decís? -fingió sorpresa el gastronómico.

    -Lo tenemos que hablar con Kirchner. Le vamos a pedir una reunión para verlo el martes y ver qué dice.

    Un rato más tarde, Barrionuevo juntó a los «luisitos» y acordó que, cuando regrese de Mar del Plata, donde encabeza un encuentro de la UOM, le propondrán a Antonio Caló que acepte ser candidato a conducir la CGT. Toda una tentación: José Ignacio Rucci, al margen del breve interinato de Naldo Bruneli, fue el único metalúrgico que llegó a comandar la central.

    «La semana que viene le vamos a proponer a Caló porque creemos que es la figura para encabezar la unidad de la CGT», blanqueó, ayer, Vicente Mastrocola, jefe de los Plásticos y lugarteniente de Barrionuevo.

    Hombre del acero, Caló no se inmuta. Meses atrás, incentivado por inquilinos de la Casa Rosada, empezó a fantasear con comandar la CGT, pero sobre fin del año pasado, luego de una charla reservada y amigable con Kirchner, desistió de insistir con esa patriada.

    Se derrumbó entonces la ilusión de desempolvar la «patria metalúrgica» que pregonó

    Rucci -a pesar de que Augusto Timoteo- Vandor sostenía que la CGT debía conducirla un gremio «chico» para que los grandes lo sostengan en caso de errores-y continúa, en esa línea, la «patria camionera».

    Luego de bajarse, Caló apareció en un plano inferior: se instaló, se afirma que por recomendación del ex presidente, como potencial secretario adjunto de la CGT, lugar que ahora ocupa José Luis Lingieri y donde Moyano pretende mantener al titular del sindicato de Obras Sanitarias.

    Ahora, deberá decir que no a las propuestas que le llegarán desde diferentes sectores del gremialismo.

    En el moyanismo, calmos, aseguran que el acuerdo Moyano-Kirchner es irrompible y que no existe «ninguna posibilidad» de que el camionero no sea reelecto el 8 de julio. «Hugo es el jefe no porque quiere Kirchner, sino porque tiene peso propio», exageran.

    A su modo, aun recelosos de Moyano, entre los «gordos» y los «líberos» ven poco probable un cambio de planes que se traduzca en la no reelección del camionero, quien, por estas horas, se propone como gendarme del gobierno en las rutas tomadas por los chacareros.
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