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Hugo Moyano
Desde la otra vereda, aceptaron la propuesta. Al lado de Hugo Moyano estarían Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingeri (Aguas Argentinas). Rueda es lo más izquierdista que encontró West, revisando todo el padrón de su gremio, para ponerse a gusto del gobierno. Encontró a esta dirigente en Santa Fe.
Lingeri es un menemista moderado, que conoce la radiografía de todos sus colegas: administró la ANSSAL durante casi todo el período Menem. Antes de Lingeri, los « gordos» habían considerado a un hombre de SMATA, Jorge Pardo, que luego rechazaron porque «es más nuestro que de ustedes».
Todo estaba acordado hastaque el otro yo de Moyano, Juan Manuel Palacios, sugirió: «Nosotros aceptamos el triunvirato pero siempre y cuando los otros dos sean adscriptos a la secretaría general. Es decir, Hugo es secretario general y Rueda y Lingeri sus adscriptos.
Además, podríamos firmar una cláusula comprometiéndonos a que en 6 meses de los tres queda uno solo».
¿Por qué introdujo esa condición adicional el colectivero Palacios? En la superficie, muchos suponen que su amigo y socio Moyano ya había comenzado a disfrutar del caramelo de ser secretario general de todo el sindicalismo y que no estaba dispuesto a la degradación de compartir esa jerarquía. Los más astutos suponen que, en realidad, tampoco a Moyano y Palacios les interesó plenamente nunca mezclarse con el resto de los sindicalistas. «Son los únicos que realmente pueden hacer un paro; tienen plata de sobra que les da el gobierno de manera exclusiva; hablan al celular privado de Kirchner, ¿por qué van a compartir todo eso?», se preguntó anoche delante de este diario un sindicalista de los más veteranos.
Del otro lado, el de Cavalieri y West, se aferraron rápidamentea esa excusa y, mostrándoseofendidos, rechazaronla condición impuesta por Palacios. La estrategia había sido diseñada la semana pasada, de manera explícita, por Oscar Lescano, acaso el más experimentado dirigente sindical con que cuenta hoy la Argentina. El secretario general de Luz y Fuerza razonó el jueves pasado delante de los amigos de Moyano: «Estuvimos 12 años peleados por cuestiones de concepto, que tienen que ver con nuestra visión del país, de la economía y de nuestro rol de sindicalistas. ¿Qué sucedió de nuevo en los últimos meses para que todo eso pase a ser una anécdota y nos unamos bajo un mismo techo? Hay algo artificial en todo esto que lo hará fracasar».
Es lo que se vio ayer. Los «gordos» resolvieron postergar el congreso y suspender las negociaciones, en la convicción de que cuentan con la mayoría de los delegados a esa asamblea. Sobre todo porque los dos fieles de la balanza, Gerardo Martínez y Andrés «Centauro» Rodríguez, se recostaron sobre la CGT oficial, como era obvio que ocurriría en una opción de hierro.
Moyano todavía pensaba anoche en realizar el congreso, convencido de que con la convalidación del Ministerio de Trabajo reemplazaría el faltante de congresales de su sector.



