19 de julio 2001 - 00:00

CGT: una huelga por salud, dinero y amor

El gobierno reaccionó bien ayer y lanzó opera-tivos preventivos para evitar cortes de ruta que se complementen con el paro de hoy. Las tres centrales obreras realizarán una huelga juntas, protestando contra los aspectos más antipáticos del ajuste que se ve obligado a hacer el país. Pero, una vez agotado el paro, los gremialistas volverán a dividirse. Los dialoguistas de la CGT de Rodolfo Daer piden con urgencia una mesa de negociación que les permita reclamar nuevamente por los $ 200 millones que, dicen, les deben a sus obras sociales. También quieren el Ministerio de Trabajo y el de Salud, además de la renuncia de Domingo Cavallo.

CGT: una huelga por salud, dinero y amor
Los tres sectores en los que está dividido el sindicalismo peronista se preparaban ayer para protagonizar una huelga que, calculaban, tendrá alto impacto sobre todo por la paralización de los medios de transporte. En esta pretensión, que el paro tenga un efecto amenazante para el gobierno, casi se agota la coincidencia entre las tres centrales sindicales. A partir de allí las aspiraciones son divergentes. El CTA de Víctor De Gennaro seguirá abrazado a la defensa de los empleados públicos. La CGT disidente de Hugo Moyano está entusiasmada con la posibilidad de mantener la coordinación actual con los «gordos» para volverse más agresiva. Y los propios «gordos» se han dado un plan de lucha con prioridades de tal naturaleza que lo comenzaron a llamar «salud, dinero y amor». Conviene comenzar por esto último, porque sucederá lo que ayer, con pragmatismo extremo, explicó un integrante del secretariado de Rodolfo Daer a este diario: «Nosotros robamos la gallina pero después el puchero lo vienen a comer todos». En otras palabras, detrás del programa que se fijó la CGT dialoguista están las demás variantes gremiales.

Encanto

La consigna «salud, dinero y amor» que adoptaron los gremialistas que rodean a Rodolfo Daer (Carlos West Ocampo, Armando Cavalieri, Oscar Lescano y Luis Barrionuevo, entre otros) tiene para el peronismo el encanto de ser el nombre de un vals de Rodolfo Sciamarella. Este autor, de gran popularidad en los '50, es en una de las versiones canónicas el responsable de la marcha «Los muchachos peronistas» o, por lo menos, el adaptador que formuló ese cántico partidario a partir de una pieza anterior, la marcha de los obreros gráficos.

En sí mismo, el slogan es un pliego de condiciones para cualquier entendimiento posterior con el gobierno:

• En el rubro «salud», los sindicatos tienen varias solicitudes. En principio, un cambio de conducción en el área ya que la relación con el ministro Héctor Lombardo se les ha vuelto insoportable. Al parecer, Lombardo les ha planteado de los voraces gremialistas limitaciones que lo vuelven intolerable especialmente en el área del monitoreo de las obras sociales. En su última reunión con Fernando de la Rúa los capitostes de la CGT expusieron este enojo y hasta sugirieron que podrían buscar a algún peronista para que se haga cargo del área.

• La otra consigna del paro, según estos sindicalistas, es «dinero». Quieren que el gobierno les pague los $ 200 millones que reclaman por las deudas que, supuestamente, tiene con ellos la AFIP en concepto de fondos de obras sociales asignados incorrectamente. Fue también con el propio De la Rúa que la cúpula de la CGT discutió este problema y el Presidente le ordenó a Jorge Baldrich que se hiciera cargo del pago. Es cierto que toda la conversación fue en presencia de los interesados, quienes ahora suponen que, ya terminada la reunión, el propio Baldrich recibió una contraorden desde Olivos. Sea como fuere, Daer y los suyos siguen presionando por este dinero e ironizan con que «estamos en la misma línea del gobierno porque buscamos nuestro déficit cero».

• «Amor» es la tercera pretensión de los insaciables hombres de gremios. Esta pretensión emocional está relacionada con el mayor conflicto que tienen hoy los sindicatos con el gobierno: es el que los enemista con la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich. En la CGT de Daer no pueden concebir que Bullrich haya abierto las paritarias haciendo cumplir la ley de reforma laboral en el punto que prevé el fin de la ultraactividad de los convenios colectivos. Se vienen quejando de ello desde hace semanas y amenazan con concurrir a todas las negociaciones con propuestas insensatas de aumento salarial. Explícitamente los «gordos» le pidieron a De la Rúa que cambie a la Bullrich pero el Presidente ratificó a su ministra varias veces. Es más: parece estar más conforme con ella en la medida en que se va transformando en una especie de defensora incondicional de la gestión del gobierno y, sobre todo, de Domingo Cavallo.

Preparativos

Con la mirada puesta en este triple reclamo, los jerarcas de la CGT oficial esperan que se los convoque a alguna mesa de diálogo de manera tal que se pueda arrancar a De la Rúa alguna «conquista». Mientras tanto, preparaban anoche el paro de hoy con la seguridad de que sería fuerte. También con el disgusto de tener que movilizarse para competir aunque sea a desgano con Hugo Moyano, un dirigente al que no comprenden ni aprecian. Un último desvelo que los inquietaba anoche está referido a las maneras de expresar el descontento. Mientras Cavalieri llenó de volantes la avenida Santa Fe con la leyenda «Cierre y pare», referida a los comercios de la zona, Lescano, de «Luz y Fuerza», machacó con la idea de que hoy no haya un solo jubilado en la calle: más que bronca debemos expresar desolación, por eso queremos las calles vacías», se entusiasmó «el Negro», casi con un melancólico esteticismo.

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