18 de octubre 2005 - 00:00

Chiche: "El domingo se llevan un susto"

Cristina Fernández de Kirchner ayer en el acto de Vicente López. Comparó a su marido -la seguía desde el escenariocon Juan Perón. Hilda Chiche Duhalde eligió festejar el 17 de octubre con un acto en el microestadio de Lanús.
Cristina Fernández de Kirchner ayer en el acto de Vicente López. Comparó a su marido -la seguía desde el escenariocon Juan Perón. Hilda Chiche Duhalde eligió festejar el 17 de octubre con un acto en el microestadio de Lanús.
«Se van a llevar flor de susto: cuando abran las urnas se encontrarán con un aluvión de votos peronistas.» En boca de Chiche Duhalde la frase sonó a grito de guerra, a abracadabra mágico para revertir el temor, cierto o ilusorio, de que la suerte está echada.

Los fastos duhaldistas para recordar ayer los 60 años del 17 de octubre de 1945 se destinaron a inyectar un antídoto que ayude a detener la epidemia -esparcida por el gobierno- de que el PJ caerá estruendosamente ante el kirchnerista Frente para la Victoria (FpV).

Y la fórmula que el duhaldismo considera más eficaz para detener esa sangría es recurrir a la mística peronista y agitar el fantasma de que Néstor Kirchner, como antes lo intentaron hacer Juan Carlos Onganía y Arturo Frondizi, quiere apropiarse del PJ.

Por eso, el microestadio de Lanús ofreció ayer un pasadizo al '45 y, por momentos, a los '70: citas, remembranzas y un llamado sanguíneo a defender, como si se estuviera ante la inminencia de una invasión, las fronteras -que, como se sabe, son difusas- del peronismo. Todo fue parafernalia clásica: desde Hugo del Carril hijo cantando la «marchita» -que dedicó al ministro del Interior para «que se la meta donde quiera»- hasta un explosivo discurso de Manolo Quindimil, a quien el locutor presentó como el «último caudillo» del peronismo.

• Acusación

Fue el multirreelecto intendente de Lanús quien dejó las palabras más picantes: acusó de «forastera» a «esa mujer» que viene «de Santa Cruz a ser candidata en Buenos Aires cuando ni siquiera vota acá» y afirmó que Kirchner «no tiene nada que ver con el peronismo».

«Si
yo voy a Córdoba y quiero presentarme como candidato a intendente, me va a llamar el gobernador y me va a decir: ¡»Che Manolo, tomátelas!», aseguró Quindi mil, gestualizando cómo le diría que tiene que volverse a su provincia, Buenos Aires.
Como anfitrión, el jefe comunal planteó la disputa electoral del domingo como una batalla en la que hay que defender al partido y reeditó una consigna anacrónica:
«Ni yanquis ni marxistas, peronistas».

El mismo libreto alimentaron Jorge Villaverde y José María Díaz Bancalari que, a su turno, compararon la «transversalidad» que impulsa Kirchner con la intención de la revolución de 1955 que quiso capturar al PJ, proceso que -recordarontambién intentaron Onganía y Frondizi.

Las seis mil personas que llenaron el microestadio de Lanús (había otras tres mil en la calle) repetían, una y otra vez, un cántico invitando «al
pingüino y a Solá» a que recuerdenque siguen las «banderasde Evita y Perón». Chiche, menos efusiva, repitió el rap de la falta de un proyecto productivo y, al igual que Quindimil, reivindicó la gestión de Eduardo Duhalde en 2001. «Nos salvó de una guerra civil», había dicho un rato antes el intendente.

Sobre el final, sola en el escenario, la candidata a senadora pidió un «último esfuerzo» a los militantes.
«El domingo no está en juego Chiche, está en juego el movimiento que nació del genio de Perón y del alma de Evita», buscó sensibilizar el nervio peronista.

Y como despedida, antes de cantar por segunda vez la marcha peronista, avisó:
«(Ellos) creían que estábamos muertos, pero se van a llevar flor de susto en las urnas. Cuando las abran se van a encontrar con un aluvión de votos peronistas».

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