CIA y FBI seguían a dos secuestradores
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Fracaso
La CIA comunicó al INS los contactos de Al-Midhar con Bin Laden el 21 de agosto y el INS se encontró que tanto él como Alhamzi ya habían entrado en el país con visas de negocios. En efecto, vivían desde 2000 en el área de San Diego, y uno de ellos frecuentaba un colegio y quizás una escuela de pilotos aéreos.
El FBI de Nueva York se puso tras sus pasos, pero Al-Midhar y Alhamzi estaban ya en acción, listos para atacar. Fuentes del FBI-California criticaron a sus colegas de Nueva York por haberlos advertidos demasiado tarde: la oficina de Los Angeles fue informada dos días antes de los atentados; la de San Diego, un día después.
El FBI comenzó a buscar a los hombres, sabiendo que ex profeso habían dado información errónea a funcionarios de migraciones sobre dónde iban a residir. «Teníamos sólo dos semanas y un pequeño trozo de información que claramente era falsa sobre donde se suponía que estuvieran», dice «Newsweek» citando a «un funcionario». Pero la búsqueda podría haber comenzado por al menos un lugar: ambos se alojaban frecuentemente en la casa del hermano de uno de ellos, Nawaq Alzami, en San Diego.
Días antes del atentado se habrían reunido con otro terrorista, Hani Hanjour, en Phoenix (Arizona) desde donde se dirigieron a Washington. En el aeropuerto de Dulles abordaron -sin despertar sospechas- el vuelo 77 de AA que estrellaron contra el Pentágono.
La revista también informó que cinco de los 19 secuestradores identificados por el Departamento de Justicia podrían haber recibido entrenamiento en bases militares de Estados Unidos la década pasada, sin aclarar el motivo ni el carácter de este entrenamiento.
«Newsweek» afirma que sus nombres serían similares a los de personas adiestradas en la Naval Air Station de Pensacola (Florida), el Air War College de Montgomery (Alabama) y en la base aérea de Lackland, en San Antonio (Texas).
Del otro lado del Atlántico, el diario alemán «Hamburger Abendblatt» reveló que otro de los secuestradores suicidas, el libanés Ziad Jarrah, estudió construcción aeronáutica en Hamburgo durante cuatro años, en una escuela técnica superior, lo que lo habilitaba para trabajar como ingeniero de vuelo en la cabina de aviones de gran porte.
Sin embargo, su familia negó que Jarrah fuera terrorista: «Era un pasajero, una víctima en el avión secuestrado», sostuvieron en un comunicado. «Estamos convencidos de que nunca perteneció a ningún grupo político o religioso.»
Curioso intento: ayer trascendió en fuentes oficiales que Jarrah visitó Afganistán hace 18 meses, donde podría haberse entrevistado con Bin Laden. Además, Jarrah tomó clases de pilotaje en las mismas escuelas de aviación a las que asistieron los dos cabecillas del múltiple atentado, Mohammed Atta y Marwan Al-Shehhi.
En tanto, ayer el Departamento de Justicia anunció la detención de un segundo «testigo material», quien se encuentra sometido a interrogatorio en Nueva York. Se trata de un varón, uno de los 25 individuos que se encuentran retenidos por violación de las leyes de inmigración, indicó una portavoz oficial.
El primer detenido había sido identificado como «colaborador» de uno de los hermanos de Bin Laden, y se lo mantiene cautivo para evitar que abandone el país.
Las órdenes de detención permiten a las autoridades federales retener a una persona sin necesidad de presentar una acusación específica. «Hemos llegado a un punto en que estos arrestos serán más frecuentes», advirtió la secretaria de Justicia, Mindy Tucker.
Además, agentes del FBI registraron ayer un departamento en Delray Beach (Florida) donde vivieron dos de los presuntos secuestradores del avión de United Airlines que se estrelló en Pennsylvania.
Otra sorprendente novedad en la gigantesca investigación encarada por las autoridades estadounidenses fue el hallazgo del pasaporte de uno de los «kamikazes» a pocas cuadras del World Trade Center, dijo ayer el subjefe del FBI, Barry Mawn, quien anunció que «vamos a lanzar un rastrillaje de los alrededores», sin dar más precisiones.



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