15 de octubre 2001 - 00:00

Clásico: madrugador fue autoridad de mesa

"Usted tiene que quedarse, es un deber cívico y una carga pública." El presidente (y único integrante) de la mesa masculina en el colegio de Jujuy e Independencia -en el barrio porteño de Montserrat-levantaba la voz a medida que la negativa de su interlocutor se hacía más tenaz.

«¿Estás loco? Yo no me quedo nada: tengo cosas que hacer, mi familia me espera afuera y no tengo por qué quedarme»
, respondía el desprevenido ciudadano que había concurrido a votar y estaba a punto de quedar atrapado en la crisis del día: la falta de auto-ridades de mesa.

Era de esperar: si el humor de la gente prenunciaba un enorme caudal de votos protesta, votos castigo o como se los quiera denominar, mucho menor era la voluntad de «perderse» un día entero (el de descanso, además) fiscalizando unos comicios contra los cuales muchos habían elegido manifestarse.

Algunos ejemplos de los votos castigo.

«No puedo solo: usted tiene que quedarse por lo menos hasta que venga el próximo votante, porque tiene que haber al menos dos para controlarnos mutuamente»
, explicaba ya con poca paciencia el presidente.

El tono de la disputa crecía, por lo que uno de los agentes policiales que custodiaban los comicios trató de terciar. «El señor tiene razón: es una carga pública y tiene que quedarse. Un rato, aunque sea, ¿qué te cuesta, macho?», ya completamente contemporizador el policía.

Irreductible

El candidato a autoridad de mesa -seguramente una de las más dejadas de la mano de Dios del día: ni fiscales partidarios había-seguía irreductible y hasta irrazonable. «Arréglense ustedes; después de todo, ¿qué culpa tengo de esta desorganización?», argumentaba como si el sufrido presidente y el policía sí la tuvieran. La discusión continuó hasta la llegada del siguiente votante que, tal como prometiera el presidente, aceptó -no de buena gana, es cierto-«hacerle el aguante»: es que ya eran casi las tres de la tarde, y el padeciente presidente de mesa casi no había podido levantarse de su asiento -salvo por las previsibles excepciones-. La historia, cabe apuntarlo, no sucedió en las primeras horas de la mañana sino casi a las tres de la tarde, por lo que el hombre hacía cinco horas que intentaba encontrar compañía para la larga jornada electoral.

La escena seguramente se repitió en miles de lugares de votación en todo el país: hubo pueblos enteros -como el santafesino
Villa Cañás, celebérrimo por ser el lugar de nacimiento de las mellizas Legrand- donde no fue posible sufragar hasta el mediodía, aunque en este caso el retraso debió ser atribuido a fallas en el envío de sellos y sobres.

Según estadísticas oficiales, hasta las 13.00
casi 6.000 mesas habían tenido problemas para constituirse, aunque muchas de ellas correspondían a la inundada pampa bonaerense.

La imagen previa de apatía y enojo, sin embargo, no parecía tener correlato en la
intensa actividad que se verificaba en los barrios de Capital y Gran Buenos Aires. El tránsito vehicular parecía el de un día laborable, y mucha gente salió a pasear, a comer afuera, a mirar vidrieras.

Otros, sin embargo, pasaron las horas en menesteres menos agradables: por imprevisión, por desidia o por olvido,
muchos no se acordaron de averiguar dónde votaban hasta pocos minutos antes del cierre de los comicios. Así, era posible ver largas colas en comisarías y comités (que, de paso sea dicho, cada vez son menos numerosos en el paisaje ciudadano).

Las sedes policiales también albergaban a otro tipo de imprevisores y/o víctimas de las circunstancias:
quienes no tenían el documento en regla, lo habían extraviado o figuraban en el padrón con un documento distinto al que portaban para votar (duplicado vs. original, etcétera).

En tanto, una recorrida por Belgrano, Caballito, Palermo y Villa Urquiza -sin ninguna pretensión científica, desde ya-indicaba una gran variedad de «candidatos» incluidos en los sobres, pero que no figuraban en las boletas de los partidos que disputaron ayer el voto popular: así, hubo votos que fueron desde lo «académico» como
Sigmund Freud, Orson Welles o Carlos Marx a lo «cholulo» como Julia Roberts o Ricky Martin, pasando por boletas escatológicas o directamente pornográficas. Por supuesto, no faltaron las protestas por boletas faltantes, en especial las de los partidos chicos.

A las 18.00 el presidente de Jujuy e Independencia había llegado al final de su jornada, y lo esperaba el momento más difícil: el del recuento. Una suplente de la mesa femenina al lado de la suya se apiadó y le dio una mano para separar las boletas, que como pocas veces antes habían sido cortadas por los votantes. Parafraseando a uno de los films más famosos de todos los tiempos,
¿habrá sido ése el comienzo de una bella amistad?

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