Comentarios políticos del fin de semana
(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)
-
Caputo destacó la apertura de ofertas para una nueva etapa de la Red Federal de Concesiones
-
Lesa humanidad: Casación negó las domiciliarias de Adolfo Donda y Bernardo Caballero
Néstor Kirchner y Roberto Lavagna
«La Nación».
Aumentando la oferta de bienes, por vía de más inversión, y enfriando la economía frustrando el entusiasmo del público, que consume más. Roberto Lavagna, les advierte el columnista a sus lectores, no enfriará la economía que es cosa de ortodoxos. Prefiere el primer camino. No sólo por razones ideológicas. También porque, si las inversiones que aumentan la oferta no se verificaran, la culpa sería de Kirchner y sus arrebatos antiempresarios, sobre todo en política de servicios públicos.
Como Morales Solá se asesora con Lavagna, que no es precisamente un «ortodoxo», no menciona otra estrategia de esta orientación para combatir la inflación: la apertura económica. Se trata de facilitar el acceso de bienes del exterior para contener el alza de precios que puede producirse por una desequilibrada presión de la demanda sobre la oferta, pero también por una oferta poco competitiva (por ejemplo, por los costos laborales e impositivos, que en la Argentina son una carga altísima para quienes producen). Pero esta forma de combate contra la inflación el columnista la ignora. Final francófono. Morales Solá defiende al embajador de Francia, quien según la nota sólo habló del populismo de Kirchner en relación con el caso Suez, no con el resto de su gestión. De acuerdo con el columnista, la negociación se rompió por el destrato del gobierno para con la empresa. El embajador, a la vez, sería un exponente de «siglos de experiencia diplomática francesa». No es exactamente lo que opinan los directivos de Suez, quienes le pidieron a Chirac la remoción del embajador Lott por haber filtrado la información de que la empresa pensaba abandonar la Argentina, precipitando así una ruptura que no parecía inevitable.
LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».
Regular. A pesar de que los columnistas de «La Nación» maltratan la Economía este fin de semana, este periodista encuentra más complejidad en el problema de la inflación. Comienza su nota señalando varias de sus dimensiones: aumento de la pobreza; inoportunidad para un país que todavía no sinceró sus tarifas, sobre todo de los derivados de petróleo; aumento de la deuda pública en 500 millones de dólares, sólo en setiembre (información adelantada por este diario), ya que Roberto Lavagna la ató a la inflación ofreciendo bonos en pesos ajustables por CER. Un dato que ya había consignado Ambito Financiero. Lavagna, que intenta pasar a la historia como el salvador de la Nación, está cometiendo bastantes errores en materia de deuda. Se empecinó en que no pagaría una tasa superior a 8,50% para los BODEN 2015. Ahora que la Reserva del Tesoro de los Estados Unidos anticipó que ajustará la tasa en por lo menos 0,25%, el mercado de bonos se desplomó. Superada la volatilidad actual, tal vez Lavagna deba pagar 9,25% para conseguir la misma suma de dinero.
Estas observaciones están lejos del enfoque de Laborda, quien pasa al otro frente: el social. Dice que, entre bajar el IVA en los productos de la canasta básica y conservarlo para tener más caja para hacer asistencialismo, prefiere lo segundo. Tiene razón. Como el duhaldismo, Kirchner da la sensación de que querer salvar a los pobres de a uno, de manera que no se agote tan rápido el negocio político que se esconde en las necesidades insatisfechas.
Finalmente, la nota cita un artículo de Alfonso Prat-Gay de la semana pasada, en el que se vincula el aumento de la inflación con la política cambiaria de «dólar fijo» a la que se ha atado el gobierno. Una perspectiva que Kirchner y Lavagna están lejos de adoptar, si no de comprender.
¿Se irá Lavagna ante la aparición de estos nuevos problemas? Esta cuestión recorre hoy a los cenáculos politizados y también aparece en las notas del domingo. Laborda contesta negativamente al interrogante, pero adelanta que el ministro quiere dejar Economía para pasar a la Cancillería. De todos modos, la nota apuesta a que Lavagna seguirá al lado del santacruceño, sobre todo porque al duhaldismo no le espera un 23 de octubre rutilante. Pero Laborda no reflexiona lo suficiente en los datos que él mismo expone. Es lógico que, si lo que se vislumbra es el ajuste que la nota describe en su primer párrafo, Lavagna quiera dejar su actual cargo. Pero ¿qué economista querría aceptar el cargo para hacer el «trabajo sucio» del cual él está huyendo? ¿Será Kirchner tan ingenuo de permitirle a Lavagna pasar a la mullida tarea diplomática para que ser él quien quede con la faena de ajustar la Economía?
Amparado en razonamientos de Rosendo Fraga, Laborda señala al final de su nota un dato importante: que el futuro del gobierno no necesariamente será menos problemático con el resultado de estos comicios. Kirchner contará con menos bancas que hoy, consecuencia de la división del oficialismo bonaerense. Y la diferencia con el duhaldismo, aun cuando puede ser importante, no lucirá tanto si no supera los 15 puntos, producto del triunfalismo que comenzó a destilar la Casa Rosada desde hace quince días.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Prescindible. Vuelve el periodistaa repasar los datos electorales tal como los percibe el gobierno: triunfo aplastante en la provincia de Buenos Aires (con una diferencia de 30 puntos de Cristina Kirchner sobre Chiche Duhalde, le dijeron a Van der Kooy) y derrota en Santa Fe y en Capital, donde el Presidente y su esposa piensan hacer un último esfuerzo en favor de Rafael Bielsa.
Después, la nota planea sobre cuestiones poselectorales. Si se tiene en cuenta que el monopolio «Clarín» es el medio predilecto del gobierno, hay que prestar atención a un par de datos que divulga Van der Kooy en su nota. 1) Ni Lavagna ni Redrado serán movidos de sus lugares; 2) Kirchner quiere llevar a un economista a la Cancillería; 3) el Presidente no se lanzará a presidir el PJ después de los comicios.
Van der Kooy se extiende después en otros dos temas: los conflictos sindicales, detrás de los que el gobierno cree ver la mano de Duhalde (sobre todo en el de Sanidad, que lleva adelante Carlos West Ocampo) y la relación con Suez, que Kirchner quiere aquietar a pesar de los dichos del embajador de Francia y de la decisión de su esposa Cristina de llevar el conflicto a la tribuna proselitista.
VERBITSKY, HORACIO.
« Página/12».
Prescindible. Obsesionado con la virtud ajena, el columnista sigue en el panorama de ayer la saga del ex juez de Corte Adolfo Vázquez y sus empeños vanos por abrir una cuenta bancaria en el exterior, tema al que había dedicado la columna del domingo anterior. No agrega dato alguno sobre la legalidad o no de esa diligencia bancaria, pero esta semana Verbitsky revela cuál era su interés: participar mediante presiones periodísticas en el armado de la nueva estructura de la Unidad de Investigaciones Financieras del Ministerio de Justicia, una oficina en crisis por la migración de sus autoridades (Marcelo Zaín se fue a un cargo más importante; Alicia López se retira a fin de año).
Seguramente la semana próxima este columnista dará la «primicia» de quién irá a ese cargo, pero antes se ocupa de llenar de sospechas a uno de los candidatos a controlar esa oficina, pero que no es de su agrado. La funcionaria, según le atribuye Verbitsky, es amiga de la familia Massera y la promovería la organización católica Opus Dei a través de un abogado de esa confesión que ya falleció (lo cual elimina cualquier prueba, ideal para completar el cuadro que quiere brindar el columnista).
Verbitsky hace un alarde de su método de trabajo al reproducir un e-mail cruzado por la funcionaria y el hijo del ex militar Massera, lo cual probaría una relación espuria. No dice el columnista la procedencia de ese mensaje privado que seguramente no le acercó ni remitente ni destinatario, algo que alienta las versiones sobre que Verbitsky operaría como un servicio de inteligencia no periodística paralelo al del Estado. La frecuencia y el carácter de su trato con funcionarios del oficialismo abona esas presunciones que al gobierno le sería muy fácil disiparcon alguna aclaración en público.
No se explica que en el largo servicio que dedica Verbitsky en «Página/12» a esta saga sobre el dinero ajeno se incluya una nota que reproduce el contenido de la columna del domingo anterior sobre la cuenta de Vázquez. Salvo que se quiera mantener la amenaza sobre otro funcionario, el administrador de la Corte Suprema, Nicolás Reyes, próximo a la jubilación y acusado por Verbitsky de apañar las presuntas malandanzas de algunos ex jueces de la Corte. ¿Querrá nombrar también al administrador de ese alto tribunal?




Dejá tu comentario