11 de abril 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

Jorge Bergoglio
Jorge Bergoglio
GRONDONA, MARIANO
«La Nación»

REGULAR: Desenfundó su antigua pluma de intelectual católico el ensayista para esbozar una geometría capaz de volver previsible el cónclave que se inicia esta semana para elegir al sucesor de Juan Pablo II. Deja caer unos detalles de erudición clásica -se mudó de Atenas a Roma este domingo Grondona-, haciendo notar que el papado y el colegio de cardenales electores ilustran la recepción que hizo la Iglesia de las instituciones del Imperio, donde los senadores elegían a un emperador vitalicio. Una curiosidad interesante, igual que el establecimiento de los «nueve días de luto y llanto» que le está dedicando el Vaticano al Pontífice fallecido, también provenientes de los nueve días que el derecho romano concedía a los deudos en el trámite sucesorio (y que adoptó la codificación argentina). Grondona trata de buscar una pista para el resultado del cónclave en las opciones que tomaron los cardenales durante los últimos cuatro pontificados. Uno conservador/intelectual (Pio XII), otro reformador/popular (Juan XXIII), otro reformador/ intelectual (Pablo VI) y, pasando por alto el efímero reinado de Juan Pablo I, uno conservador/popular, el de Juan Pablo II. Pablo VI, dice Grondona, era un intelectual y, como tal, vivía aquejado por la duda. A él, este domingo, le pasó lo mismo. Al cabo de su clasificación, no se animó a apostar por un identikit del nuevo papa, de quien sólo dice que será «original». Después de todo, hizo bien.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12»

PRESCINDIBLE: Insiste este domingo el periodista y asesor presidencial en la promoción de su libro «El Silencio», sobre las relaciones entre la Iglesia y el gobierno militar. De nuevo, y ya de manera cansadora, vuelve sobre la figura del cardenal Jorge Bergoglio, en un llamado al colegio cardenalicio reunido en Roma para que no lo elija Papa: de lo contrario -profetiza-Bergoglio volcará «todo el peso de la Iglesia en contra de la revisión judicial de los crímenes de la dictadura» (toda una toma de posición de Verbitsky sobre la falta de independencia de criterio de los jueces de la Corte, por otra parte la más laicista que haya tenido la Argentina en su historia).

¿Qué interesa del artículo de Verbitsky? Que termina siendo una exaltación involuntaria de la figura del cardenal Bergoglio. Es cierto que el periodista lo castiga con descalificaciones que pone en boca de colegas del arzobispo a quienes no cita. Pero esas descalificaciones son, por ejemplo, que viaja en colectivo, que usa ropa gastada, que es austero, que cuando un cura se enferma él lo acompaña toda la noche, por lo cual «es un hombre muy peligroso». Si con los mismos criterios Verbitsky está asesorando a Kirchner en estos días hay que temer que la campaña de los Duhalde en la provincia termine siendo una inesperada marcha triunfal.

Pero vale la pena seguir con la nota de este columnista. Comienza reprochándole a Bergoglio, sin demasiados datos ni detalles, un origen ligado a Guardia de Hierro, una agrupación peronista de derecha que en su momento estuvo vinculada a Eduardo Massera. Pero después le carga el pecado de, habiendo sido progresista (¿en Guardia de Hierro?), volverse demasiado prudente o concesivo con la dictadura militar.

Finalmente, el periodista demuestra que calza desde hace muy poco su sombrero de historiador de la Iglesia. Por ejemplo, se asombra de que los jesuitas, siendo conservadores de la fe romana en sus orígenes, hayan sido liberales en el plano político durante el siglo XX. Debería recordar que los jesuitas razonaron sobre el derecho a la rebelión antes que lo hicieran los ilustrados franceses y que por eso fueron expulsados de España y América en 1767. Antes, la propia creación de la orden con el librillo de los «Ejercicios espirituales» constituyó una versión revolucionaria -siempre católica-de la filosofía individualista del Renacimiento en la línea del cartesianismo descubridor de la conciencia individual, que es posterior a él. Bastaría volver a los manuales del secundario para tomar nota. Del mismo modo, Verbitsky debería saber que entre los votos de los religiosos figura uno «de obediencia» por el cual un sacerdote es automáticamente expulsado de la orden o congregación cuando no cumple una indicación. Por eso Bergoglio pidió a los curas que trabajaban en las villas del Bajo Flores, que la nota menciona, que dejen la Compañía de Jesús si no estaban dispuestos a obedecer sus órdenes. Pensaba, seguramente, en salvar la vida de esos sacerdotes en un tiempo en que otros jefes, en este caso de organizaciones guerrilleras, impartían instrucciones en el sentido contrario, para mandar a sus bisoños subordinados al muere, como el propio Verbitsky sabe bien.

MORALES SOLA, JOAQUIN
«La Nación»

PRESCINDIBLE: Perdió la línea de su argumento Joaquín Morales Solá en su columna de ayer: no hay viaje que le venga bien. El que no realizó a Roma Néstor Kirchner, lo irrita, y le permite uno de sus placeres habituales: comparar a la Argentina, en desventaja, con otros países de la tierra. Pero el que realizaron Carlos Menem y Eduardo Duhalde, por su cuenta, también lo irrita. El columnista elogia, con razón, que los gobiernos de Estados Unidos, España y Brasil hayan convocado a la oposición y a ex presidentes para componer delegaciones al funeral de Juan Pablo II que no fueran facciosas. Como ya se había consignado en toda la prensa en los días anteriores, el periodista insiste en la mezquindad del protocolo local, que armó una comitiva de segundo nivel y estrictamente oficialista.

Lo que sorprende de Morales Solá es que le reprochó este error a «la política argentina» y no al gobierno. Para hacerlo, incurrió en algunas calificaciones insólitas. Con esa lógica peculiar que da el odio, como diría Borges, este periodista asegura que los dos ex presidentes «se fugaron» a Roma y le atribuye a esa decisión algo de hipocresía ya que, afirma, lo hicieron «en un avión atiborrado de peregrinos más sinceros». Por lo visto, desde el mirador dominical de Morales Solá se pueden escudriñar los grados de pesar y fe en el corazón de Menem y Duhalde pero también el destino y la sinceridad de los cientos de pasajeros que viajaron con ellos en el avión de Aerolíneas. En definitiva: el periodista lamenta que Kirchner no haya invitado a los opositores -lo cual es consecuencia según él de un mal asesoramiento-pero también que los opositores hayan ido a Roma por sus propios medios -lo que sería una manifestación de hipocresía-.

La nota aduce, además, que el Presidente no tenía excusa para no asistir a Roma ya que su madre y su hermana son de comunión diaria, con lo que también se muestra desorientado. Kirchner no debía concurrir al funeral en carácter de devoto católico, que sería una dimensión privada de su vida. Debería haberlo hecho por inteligencia política y, en todo caso, porque hay actividades y conductas que le vienen impuestas por la investidura que ostenta, ya que nadie lo obligó -más bien todo lo contrarioa ser jefe del Estado y representante de la Nación. De lo contrario, si se sigue el argumento del periodista de «La Nación», Bush o Carlos de Inglaterra no deberían haber concurrido porque no son católicos (igual que la gran cantidad de musulmanes que había en San Pedro) ni tienen hermana de comunión diaria.

Después de estas inconsecuencias, Morales Solá ejerce un oficialismo más cómodo hablando de la interna del PJ bonaerense. Su secuencia aquí es que «la candidatura de Cristina Kirchner es inevitable» y, por lo tanto, «Chiche quiere el lugar de Cristina». Luce bien la ironía que carga el propio cronista sobre sí mismo, cuando tímidamente aduce, entre paréntesis, que podría verse al revés, que Cristina quiere el lugar de Chiche. Apunta el columnista que habrá una negociación impulsada por Pampuro, Alberto y Aníbal Fernández y también por Juan José Alvarez. Deja pasar la curiosidad de que este bonaerense, hasta hace horas cabeza del grupo Lealtad de apoyo a Duhalde, ahora aparezca en el lote del gobierno. Observa bien, Morales Solá, que mientras discurre este conflicto hay quienes llaman a la puerta. Menciona a dos españoles: Rodrigo de Rato y José Luis Rodríguez Zapatero. Uno por la urgencia del Fondo y otro por la de los convenios con empresas españolas aguardan una respuesta de Kirchner mientras éste atiende el laberinto bonaerense.

VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín»

PRESCINDIBLE: Para coleccionar el artículo del columnista de «Clarín» este fin de semana: por primera vez se anima a enviarle un reproche a Rafael Bielsa por haberse dedicado a comentar con ironías los vaivenes de Carlos Menem y Eduardo Duhalde, en Roma, en vez de guardar la circunspección que exigía un funeral. Llamativo lo de Bielsa, hasta para su habitual apologista Van der Kooy. Por lo demás, la nota puede leerse sin demasiado provecho, sobre todo si ya se leyó antes la de Morales Solá en «La Nación» (o al revés).

Van der Kooy se queja de la inasistencia de Kirchner en Roma pero también es más duro con Menem y Duhalde, a quienes les reprocha no haber avisado a la Casa Rosada que tenían pensado viajar (un paso más y los dos ex presidentes deberían haberle pagado el viaje al que está en ejercicio). El columnista del monopolio se centra en el conflicto entre Kirchner y Duhalde. Habla de «malos pasos» del ex presidente y le enrostra, con razón, haber llevado más allá de lo razonable la puja con Felipe Solá; pero también desdeñar la candidatura de Cristina Fernández «de la cual fue uno de los primeros impulsores» (¿?); haber permitido la postulación de Chiche Duhalde y haber dejado circular su propia candidatura. Es llamativo cómo Van der Kooy tomó partido en esa contienda este domingo.

Hasta el punto de afirmar algo tan dudoso como que la Cancillería brasileña se haya inmiscuido preguntando si le renovarán el mandato a Duhalde en el Mercosur.

En un dúo ya clásico con Morales Solá, dice que hay dos problemas en la negociación: que Cristina es no negociable para Kirchner y que Solá algo querrá llevarse de un acuerdo. También adelanta una negociación aunque da otros nombres entre sus impulsores (De Vido, Alberto Fernández, Hugo Curto, Antonio Arcuri).

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