Comentarios políticos de este fin de semana
(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)
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El Gobierno acelera a 2027 con el riesgo de que se corra el eje de la grieta: de "anti K" a "anti Milei"
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Berni no descarta ser candidato a gobernador: "Voy a estar donde el proyecto me necesite"
Ricardo López Murphy y Aníbal Ibarra
«Clarín».
«La Nación».
Prescindible: El columnista supera esta vez a su colega del monopolio por lo menos en dónde pone el foco: sin duda el principal problema de la política nacional está, sobre todo esta semana, en la provincia de Buenos Aires. Además, intenta por lo menos ofrecer una lectura que organice, aunque sea de modo discutible, los datos que ofrece la cotidianeidad o que cuentan los funcionarios en sus charlas, siempre «off the record». Sin embargo se pierde después Morales Solá en el jardín de bifurcaciones que él mismo propone.
La nota adopta como propio el enfoque que ya se expuso hace mucho en este diario (ver nota de Tapa): en octubre se enfrentarán dos «ecosistemas», superadores de las anteriores contradicciones de peronistas y radicales. El centroizquierda de Kirchner contra el centroderecha de Ricardo López Murphy y Mauricio Macri.
Finalmente, el columnista esgrime que el mejor producto electoral que puede ofrecer Kirchner es un buen gobierno. Como siempre, eso lo lleva directamente a la figura de Roberto Lavagna y la urgencia de que se negocien los contratos con las empresas privatizadas. No consigna que esa urgencia se debe a que para Lavagna se ha vuelto imprescindible el acuerdo con el Fondo dado que el estado de la cuenta fiscal hace ya imposible hablar de desendeudamiento (es decir, seguir pagando sin cumplir ningún compromiso, como hizo hasta ahora).
También en lo internacional Morales Solá ofreció ayer más que su colega de «Clarín»: acierta cuando dice que la crisis boliviana ayuda, indirectamente a Kirchner, ya que vuelve más necesario para el Departamento de Estado de los Estados Unidos cooperar con un gobierno que, más allá de todo, ofrece garantías respecto de la estabilidad política de un área importante del Cono Sur.
GRONDONA, MARIANO
«La Nación».
Regular: El ensayista resultó este fin de semana más contundente que otras veces en su juicio sobre Néstor Kirchner. El núcleo de su columna es la conexión entre dos pretensiones del Presidente: la consolidación de la «unidad nacional» y la realización de un plebiscito sobre su propio liderazgo en las próximas elecciones legislativas. Elogia Grondona la primera intención pero lamenta que sea mal interpretada por el propio Kirchner. La convocatoria, aunque más no sea retórica, a un plebiscito supone una versión facciosa de la unidad nacional. Es decir, una concepción que sólo entiende el consenso como el sometimiento general a un liderazgo único. Esta manera de entender el pacto entre los argentinos confunde la parte con el todo, dice la nota. Y esa confusión asimila a Kirchner con una larga tradición nacional sólo interrumpida, en la versión necesariamente estilizada de Grondona, en dos momentos: el período de la organización posterior al Acuerdo de San Nicolás y el pacto Perón-Balbín, aunque haya sido una experiencia sitiada por la insurgencia y la represión clandestina. Para Grondona la unidad nacional que Kirchner pretende derivar del «plebiscito» de octubre no promete ser otro «intervalo lúcido», como aquellos otros dos. Resultaría, de nuevo, la sustitución de un ismo personal (en este caso el « kirchnerismo») por el consenso más trabajoso y variado del simple patriotismo.
VERBITSKY, HORACIO
«Página/12».
Prescindible: En un ejercicio completo de periodismo «que apoya», Verbitskyhace de cronista de la corona y declarainaugurado, desde este momento, la segunda mitad del mandato de Néstor Kirchner. Aunque no explica la estética de la efemérides (cada día, después de todo, es un aniversario) puntualiza que el rumbo de esta nueva etapa pasa por el aumento de salarios a los empleados públicos, docentes y no docentes. Todo un ejemplo de la ideología de quien cree que gobernar un país es gobernar a los empleados públicos.
Aunque la prosa de la explicación parece describir una especie de revolución social, el periodista desarrolla varias justificaciones de por qué el gobierno no mejora la situación general: bajo la gestión Kirchner la desigualdad creció -los ricos más ricos, los pobres más pobres- pero en realidad es algo que pasa en todo el mundo en lo que describe como una «maldición global».
Otro justificativo es la crítica al método para medir la pobreza en el país: el INDEC, dice Verbitsky, parámetros exageradamente generosos para la economía y muy exigentes para el gobierno. Con los mismos parámetros, en Brasil la pobreza sería de 80%. Algo así como condenar al mensajero; para los pobres otro consuelo del «mejor que no se quejen porque en Brasil sería peor».
También el periodista se ocupa de exaltar una especie de reforma fiscal de facto introducida por la aplicación de las retenciones, lo que ha reducido el peso de los gravámenes al consumo en el total de lo recaudado, algo que en la superficie cumple el viejo reclamo de reducir los impuestos regresivos (ricos y pobres pagan la misma alícuota del IVA) y aumentar los que castigan a las rentas personales y a las ganancias. Eso no es una reforma sino la consecuencia del afán del Estado de echar mano de la única renta fácilmente imponible y sobre la cual siempre se apoyó el Tesoro, que son las exportaciones. Verbitsky elogia esta reforma forzada por la necesidad de la crisis del año 2002 pero se cuida de ponerle un límite, ya señalado por muchos: ¿qué ocurrirá cuando los precios internacionales dejen de ser tan favorables para los commodities que coloca el país en el mercado global y las retenciones dejen de aportar a la recaudación como lo han hecho hasta ahora?
El resto del panorama político no aporta mucho: castiga por «noventistas» a Macri y López Murphy pero no explica por qué el gobierno se preocupa cada hora más por la debilidad con la que enfrenta las elecciones en la Capital Federal. Se ríe de la devaluación política de Duhalde pero castiga al principal aliado del Presidente, Felipe Solá, como un «cuatro de copas». Sobre el final aporta una metáfora estridente: si Chiche Duhalde le deja la candidatura a senadora a Cristina de Kirchner sería algo equivalente a lo que hizo en Chile Soledad Alvear (DC) con Michelle Bachelet ( socialista) al cederle la candidatura presidencial.
Eso sería, sin embargo, admitir que Kirchner es Lagos y que el kirchnerismo es un partido aliado al peronismo. Kirchner es, aunque se esfuerce en disfrazarse de otra cosa, un dirigente tradicional del PJ que tiene cargos públicos en representación de ese partido desde su más tierna juventud ( debutó en 1983 en una caja de previsión provincial). Tampoco Kirchner es Lagos aunque quiera entretenerse el periodista en las comparaciones.
Sobre comparaciones, Verbitsky incurre en otra en su panorama: Cromañón es a Ibarra lo que las inundaciones han sido para Reutemann en Santa Fe. La diferencia, a favor de éste -algo increíble en el Verbitsky que todos conocen- es que el santafesino enfrentó en la opinión pública las críticas de las que ha querido huir el jefe porteño. ¿Un amor otoñal por Lole? Quizás algo más mezquino: ser fiel al ala pingüina del gobierno que esmerila hora a hora a Alberto Fernández por sus relaciones estrechas con el ibarrismo.
El afán de elogiar a Kirchner lo lleva a Verbitsky a groseros errores como cuando señala que al efectivizar el Presidente a 10 mil empleados públicos, logra que tengan vacaciones, obra social y jubilación. Los contratados tienen obra social, vacaciones y jubilación que les otorga el Estado en el lapso de su contrato. La única diferencia es que cada tres, cuatro o doce meses, de acuerdo con el tipo de contrato deben renovarlo.
Además, con la efectivización lo que hace el Presidente es liberar los cupos de los distintos legisladores para ubicar su gente, algo que obvio, Verbitsky omite.



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