26 de septiembre 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

Antonio Boggiano y Rodrigo de Rato
Antonio Boggiano y Rodrigo de Rato
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Bueno: El periodista enfoca dos casos para sostener una afirmación importante: Néstor Kirchner, que embistió hasta ahora contra todas las « corporaciones» existentes -si se quiere incluir en esa categoría al empresariado, la Iglesia, la prensa y las Fuerzas Armadas, por ejemplo- exhibe una prudencia sospechosa respecto de los sindicatos. Para justificar esa constatación, Morales Solá recuerda fugazmente las tropelías de Hugo Moyano con los supermercadistas pero se basa en dos episodios que están en curso. Uno, el de los gremialistas de Aerolíneas Argentinas, que enloquecieron el transporte aerocomercial durante el fin de semana con la complicidad de Ricardo Cirielli, subsecretario del área y gremialista de los mecánicos de aviones. Otro, el de los gremialistas de teléfonos y su acoso a las empresas extranjeras que, por ventajas competitivas que encuentran en el mercado argentino, han decidido establecer aquí sus call centers. En el caso de Cirielli, Morales Solá no profundiza demasiado en el vínculo de este sindicalista con Kirchner. Si lo hiciera, tal vez descubriría que fue a instancias de Cirielli y por motivos propios de su corporación gremial, que Kirchner resolvió aplicar un cuantioso subsidio a la empresa Southern Winds, que terminó envuelta en el escándalo por tráfico de drogas a España. La nota de este columnista hace un vuelo rasante por un caso que agitó el monopolio «Clarín» la semana pasada (un proyecto de ley para extender el secreto de estado a datos y áreas que hoy no están protegidos por esa cláusula) para aterrizar en las negociaciones entre Roberto Lavagna y el Fondo.

Ahora que esas negociaciones parecen iniciarse y que Lavagna necesita con cierta urgencia de ese entendimiento (sobre todo por el problema de financiamiento que apareció en la última colocación de un bono en dólares, fracasada), a los lectores argentinos se les ofrece un nuevo Rodrigo de Rato. El nuevo Rato es autocrítico -por unas afirmaciones bastante obvias del español en su presentación durante la Asamblea del Fondo que se realizó este fin de semana en Washington- y, gracias a la bibliografía madrileña, ahora se sabe que se oponía a la Guerra de Irak en la que se involucró su jefe José María Aznar. Olvidó Morales Solá, extrañamente, algo obvio: si Rato es titular del Fondo es por la participación de España en esa intervención, que George W. Bush y los Estados Unidos quisieron premiar promoviendo internacionalmente al ministro de Finanzas del gobierno que la había dispuesto (con lo cual también Aznar compensaba a su colaborador por la derrota frente a Mariano Rajoy en la pelea por la presidencia del Consejo).

BLANCK, JULIO.
«Clarín».

Prescindible: El columnista del monopolio comienza su nota contando una conversación con Néstor Kirchner, en la que el Presidente habla -como de costumbre- de números:

«Donde peor estamos ganamos por 13 o 15 puntos», dice en referencia a la provincia de Buenos Aires y su competencia con el duhaldismo. Los otros números son los del INDEC sobre disminución de la pobreza y de la indigencia. Blanck consigna que Kirchner quiere que esos números disminuyan a la mitad antes de irse. Todo un desafío si se tiene en cuenta la reaparición de la inflación en la Argentina, que deteriora los ingresos más pequeños antes que nada.

El columnista consigna después tres datos, de dispar impacto informativo: 1. El gobierno jamás supuso, en serio, que Suez se marcharía de Aguas Argentinas. Entendió que la postura firme de la empresa expresaba sólo una posición negociadora. Afirma algo bastante obvio y es que el embajador de Francia siempre abogó por los intereses de la empresa francesa. 2. Si bien no lo vincula con el caso de Aguas, Blanck afirma que Kirchner y, sobre todo, su esposa Cristina se preparan a dar por tierra un acuerdo casi consumado con el Vaticano por el caso de Antonio Baseotto. El Presidente querría revisar el tratado con la Santa Sede que dio origen al Vicariato Castrense, en 1957. Como es sabido, se trata de la posición de la izquierda oficialista encabezada por el periodista y vocero Horacio Verbitsky. 3. La nota termina con una información de color, que sirve para medir la temperatura en algunas relaciones oficiales: la Casa Rosada quiere saber cuál es el grado de complicidad entre Roberto Lavagna y Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara y principal exponente del duhaldismo parlamentario.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Lució enojado el ensayista en su nota de ayer. Eligió un tema extraño, sin una motivación inmediata que lo justifique: la historiografía nacional. En los primeros párrafos, Grondona localiza el lugar del historiador en la cultura, como el mediador entre la sociedad y su pasado colectivo. Después clasifica a los historiadores como profesionales o improvisados. Entre los primeros ubica a quienes, sin evadirse de su propia subjetividad, ajustan su saber a las condiciones de un método científico. Intentan, por eso, eludir el anacronismo, que consiste en proyectar sobre el pasado categorías o valores que dominan el presente. Grondona incluye aquí a liberales y revisionistas e identifica, casi como un derivado de la discusión entre esas dos corrientes, a la historiografía académica. Da nombres, casi exclusivamente de su generación y, debería consignarse, de «su» diario (Botana, Floria, Luna, García Belsunce, Cortés Conde, los Gallo, García Hamilton).

El otro tipo de historiadores, el de los improvisados, permanece anónimo. Se refiere con esa palabra a quienes manipulan la historia por un afán comercial de divulgación o por un afán ideológico de tergiversación. O por ambas cosas. ¿Mario «Pacho» O'Donnell, Felipe Pigna pertenecen a esta categoría? Grondona ni siquiera nombra a Martín Sivak, quien le dedicó bajo el apresurado título «El Doctor» (podría haberlo llamado «El profesor», como Jorge Asís) una de esas biografías «no autorizadas» que suelen ser panfletarias y chismosas. ¿Será a este trabajo que Grondona dedicó su columna de ayer? ¿Será por eso que, frente a un tema casi teórico, apareció tan irritado?

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».

El cronista se gana el día con un resumen de las posiciones de los jueces de la Corte Suprema en torno a la pesificación, sin novedades respecto de lo que se ha publicado pero igualmente útil. Según ese informe la actual Corte está cerca de una solución a la demanda de los ahorristas que, en el peor de los casos, va a terminar reconociéndoles un dólar de $ 2,33, es decir muy cerca de la cotización de mercado. La diferencia entre las posiciones de los magistrados es acerca de quién tiene que pagar esa diferencia para terminar con la andanada de juicios, si el bolsillo de los ahorristas, si los bancos, o si Estado -responsable de la pesificación- a través de un nuevo bono.

Como todo lo que este cronista hace tiene una explicación estratégica, ésta se revela en un recuadro aparte: convencer al gobierno de que no tiene que protegerlo a Boggiano en la votación de esta semana -el miércoles 28 de setiembre- porque su voto que avala la pesificación no es necesario. El temor de este influyente en el gobierno es que algunos senadores crean que Boggiano debe seguir en la Corte porque apoya la legalidad de la pesificación.

Esta descripción del mapa de opiniones en la Corte sobre la pesificación también abona una segunda intención: sostener el proyecto de dejar la Corte en siete miembros y convencerlo al gobierno de que no les busque reemplazantes al renunciante Augusto Belluscio y al eventualmente separado Boggiano. Si en la actual integración el edificio de la pesificación no peligra, ¿para qué aumentar la cantidad de los miembros? La cantidad de miembros de la Corte es un asunto opinable y que divide a los juristas y a los políticos. Verbitsky es el responsable del CELS, una ONG que ha apoyado antes ya la reducción de la Corte, y con esta defensa de la Corte chica lo que parece buscar es defender el poder de ese ente, al cual el gobierno halaga haciéndole caso en todo lo que propone. Quizás, esto es más difícil de saber, a Verbistky se le han terminado los candidatos a la Corte y ya no le interesa que Kirchner siga designando gente en el tribunal.

Un recuadro que acompaña a la nota principal lo dedica el columnista a un escarnio de la figura de Boggiano recordando su carrera como juez y los trompicones que ha tenido por sus sentencias.

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