Comentarios políticos de este fin de semana
(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)
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George W. Bush y Hugo Chávez
«La Nación».
Bueno. El columnista aporta buena información sobre las consecuencias de la cumbre de Mar del Plata en las relaciones entre el gobierno argentino y Estados Unidos. El deterioro, afirma Morales Solá, es el problema más serio que le haya tocado atravesar a Néstor Kirchner desde que asumió.
«La Nación».
Frente a ellos se alza el «nacionalismo a la defensiva» de países como la Argentina y Brasil, a los que califica como las economías más cerradas del mundo. Encarnándose en la imagen del puercoespín, se cierran cerrilmente al mundo exterior, eligen «vivir con lo nuestro» (título del libro de Aldo Ferrer, un manifiesto en los años '80 de esta opción) y huyen de cualquier negociación que exija reciprocidad. Si México ante el Nafta hubiera elegido el modelo del puercoespín, dice Grondona, no hubiera podido hace subir en once años las exportaciones de u$s 35 mil millones (es lo que vende hoy la Argentina) a los actuales u$s 200 mil millones. Eso exime a Vicente Fox de reproches de «entreguismo» -lo señaló con esa acusación Hugo Chávez durante la cumbre de Mar del Plata- al admitir un mercado común y abierto con Canadá y los Estados Unidos que ha sido apoyado por todos los presidentes desde 1994 (Salinas de Gortari, Zedillo, él mismo) y también por los principales candidatos a sucederlo. Esa línea, además, recibió el apoyo de 29 países en la última cumbre de Mar del Plata. Alguna razón debe tener esa mayoría.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Prescindible. Con poca información nueva -salvo el dato de que Néstor Kirchner se ha dado seis meses para ajustar el rumbo de su gobierno, aunque el propio periodista se pregunta la razón de ese lapso, y no otro- el columnista coincide con sus colegas del oficio dominguero en que a Kirchner le costará más de lo que cree remediar el entuerto que armó con Estados Unidos en al cumbre de Mar del Plata.
Esa pelea, que en realidad ninguno de los columnistas ha atinado a explicar, le saca la ayuda de Washington en la negociación con el FMI. Las relaciones con el organismo son sobrellevables en lo que queda del año y en 2006, pero se complicarán en 2007, año en que Kirchner peleará un nuevo mandato.
La segunda amenaza, y que dependerá ahora de los actos de gobierno, es la inflación, madre de los reclamos gremiales y culpa -según la óptica oficial- de una conspiración de supermercadistas. Haber ganado las elecciones en Buenos Aires le permite alguna interlocución con los «gordos» cegetistas, enfrentados sin embargo todos con Hugo Moyano, enojado a su vez con sus colegas pero también objeto de la ira del Presidente por hacer huelgas en medio de la campaña electoral.
Ensaya algún «suspense» el columnista con los cambios de puestos del gabinete, pero limitados a embajadas -Brasil, Washington, París-, aunque no aporta nombres de reemplazantes. El final se lo dedica Van der Kooy, también sin mucha información y exceso quizás de glosa, al meneado pase de Eduardo Borocotó del macrismo al kirchnerismo.
Ese dato, sumado al de la renuncia del gobernador Angel Maza a la banca de senador ganada el 23 de octubre para que asuma su hermana, concluye con la obviedad de que la crisis de la política argentina sigue intacta.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».
Prescindible. El cronista-asesor se emplea al máximo para cuidar al Presidente, a quien creerá cerca de la tentación de salirse del buen camino. Ante la astracanada del pase de Eduardo Borocotó al oficialismo sin escalas y antes de tiempo, usa una metáfora graciosa: Borocotó es un eyaculador político precoz que hace peligrar todo lo bueno que hizo este Presidente. En un gesto de pluma libidinosa Vebitsky llega al extremo de decir: «Kirchner ha hecho demasiadas cosas buenas y justas como para que la proximidad de estos hombres lo contamine de la noche a la mañana».
¿Quiénes son estos hombres, que cuando ingresan a la Casa de Gobierno lo que buscan es contaminarse ellos? Borocotó, Ibarra, Bielsa, Solá, Díaz Bancalari, los empresarios a los que cree responsables de los aumentos de precios, etc. Como un regente en una monarquía imperfecta (Regente se define como la persona que gobierna un Estado durante la minoría de edad de un príncipe o por otro motivo), Verbitsky dedica dos páginas del periódico a advertirle al príncipe Kirchner, de quien creerá está en necesidad de su consejo, que se aleje de esas tentaciones.
En tren de derramar elogios, califica a Kirchner como el presidente más sensible a los estragos del neoliberalismo, el autoritarismo y la corrupción, tres flagelos de los que el columnista cree que el Presidente está libre de culpa y cargo. En tren de fantasear opina que la buena luna que asiste al mandatario es la misma que asoma en el firmamento con las críticas de la prensa de su país a Bush y a Fox por no haber podido hacer avanzar el ALCA, las derrotas de los republicanos en ese país, la quema de autos en Francia, la derrota de la ley antiterrorista de Tony Blair en el Parlamento británico. Con tanta acumulación de «Google», Verbitsky llama a Kirchner a que no se engañe, que entienda que camina en el sentido de la historia, para que no vuelva a recibir en su despacho (acompañado por fotógrafo) a Borocotó, ni a Díaz Bancalari ni a Solá -algo en lo cual seguramente Kirchner encuentra mucho placer, porque lo hace casi a diario-. Pero el Regente cree a veces que el Príncipe no entiende, algo de lo que se termina vengando el Príncipe apenas llega a la mayoría de edad.


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