14 de noviembre 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

George W. Bush y Hugo Chávez
George W. Bush y Hugo Chávez
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Bueno. El columnista aporta buena información sobre las consecuencias de la cumbre de Mar del Plata en las relaciones entre el gobierno argentino y Estados Unidos. El deterioro, afirma Morales Solá, es el problema más serio que le haya tocado atravesar a Néstor Kirchner desde que asumió.

Que el presidente argentino se dejase llevar en la cumbre por las ansias de protagonismo y quizás los compromisos con algunos amigos que estaban en la contracumbre (Chávez, Bonasso) le ha complicado las relaciones al punto de que el país ha perdido los abogados que tenía en Washington que le recordaban a la Casa Blanca y al FMI que Kirchner era un hombre que manejaba una retórica populista pero que cumplía en los actos con lo que dictaba una buena relación bilateral.

Que Kirchner agraviase al secretario Tom Shannon con el mote de «patotero» y el maltrato al propio Bush agravaron como nunca la posición del país de cara a la negociación con el FMI, tema del cual fue imposible apartarlo a Kirchner cada vez que habló en público. Bush, según consigna Morales Solá, se desentendió del asunto estando ya en Mar del Plata, gesto que se extendería a los demás países del continente que hasta ahora habían apoyado a la Argentina ante ese organismo. Todo depende, dice el columnista, «de la buena voluntad de Rato» (por el titular del FMI).

La nota ensaya una explicación: que el presidente argentino, además de su temperamento, se haya dejado llevar por el cálculo ante la declinación del poder y la popularidad de Bush en su país, olvidando que seguirán en sus puestos cada uno hasta el final de sus respectivos mandatos. Es decir, forzados a convivir, algo para lo cual sería mucho mejor un tono más amigable de cohabitación. Un hallazgo informativo: la respuesta de Alejandro Toledo a Chávez cuando éste le habló de pobreza: «No me hables a mí de pobreza, porque yo la conozco. Nací pobre, ¿por qué no puedo pensar distinto?». Una herida abierta en la administración chavista es la incapacidad de mejorar la distribución de las rentas crecientes del petróleo, algo que ha aumentado las cotas de miseria en Venezuela.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Regular. La entrega la dedica Grondona a una taxonomía de efecto pedagógico sobre cómo actúa el nacionalismo en diversos países, con motivo de las críticas que recibió Vicente Fox por defender el tratado de libre comercio de las Américas. El de Fox, afirma el columnista, es un ejemplo del «nacionalismo competitivo» que alientan países que defienden sus intereses pero no temen negociar admitiendo la competencia de los otros países en sus mercados. México, como Chile, Japón, Corea, China, India, se encarnan en la imagen del zorro (la toma en realidad del libro «El zorro y el puercoespín», del chileno Claudio Véliz), que busca su alimento arriesgando en terreno ajeno siempre con el propósito de proteger su guarida.

Frente a ellos se alza el
«nacionalismo a la defensiva» de países como la Argentina y Brasil, a los que califica como las economías más cerradas del mundo. Encarnándose en la imagen del puercoespín, se cierran cerrilmente al mundo exterior, eligen «vivir con lo nuestro» (título del libro de Aldo Ferrer, un manifiesto en los años '80 de esta opción) y huyen de cualquier negociación que exija reciprocidad. Si México ante el Nafta hubiera elegido el modelo del puercoespín, dice Grondona, no hubiera podido hace subir en once años las exportaciones de u$s 35 mil millones (es lo que vende hoy la Argentina) a los actuales u$s 200 mil millones. Eso exime a Vicente Fox de reproches de «entreguismo» -lo señaló con esa acusación Hugo Chávez durante la cumbre de Mar del Plata- al admitir un mercado común y abierto con Canadá y los Estados Unidos que ha sido apoyado por todos los presidentes desde 1994 (Salinas de Gortari, Zedillo, él mismo) y también por los principales candidatos a sucederlo. Esa línea, además, recibió el apoyo de 29 países en la última cumbre de Mar del Plata. Alguna razón debe tener esa mayoría.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Prescindible.
Con poca información nueva -salvo el dato de que Néstor Kirchner se ha dado seis meses para ajustar el rumbo de su gobierno, aunque el propio periodista se pregunta la razón de ese lapso, y no otro- el columnista coincide con sus colegas del oficio dominguero en que a Kirchner le costará más de lo que cree remediar el entuerto que armó con Estados Unidos en al cumbre de Mar del Plata.

Esa pelea, que en realidad ninguno de los columnistas ha atinado a explicar, le saca la ayuda de Washington en la negociación con el FMI. Las relaciones con el organismo son sobrellevables en lo que queda del año y en 2006, pero se complicarán en 2007, año en que Kirchner peleará un nuevo mandato.

La segunda amenaza, y que dependerá ahora de los actos de gobierno, es la inflación, madre de los reclamos gremiales y culpa -según la óptica oficial- de una conspiración de supermercadistas. Haber ganado las elecciones en Buenos Aires le permite alguna interlocución con los «gordos» cegetistas, enfrentados sin embargo todos con
Hugo Moyano, enojado a su vez con sus colegas pero también objeto de la ira del Presidente por hacer huelgas en medio de la campaña electoral.

Ensaya algún «suspense» el columnista con los cambios de puestos del gabinete, pero limitados a embajadas -
Brasil, Washington, París-, aunque no aporta nombres de reemplazantes. El final se lo dedica Van der Kooy, también sin mucha información y exceso quizás de glosa, al meneado pase de Eduardo Borocotó del macrismo al kirchnerismo.

Ese dato, sumado al de la renuncia del gobernador
Angel Maza a la banca de senador ganada el 23 de octubre para que asuma su hermana, concluye con la obviedad de que la crisis de la política argentina sigue intacta.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».

Prescindible. El cronista-asesor se emplea al máximo para cuidar al Presidente, a quien creerá cerca de la tentación de salirse del buen camino. Ante la astracanada del pase de Eduardo Borocotó al oficialismo sin escalas y antes de tiempo, usa una metáfora graciosa: Borocotó es un eyaculador político precoz que hace peligrar todo lo bueno que hizo este Presidente. En un gesto de pluma libidinosa Vebitsky llega al extremo de decir: «Kirchner ha hecho demasiadas cosas buenas y justas como para que la proximidad de estos hombres lo contamine de la noche a la mañana».

¿Quiénes son estos hombres, que cuando ingresan a la Casa de Gobierno lo que buscan es contaminarse ellos? Borocotó, Ibarra, Bielsa, Solá, Díaz Bancalari, los empresarios a los que cree responsables de los aumentos de precios, etc. Como un regente en una monarquía imperfecta (Regente se define como la persona que gobierna un Estado durante la minoría de edad de un príncipe o por otro motivo), Verbitsky dedica dos páginas del periódico a advertirle al príncipe Kirchner, de quien creerá está en necesidad de su consejo, que se aleje de esas tentaciones.

En tren de derramar elogios, califica a Kirchner como
el presidente más sensible a los estragos del neoliberalismo, el autoritarismo y la corrupción, tres flagelos de los que el columnista cree que el Presidente está libre de culpa y cargo. En tren de fantasear opina que la buena luna que asiste al mandatario es la misma que asoma en el firmamento con las críticas de la prensa de su país a Bush y a Fox por no haber podido hacer avanzar el ALCA, las derrotas de los republicanos en ese país, la quema de autos en Francia, la derrota de la ley antiterrorista de Tony Blair en el Parlamento británico. Con tanta acumulación de «Google», Verbitsky llama a Kirchner a que no se engañe, que entienda que camina en el sentido de la historia, para que no vuelva a recibir en su despacho (acompañado por fotógrafo) a Borocotó, ni a Díaz Bancalari ni a Solá -algo en lo cual seguramente Kirchner encuentra mucho placer, porque lo hace casi a diario-. Pero el Regente cree a veces que el Príncipe no entiende, algo de lo que se termina vengando el Príncipe apenas llega a la mayoría de edad.

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