29 de mayo 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Lavagna y Guillermo Moreno
Roberto Lavagna y Guillermo Moreno
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Incursiona en su columna dominical poco en el acto del 25 de Mayo pero fuerte. «Una plaza con continente y sin contenido, conmovedoramente vacía de conceptos y pensamientos», dice. Destaca el posible empinamiento de los candidatos de la oposición -cita a Roberto Lavagna- «ante el eventual peligro de un gobierno que subiera los actuales decibeles de intolerancia y omnipotencia» y pronostica a Néstor Kirchner riesgo de reelección si en 2007 hubiera segunda vuelta para Presidente. Esto se lo atribuye, como vaticinio, a Eduardo Duhalde pero no es mérito; este ex presidente siempre previó el triunfo del segundo en cualquier ballottage, como apostaba por Kirchner contra Menem y acertó aunque nadie podía prever todos los errores que el riojano cometió desde la misma noche en que ganó la primera vuelta. Más que de Duhalde, siempre se dice que Kirchner tiene adhesiones políticas forzadas por el reparto de dinero desde el Estado que puede disponer en época de abundancia. Si quedara claro que puede ser presidente y manejara esa misma abundancia otro que no fuera Kirchner, muchos cesarían un acercamiento al gobierno que fue forzado para seguir en la vida pública y, en algunos casos, hasta humillante por la reacción de la sociedad ante el «giro al oficialismo».

Esto rige para una segunda vuelta, es cierto, pero también antes de la primera porque hay quienes pueden apostar al «batacazo» en los comicios de 2007. Mostrarse «anti-Kirchner» sería una hazaña de alto riesgo pero también de alto pago si se da.

Será distinto a la elección de octubre pasado porque fuera como le fuese en las urnas, Néstor Kirchner iba a seguir manejando «la Caja». Allí apostar en contra era suicidio. También puede serlo en 2007, pero menos.

No analiza el acto del 24 de mayo -recordación de víctimas de la subversión- y dedica la primera parte el columnista de «La Nación» a la Economía y, se sabe, allí Morales Solá es muy flojito. Tanto que hasta sorprende por los errores que expone como que los «capitales del mundo podrían ir a los centros bursátiles de Estados Unidos por las tasas altas». ¡Pero no a los «mercados bursátiles» o sea acciones de Wall Street sino a los títulos del Tesoro norteamericano que son los que elevan tasas e inclusive deprimirán el precio de las acciones! Confunde luego «consecuencias» con»motivos» de la bonanza actual argentina. Superávit de la balanza de pagos es «consecuencia» del panorama mundial, no pilar base. Es un error numérico decir que la inversión podría ser la mitad del año pasado. Evidentemente falta inversión, desde el interior y desde el exterior, pero no puede bajar «a la mitad» (que sería 11% del PBI). Faltarían 2 o 3 puntos respecto del año pasado. Sobre los vaivenes de las finanzas mundiales en la semana anterior no se puede decir, como hace este columnista, que vayan a afectar -porque precisamente no afectaron- los precios de granos (soja y restantes) y ni casi del petróleo. Fue una crisis financiera, no económica, y menos de demanda aunque ésta siempre termine afectando un poco. Con menos deuda externa en dólares la Argentina puede verse tocada pero menos porque los chinos no dejarán de comer. Tampoco, como dice Morales Solá, el actual auge mundial que tanto benefició al gobierno Kirchner y le permite gobernar sin plan económico, proviene del auge del precio del cobre (aquí sólo incrementó los robos de cable) ni del petróleo que enriqueció a Hugo Chávez. Nosotros somos agrodependientes y, sobre todo, sojadependientes. Por más crisis internacional que haya los chinos seguirán comprando: tienen 700.000 millones de dólares sólo en reservas, principalmente en oro.

El gobierno Kirchner, eso sí, puede ser jaqueado por lo interno (inflación, precios fijos que pueden traer mercados negros, avance del gasto público que ya le devoró casi 2 puntos del superávit fiscal en relación con años atrás, etc.). Más que por lo externo, donde al cancelar deuda quedó mucho menos expuesto. Que caiga el dólar lo beneficia contra el euro, por caso.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación.»


En el estilo habitual de las columnas en las que despliega paradojas y dilemas morales, Grondona señala tres hechos de la semana que pasó como falsificaciones de la democracia: la caída de la candidatura de Atilio Alterini al rectorado de la UBA, la prohibición a Luis Patti a acceder a una banca en el Congreso y la concentración kirchnerista en Plaza de Mayo. Grondona recuerda una expresión de Thomas Gresham (inglés, siglo XVI) sobre que la moneda de menor valor -o falsa- puede desplazar a la moneda auténtica.

Esos tres hechos reseñados se pergeñaron en nombre de la democracia: Alterini tenía mayoría de votos de los consejeros que eligen rector pero los estudiantes revoltosos que frustraron las sucesivas asambleas que se convocaron lo hicieron en nombre de una democracia real que ellos encarnarían.

De la misma manera los diputados que frenaron a Patti en Diputados (164, no 160 como dice él) invocaron los fueros de la democracia, atribuyéndose una legitimidad que le niegan a los 400 mil votantes que optaron por el ex comisario en las elecciones del 23 de octubre.

La ilusión de que una plaza llena es una expresiónlegítima e institucional de la democracia,recuerda Grondona, ha capturado no sólo a los peronistas sino a antiperonistas, a civiles y a militares. En un nivel parecido de ilusión, el columnista propone que los argentinos renuncien a la plaza; un imposible para la cultura política criolla que cuenta con ese mito de la muchedumbre que otros países -quienes conservaban ese resabio autoritario- dejaron atrás hace más de medio siglo.


VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


El valor de la columna es que recoge las opiniones de Néstor Kirchner sobre el acto del 25 en la Plaza de Mayo. Aquí las opiniones, que conviene retener textualmente, aunque no hay muchas novedades en datos o en opinión de boca del Presidente:   

  • «Lo que me gustó fue que todo se hizo en orden y en paz. Se respiró tranquilidad y también esperanza.»   

  • «Cuando dije 'volvimos' no me referí a los 70. Tendría que estar loco. Este es otro país. Dije 'volvimos' porque los últimos recuerdos populares en la Plaza están asociados a la tragedia de 2001, cuando todo se vino abajo.»

    Un intento de enmendar una frase que no necesita explicaciones: la dijo el Presidente tras presentarse con Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.   

  • «Los ómnibus movilizados no significan que el aparato haya funcionado como antes. A la gente hay que trasladarla. No hay otra. Pero a la gente esta vez no se le pagó, no se la obligó a concurrir ni se la sacó de sus trabajos.»   

  • «(Los sindicalistas) creo que han evolucionado bastante. Incluso los gordos de la CGT. Más que muchos que se dicen progresistas. Debo admitir que nos están ayudando en esta lucha contra la inflación. A los dirigentes hay que esperarlos. Hay que inducirlos al cambio hasta que haya una renovación generacional. Es así. Nada se arregla pegándoles un tiro como hicieron con Rucci (José Ignacio).»

    Esta frase, como la anterior sobre la vuelta a la plaza y el intento de tomar distancia de Gelbard es otra forma de quitarse el ropaje setentista con que apareció en la plaza, algo que seguramente debe haber detectado desentonó con el resto de los asistentes al acto, la mayoría aparato peronista que no guarda buen recuerdo de sector Tendencia de los años 70.   

  • «Los partidos tradicionales ya no son lo que fueron. Todos hablan del radicalismo, pero lo mismo le cabe al peronismo. Hay que pensar en otra cosa. Esa pelea me llevaría a una lucha con Menem y con Rodríguez Saá. Esa pelea no le interesa a nadie. Sería un retroceso para el país y para mí.»

    «La concertación allá (en Chile) también está en problemas. La Democracia Cristiana no es la de los 90. Fíjese que Bachelet armó su gabinete con ministros que casi no tienen pertenencia partidaria. Aquí el gran momento para una coalición a la chilena fue aquel abrazo entre Perón y Balbín. Los partidos estaban fuertes, eran representativos. Pero fuimos muchos los que no lo supimos entender.»

    Le informan mal al Presidente: de los veintecargos de nivel ministerial del gabinete de Bachelet, sólo tres son independientes sin partido. Entre ellos está Andrés Saldívar que es hermano de Adolfo, uno de los ex presidente de la DC chilena. El canciller Adolfo Foxley viene también de ser presidente de la DC. La concertación chilena es un modelo de concertación de partidos, no de dirigentes, como la que imagina Kirchner eligiendo individuos afines de cada partido, como Graciela Ocaña -ARI- o ahora Héctor Polino -Partido Socialista-. Es cierto además que el gobierno Bachelet está en problemas, por algunos ministros ligados a su izquierda ultra que desentona con el tono general del gobierno. También por su debilidad ante protestas estudiantiles reales, no de aparato, que han llegado a juntar 100 mil manifestantes.   

  • «Cuando hablo del proceso español me refiero a Adolfo Suárez, al Pacto de La Moncloa y a los primeros años de Felipe. Durante ese lapso se gestó la institucionalidad de ahora. El trámite llevará mucho tiempo. Tanto que superará mi presidencia. Pero hay que intentarlo.»

    Como otros dirigentes criollos mal informados, el Presidente habla de pactos de La Moncloa, algo que nunca ha amagado con hacerse aquí. Aquellos acuerdos fueron principalmente económicos y empresarios, aunque recogiesen medidas de apertura política en su texto que ya se habían tomado desde el gobierno de Suárez. Difícil que con un Guillermo Moreno pudiera hacerse en la Argentina algo similar.

  • Las exportaciones de carne: «Ese tema me tenía mal. Podemos haber cometido errores, pero las organizaciones del campo se comportaron con un mal sentido corporativo. Como si fuera la época de Gelbard. Lo importante es también que el precio de la carne no empuje la inflación. Espero que no».

    Este diario ya formuló los parecidos y diferencias entre la gestión de Miguel Revestido bajo la administración Gelbard. Debe demostrar aún Kirchner que no quiere repetir con Guillermo Moreno aquella política de precios que motivó el estallido de la economía en 1975.


    VERBITSKY, HORACIO.
    «Página/ 12».


    El único interés de esta columna es ver cómo ejerce Verbitsky el rol de consejero del Príncipe. Tras recorrer embozado en una oportuna gorra campesina los bajos del palco presidencial, el columnista desenfunda la llave inglesa para tratar de abulonar la estructura tubular del gobierno que siente tambalea por la composición inorgánica de la militancia que fue a la Plaza del 25, los malos consejos de Aníbal Fernández, que arrastró al Presidente a la encerrona del tedeum y un discurso « esquemático y deshilvanado» de Kirchner ante las masas que omitió decir en público argumentos que, dice Verbitsky, le ha escuchado en privado sobre su fuga de las estructuras del pejotismo que le llenaron la plaza. Verbitsky imagina que el 25 le ha provisto a Kirchner de un recurso impagable para mirar hacia adelante: el aglutinamiento de todos los «malos» en frente de él. Ese arco lo encabeza el «conservador populista» Jorge Bergoglio (a quien recuerda habiendo militado en la masserista Guardia de Hierro, argumento de dos libros que le ha dedicado este columnista al primado), lo alimenta la « oligarquía» ganadera que se queja de la política de precios y llora en el hombro de su colega Joaquín Morales Solá por los ataques de Guillermo Moreno (habla de la «pintoresca personalidad del fronterizo funcionario») y tiene como peones al arco de legisladores que no votaron contra Luis Patti en el Congreso.

    Esta formidable simplificación la usa Verbitsky para explicarle al Presidente que tiene que profundizar su pelea con esa oposición organizando mejor sus equipos para avanzar sobre una distribución mejor del ingreso, programa que le propone al gobierno como la única manera de alzar un muro eficaz ante tan fieros adversarios. De ese programa forma parte no prestarse en adelante al «anacrónico ritual» del tedeum. En el fondo, busca retrotraer a este Kirchner, hoy abrazado a su alianza con el peronismo bonaerense que le «llevó» gente a la plaza, a la pelea dialéctica contra la oligarquía. Al asesor le es fácil en su «dibujo» de la oposición sumar recortes de diario con declaraciones (como si Bergoglio estuviera de acuerdo con los ruralistas de La Pampa o con los alfonsinistas que rechazaron el veto a Patti en Diputados) pero no tanto organizarle las huestes al Presidente, más convencido hoy por las ventajas de su amistad con los duhaldistas del conurbano que por las reivindicaciones dialécticas que le restan votos.
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