3 de julio 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Lavagna y Felipe Solá
Roberto Lavagna y Felipe Solá
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


El columnista enfoca ese sentir de la población que se siente abrumada por calcular que seguirá viviendo muchos años bajo la gestión de Néstor Kirchner. Para ese sector la aparición de cualquier alternativa de poder con chance electoral de ganarle es tomada con suma atención. Eso representa hoy Roberto Lavagna, un hombre cuyo libreempresismo y respeto a la iniciativa privada no está nada claro, inclusive por sus antecedentes en los ya casi extinguidos peronismo y radicalismo. El columnista enfrenta el análisis de esta alternativa bajo la perspectiva del «péndulo» o sea un anti-Kirchner pero no tan anti-Kirchner, algo así como un término medio ideal que es lo que busca precisamente Lavagna al insinuarse candidato presidencial. Lo bueno de la gestión Kirchner -que vendría a significar «lo que hice yo»- sin lo malo de sus aspectos hegemónicos anticonstitucionales o vivir removiendo pasados. Es prematuro analizar a este ex ministro que por ahora se mueve en cenáculos chicos donde tener una figura de orador ya justifica una invitación y una repercusión en la prensa, sobre todo en la oficialista, que necesita declarantes críticos «con chapa» para dar aire de cierta imparcialidad frente a sus permanentes obsecuencias a todo lo que hace o deshace el gobierno. No se sabe, por empezar, si Roberto Lavagna asumiría una campaña política, siempre plagada de rispideces, o sueña con ser «proclamado» -al estilo Carlos Reutemann- el candidato opositor. Lo dicho: prematuro analizar por falta de datos y más aún colgarse ya de Lavagna.

LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».


No es de lectura imprescindible la columna de quien este domingo sustituyó al comentarista habitual. El tema que encaró no es relevante y sí bastante baladí: que el Presidente, ministros y legisladores se hayan aumentado los haberes mensuales. Al lado del despilfarro que se hace con dinero público en subsidios millonarios esto no hace ni a la moral ni al gasto importante del Estado. Pretender -como ya se decía en época de Domingo Cavallo- que un ministro maneje una deuda pública superior a los 140.000 millones de dólares, entre otras tareas, cobrando 10.000 por mes es una zoncera argentina, una utopía. Para tratar tema tan simple por lo menos debería haberse esbozado la teoría de una remuneración final de un ministro propuesta por un presidente y aprobada por un Congreso cuando volvamos a tener un país normal donde el Poder Legislativo sea capaz de discutir propuestas del Poder Ejecutivo.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


El columnista cumple con su misión de prevenir al Presidente de lo que debe y no debe hacer. Atosiga para eso al lector con un tedioso -por conocido- relato de cómo se reabrieron los juicios a militares sospechados de delitos aberrantes durante la represión clandestina de las guerrillas con el solo propósito de halagar a Néstor Kirchner y de realzar el rol de su club de ideas -el CELS, Centro de Estudios Legales y Sociales- en esa historia. Este presidente, resume Verbitsky, se apartó de la política «de olvido» de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem; otra obviedad informativa que el columnista sostiene por su militancia en un sector minoritario al cual el gobierno halaga soñando que le proporcionará protección futura, cuando sus funcionarios no tengan ya poder y sean sometidos al cadalso que la Argentina le monta siempre al que tuvo poder.

¿A qué tanta extensión para una historia ya contada? Ese relato le sirve para despachar una pelea interna con el ministro del Interior -y responsable de las fuerzas de seguridad del país- por su rechazo a dichos de la jueza Mirta Guarino, que pidió al gobierno proteger a los menores y no gastar tiempo en bajar retratos de los cuarteles. Verbitsky toma partido por la magistrada que, dice, «puede mostrar un compromiso muy anterior al de quien la mandó a callar».

Fernández, da a entender el columnista, es responsable de la situación de inseguridad que vive la provincia de Buenos Aires que atribuye, peregrinamente, a la pobreza y al maltrato carcelario del gobierno de Felipe Solá. Ante la ola criminal lo único que le preocupa a Verbitsky es destacar que antes se lo culpaba todo al «subversivo» y ahora se elige cargar culpas sobre «el negrito chorro» como si con juegos de palabras se remediasen daños y vidas perdidas por la recurrente ola de inseguridad.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El columnista dedica buena parte de su nota a comunicar al lector una selección de novedades derivadas de una charla con la ministra de Economía. De nuevo Van der Kooy presta su pluma a cantar las bondades del oficialismo. Elogia, por ejemplo, la caída del desempleo, aunque admite que sin los planes Jefas y Jefes éste sería de 12%. A Carlos Menem lo recuerda por 18,6% de desocupación. Pero no por el 13% que dejó al salir, con menores índices de pobreza que los actuales. Algún día se podrá discutir con menos apasionamiento la evolución de la economía argentina a partir de los
90.

Van der Kooy admite que hay números sombríos en el plano social. Son los que más inquietan a Néstor Kirchner, aunque nunca lo admita: si se toma como referencia 1994, la indigencia sería tres veces más elevada, la pobreza habría subido 75% y el trabajo informal 13%. En cambio elogia el récord de exportaciones (4.325 millones de dólares), el superávit comercial (1.325 millones de dólares) y el aumento de reservas y del superávit fiscal.

La nota está hecha a medida de la ministra: elogia el control del gasto, recoge la preocupación energética ( Felisa Miceli piensa igual que Martín Redrado, aunque no lo declara a la prensa: con la incógnita energética actual no se pueden sostener los niveles de crecimiento de los últimos años) y no dice una palabra sobre la política de precios que lleva adelante Guillermo Moreno, de la que Miceli es muy crítica.

Van der Kooy se refiere después a la polémica con Uruguay por las papeleras, con poca información nueva. Define a Lavagna como le gusta hacerlo a la ministra de Economía: «El no está pensando en la próxima elección sino en una fuerza de poder para los próximos años» (le atribuye la frase a un allegado del ex ministro) y anuncia una embestida posmundial de Mauricio Macri, aunque relativizando después todo por la calidad de los números económicos.

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