Comentarios políticos de este fin de semana

Política

LANATA, JORGE.
Dominical «Perfil».


Con el aporte de dos colaboradoras Jorge Lanata redondeó ayer en el semanario «Perfil» un interesante informe de seguridad. Dice que desde abril de 2005 hasta abril último hubo 44 secuestros, de ellos 35 correspondieron al tipo «express» (cobro rápido en pocas horas) y el resto se supone con cautiverio de la víctima. Fuente del dato es una Unidad Fiscal para secuestros extorsivos. Cada 4 minutos y medio se denuncia un robo o secuestro en las 53 comisarías de la Capital Federal, y tengamos en cuenta que como casi ninguna se esclarece -últimamente ni los asesinatos se esclarecen- debe ser mayor el número de sustracciones. Entre abril pasado y abril último -dato éste de la Policía Federal, según consigna el columnista- las denuncias de robos en la Ciudad subieron 11% (curiosamente el mismo nivel en que subió la inflación). Otro dato que ubica como fuente el Centro de Estudios Nueva Mayoría es que desde 1985 hasta 2005 el delito aumentó 121%, aunque aquí habría que haberlo evaluado por el crecimiento vegetativo de la población más los inmigrantes. Otras cifras, como las provenientes de la Consultora «Equis» de Artemio López, que le inventa encuestas al gobierno (las que difunde «Equis», aunque a Néstor Kirchner le hace reales) son poco creíbles.

Otro dato curioso de una Fundación Atlas. En lo que va del año el presidente Kirchner pronunció 58 discursos (la mayoría «minidiscursos» en el marco de la «política del atril», como le suele reprochar el columnista Morales Solá) que representaron 119.587 palabras en la boca presidencial y ninguna vez -ni una solapronunció «inseguridad» y tampoco « secuestros», «robos», «delitos», «hurtos» o « crímenes». (Estos datos los suele dar Atlas y el primero está referido a 58 discursos.) Es como si el Presidente viviera en otra galaxia. La ironía es que, en sentido inverso, se le midieran las veces que dijo «pingüino», « pasado», «década del noventa», «impunidad» «prensa» y otras de su escaso vocabulario político. Lanata dice que la contramarcha de D'Elía «fue un fracaso» y es cierto porque constituye una de las mayores gaffes de estrategia política del gobierno, aunque quizás haya logrado algún mérito indirecto de atemorizar concurrentes a la convocatoria de Juan Carlos Blumberg. De cualquier manera D'Elía ya debería tener grado militar porque lo que moviliza ya pasan a ser milicias urbanas esta vez sólo convocadas para intimidar. Estas organizaciones hacen creer que en 2007, aunque Kirchner no ganara la elección, las «milicias» le podrían impedir ascender a cualquier otro. Basta pensar que si cambiara el gobierno D'Elía inmediatamente iría preso por lo de la comisaría. Si con una parodia de venta de armas a Ecuador que inventó un periodista de «Clarín» para herir a Oscar Camilión, ligado a la familia de la directora, todavía la Justicia quiere jaquear a Menem, ¿cuántos estrados visitaría D'Elía, que no sólo violó comisarías, sino también propiedades privadas, pronunció discursos en contra de la Ley de Defensa de la Democracia, y cuánto más?

Lanata incluye como la versión de un funcionario oficial esta frase: «Kirchner con el tema de seguridad tiene una grave confusión ideológica y, además, está entrampado en su propio juego. Sobreactuó el garantismo y ahora teme que cualquier medida que tome para bajar los índices de inseguridad sea tomada como un giro a la derecha». ¡Buena perspectiva tenemos los argentinos de vivir en un país con resguardos si es real este complejo presidencial!

En realidad, la política general de Kirchner relajó la habitualidad ciudadana. Hay más secuestros, más robos, más violaciones. Pero también los tumultos no dejan elegir un rector en la Universidad; la droga crece; todos hacen juicios laborales insólitos a las empresas; una manifestación pacífica de judíos no puede hacerse porque aparecen unos encapuchados con palos de «Quebracho» y la impiden; a los padres les cuesta más frenar la rebeldía adolescente de siempre cuando esos jóvenes ven tanto relajo social y leen, ven o escuchan «Las aventuras de D'Elía» o la «Intimidación del camionazo» de los Moyano; debates insultantes en el Congreso o que los sindicalistas impunemente se hayan apropiado de 300 millones de pesos en la « nueva forma de impunidad». Vivimos la época que graficó bien el humorista Manes Marzano cuando una mujer le dice a otra: «Mi marido entró en la clase pasiva». La otra: «¿Se jubiló siendo tan joven?». Responde la primera: «No, como policía lo trasladaron a la sección antimotines»...

WAINFELD, MARIO.
«Página/12».


Como el resto de la prensa amiga, este columnista con acceso privilegiado y frecuente a los despachos de la Casa de Gobierno, se dedica a escarnecer a Juan Carlos Blumberg y a sus acompañantes a la marcha del jueves pasado en Plaza de Mayo. El aporte que hace este Wainfeld en la columna de ayer es que expone todos los intentos que había hecho el gobierno para capturar al padre de Axel, describiendo una especie de manual de maquiavelismo del propio Néstor Kirchner y que Blumberg -no lo reconoce el periodista, pero se deduce de la lectura- ha eludido y desairado.

Según Wainfeld, Blumberg tiene los celulares de los ministros del gabinete, ha logrado que el gobierno promueva reformas al sistema penal y de Justicia para ganarse su adhesión («por la gobernabilidad», dice), ha puesto dinero en la Fundación Axel, y el propio Néstor Kirchner conserva la foto del joven asesinado sobre su escritorio. Nada de eso evitó la plaza del jueves, con lo cual -tampoco lo reconoce Wainfeld- Blumberg le ha ganado hasta ahora la pulseada.

Si Kirchner quería darle a Blumberg el mismo trato «contenedor» que a los piqueteros -es una de las hipótesis de Wainfeld-, también debe reconocerse que esa intención fracasó, con lo cual Blumberg es mucho más que el personaje anecdótico que pretende describir el gobierno.

Sí admite el columnista que el gobierno, «muy desdeñoso de las banderas republicanas,a menudo se empaca en asemejarse a la caricatura que dibujan sus adversarios», con lo cual hace una crítica dura a la administración kirchnerista con el argumento de atacar a sus opositores. El resto, claro, es un esperable rosario de descalificaciones a los acompañantes de Blumberg, a quienes califica de «propietarios asustados y ofuscados», detrás de una propuesta «improvisada, represiva y unidimensional», y representantes de una derecha «destartalada» y «precaria».

Aun así, Wainfeld admite -con buena información oficial- que la contramarcha de Luis D'Elía contó con el favor oficial. Como fracasó, dice que Kirchner tratará de esconderlo durante un tiempo, hasta que junte fuerzas y le dedique a Blumberg algún discurso airado desde el atril del Salón Blanco. Por algo lo dirá.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


Como sucede siempre con las posturas oficialistas del monopolio, los argumentos se elevan hacia alturas inalcanzables cuando la realidad obliga a criticar al gobierno. El columnista no se anima a decir claramente que Néstor Kirchner ha hecho un uso abusivo de su poder frente a la protesta por la inseguridad. Prefiere diluir ese reproche en una larga reflexión sobre la tendencia de la historia argentina a caer en desequilibrios.

Dedica varios párrafos a defender a Raúl Alfonsín de los ataques de Néstor Kirchner. Dice que criticar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final fuera de contexto sería como criticar dentro de unos años la negociación que Kirchner y Roberto Lavagna hicieron de la deuda (muchos, no él, la critican ahora: dejó atado al país a pagar papeles atados a la inflación y quedó afuera 25% de los tenedores de bonos; la provincia de Buenos Aires, en el mismo contexto, atrajo a 90% de los acreedores). Después el periodista critica al gobierno por haber atacado a Juan Carlos Blumberg.Pone bajo la lupa a Luis D'Elía y acusaa la SIDE de proveerle información y fotos sobre sus «blancos» (con un equipo de espías que ya trabajaban en Santa Cruz, dice). Pero enseguida le reprocha a Blumberg y sus seguidores haber intentado « juzgar» en la Plaza a los funcionarios. ¿Y para qué se hizo la Plaza sino para protestar contra los funcionarios? Van der Kooy les pide que lo hagan por la vía institucional: ¿Y cuando su diario destroza a funcionarios o dirigentes en la tapa no habría que pedirle lo mismo? Insólito. Al final, el columnista presta un último servicio al gobierno haciéndose cargo de la táctica oficial para atacar a ese deudo: decir, sin que se entienda por qué, que Blumberg ya ingresó en la política.

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