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Jorge Bergoglio y Felipe Solá
«La Nación».
«Clarín».
Inevitable que este columnista no dedicase la entrega de ayer a recoger las especulaciones que corren en bares y billares sobre el empeño presidencial en retomar una iniciativa que perdió, por lo menos, desde la derrota en Misiones. No agrega más datos a lo conocido pero aporta dos frases: una de Néstor Kirchner a Felipe Solá en la que confesaría: «Acá el que perdí fui yo».
La otra la había adelantado el propio gobernador de Buenos Aires y se la diría Eduardo Duhalde cuando lo consultó sobre el proyecto reeleccionista. «No va a caminar».
El resto es literatura. Que el oficialismo se queda sin candidatos en la provincia de Buenos Aires, que Cristina presidencial es un proyecto viejo y en modo condicional hasta nuevo aviso, que Kirchner le teme a un segundo mandato, que Lavagna y Macri ya no están lejos como antes, que el ex ministro de Economía se tienta por buscar amigos más en el peronismo que entre los radicales, que Blumberg está ahí, cavilando si da el salto a la política.
Como estuvo invitado al té entre pocos de la senadora Kirchner en el Congreso el jueves pasado, el columnista pondera, casi con ironía, la flexibilidad con que les presentó a él y otros el proyecto de reducción de la Suprema Corte de Justicia. La premia con un adjetivo poco creíble: «tolerante», le dice. Queda la senadora en la obligación de demostrar la justicia de este regalo que le hace el columnista.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».
El periodista se hace en su columna de ayer un homenaje a sí mismo, con largas citas de envíos anteriores y lejanos, en los que pronosticaba la reducción del número de jueces de la Corte y el lanzamiento de la candidatura de Cristina Kirchner. Hizo bien. El domingo anterior tuvo una puntería inédita: se equivocó en todos los pronósticos que hizo. Apenas estuvo tibio con la modificación en la Corte, aunque apostó a que se reduciría el número a 7 o que se designarían los dos jueces que faltaban (aun poniendo fichas en casi todos los números, perdió). Hidalgo, el cronista dedicó ayer un largo recuadro a rectificaciones.
Aprovechó Verbitsky para felicitar al gobierno por su rapidez para captar el malhumor social, lo que se hizo evidente después de la derrota de Misiones, y le advierte al «poder económico» al que «se le ponen límites por primera vez en muchas décadas» que deberá resignarse a seguir soportando a un gobierno fuerte. ¿A cuál poder económico se refiere Verbitsky? Sería bueno que lo aclare (tal vez a Enrique Pescarmona, por citar un solo nombre de los «disciplinados» por el gobierno).
También le advierte a su favorito, el cardenal «Jorge Bergoglio, algunos líderes de la oposición y un sector de la prensa» que Kirchner no es como ellos lo imaginan, que todo es más matizado.
Incorregible Verbitsky, se encarga él mismo de destacar los matices, como el pedido de captura de ex funcionarios iraníes de Alberto Nisman, acatado por Rodolfo Canicoba Corral, para avanzar de algún modo en la causa AMIA. Festeja el periodista que George Bush no haya ganado las elecciones: de lo contrario, Estados Unidos habría usado, según él, esta resolución argentina (avalada por el «Kirchner real», según su propia clasificación) para una nueva agresión militar, esta vez contra Irán.
La tesis de la nota de Verbitskyes que Kirchner debe optar si sigue el camino de la reestructuración de la Corte (que ahora debería completarse con la nueva ley de financiamiento educativo) o si se atará a los aparatos tradicionales del PJ. Para él son dos caminos, no dos alas del gobierno que conviven con más comodidad de la que él está dispuesto a aceptar.



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