19 de noviembre 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Julio De Vido
Julio De Vido
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


Este periodista vocero cumple con la consigna del gobierno de esta semana que es hostigar a Elisa Carrió, a quien demoniza por negar la existencia de una «oligarquía agropecuaria» (herejía que le parece inadmisible) y de cuya fuerza política ironiza al calificarla de una acumulación de sellos de goma. Como si la propia alianza del gobierno que ganó con Cristina de Kirchner fuera una liga de partidos orgánicos con millones de afiliados, o como si la candidatura de Carrió no hubiera sacado casi 4,2 millones de votos en las últimas elecciones.

Importa más en la entrega de ayer algunos apuntes sobre el nuevo gabinete recogidos de los despachos oficiales que reportan al columnista:

  • Explica la salida de Miguel Peirano como un castigo de los Kirchner por comportarse como un lobbista de los empresarios dentro del gabinete, como antes lo fueran José Ignacio de Mendiguren y Roberto Lavagna. El mérito de su reemplazante Martín Lousteau, como el del confirmado Julio De Vido, es su lealtad al matrimonio presidencial, como si ese estado del alma justificase las designaciones. Suele el peronismo endiosar la lealtad, quizás porque es un recurso escaso en esa fuerza.

  • La salida de Ginés González García la explica en la agresividad de este ministro hacia una red de laboratorios públicos que confrontaría con la industria farmacéutica, algo que cambiará con la exaltación a la cartera de Salud de esta cientista política que, recuerda, lo corrió a Luis Barrionuevo del PAMI.

  • El pase de Aníbal Fernández a la megacartera de Justicia, etc., lo justifica en otro estado del alma que late en el estadista de Quilmes: el entusiasmo ante la adversidad (sus falencias en administrar la seguridad, su derrota electoral en su distrito). Cuenta que el proyecto kirchnerista era disolver ese ministerio, vaciado de tareas por la gravitación de la Procuración General, la Corte Suprema y el Consejo de la Magistratura en el manejo de la Justicia. Le señala una agenda: terminar con las atrocidades en el tratamiento a los presos en las cárceles de todo el país, como si Aníbal F. no hubiera manifestado ya antes su desinterés en esa cuestión.

  • Agenda más difícil le marca a Florencio Randazzo: acercar intendentes del conurbano al gobierno nacional. Le falta información al columnista: si Randazzo manejase a esos alcaldes hubiera sido candidato a gobernador de la provincia, pero ese club de intendentes lo quiere menos que a Felipe Solá, lo cual es mucho. Además, esa tarea de cultivar a los peronistas de la provincia con cargos de gobierno local la tienen a su cargo Julio De Vido y José López, funcionarios que seguirán con el nuevo gobierno.

    MORALES SOLA, JOAQUIN.
    «La Nación».


    Lo despide al Presidente en otro diálogo informal al caer el sol, en el cual Néstor Kirchner intenta ubicarse en la agenda internacional más cerca del rey Juan Carlos y lejos de Hugo Chávez. Es cierto lo que dice el columnista que Kirchner nunca lo ha querido mucho en lo personal al extravagante bolivariano, aunque le toleró los excesos por las ayudas que el gobierno de Caracas ha dado a su gestión en compras y en suscripción de bonos cuando los mercados han mostrado resistencia. Lo quiebra además el alarde de peronismo que hace Chávez cuando describe su doctrina de gobierno; dice que se inspira en el modelo del primer Perón para su socialismo bolivariano.

    Sobran anécdotas sobre la irritación de Kirchner cuando Chávez organiza actos políticos en la Argentina, o le ocupa el Salón Blanco para discursos, o por excesos de confianza con Cristina de Kirchner y otros funcionarios.

    Esto le hace decir la columna al Presidente:   

  • «El rey Juan Carlos es el mejor político de España y uno de los mejores políticos del mundo».

  • Sobre las cumbres de presidentes: «Me gustaría hablar de las cosas concretas de ahora. Les dije a algunos que hagamos un seminario especial para hablar de ideologías, pero que no gastemos estas cumbres en esa clase de debates».

  • Sobre el peronismo: «Nunca dejé de ser peronista. El proyecto de «partido progresista» incluye al peronismo».

  • Sobre las designaciones de su esposa: «¿Qué será de Moreno y de Jaime? Pregúntenle a la presidente electa. Yo le doy mi opinión, pero muchas veces ella decide hacer lo contrario.»

  • Sobre la economía: «Habrá que desacelerar (la economía). Había que reconstruir primero el PBI para poder crecer después a tasas de 5 por ciento anual durante muchos años».

    Con datos recogidos en ese diálogo Morales Solá aporta algunos datos sobre designaciones de su esposa desde el 10 de diciembre:

    Héctor Timerman reemplazará a José Bordón en Washington; Rafael Bielsa está en la lista chica para ser embajador en Berlín (plaza vacante desde hace rato); Felipe Solá no irá a Francia, Carlos Bettini seguirá en Madrid.

    De los ministros informa esto: la tarea principal de Aníbal Fernández será hacerle imposible la vida a Mauricio Macri, lo cual equivale a decir que las otras responsabilidades del megaministerio de Justicia, salvo Seguridad, quedarán en manos de otros funcionarios. Sobre Julio De Vido, dice que está confirmado pero a examen; en cuanto salte alguna denuncia sobre su gestión volará por los aires.

    VAN DER KOOY, EDUARDO.
    «Clarín».


    Como sus otros colegas, analista de domingo, dedica la mayor parte de lo que escribe a glosar la designación del gabinete de Cristina de Kirchner. Por ejemplo, dice que ella hubiera querido que continuase Miguel Peirano en Economía, pero la doblegó Alberto Fernández, armador del nuevo equipo. No consigna las razones que argumentó el jefe de Gabinete para desplazarlo del cargo.

    Cree que el reemplazante Martín Lousteau no provocará rispideces al detectar que en una charla con su padrino Alberto Fernández «no le habló nada mal de Guillermo Moreno». Enigmática expresión que no aclara a quién incrimina o a quién le conviene, pero dicho así disminuye al nuevo funcionario.

    En cuanto a Julio De Vido, descubre el columnistaque nunca pensó en serio en relevarlo porqueconoce la relación que tiene con su esposo y porque es un «trabajador indomable» (todos los ministros deberían serlo, cobran sueldo).

    Discurre con acierto sobre la tendencia de los Kirchner a mantener sus electos a lo largo del tiempo. Al actual Presidente se le fueron sólo tres ministros, todos con algo de escándalo (que si no hubieran sobrevenido Gustavo Béliz, Roberto Lavagna y Felisa Miceli continuarían en sus cargos); antes conservó durante años en Santa Cruz a Julio De Vido como ministro, tanto tiempo que jugaba apuestas este arquitecto con Jorge Remes Lenicov (otro ministro eterno del ciclo Cafiero-Duhalde en Buenos Aires) sobre quién había durado más. Por eso cree Van der Kooy que no habrá nuevos cambios en marzo, especie que el propio gobierno se encarga de difundir.

    A la tira de los embajadores «in péctore» agrega este columnista un relevo en Chile del mendocino Carlos Abbihagle que mejore las relaciones con la administración Bachelet desarregladas por la crisis del gas. También una confirmación de Vittorio Tacceti en Italia.

    Ratifica la percepción de Morales Solá sobre la intención de los Kirchner de alejarse de la sombra de Hugo Chávez y la de Verbitsky sobre ese caramelo de plástico que es la promesa de que reactivaráel PJ nacional.

    GRONDONA, MARIANO.
    «La Nación».


    Se enoja el profesor con lo que llama el «autoritarismo residual» que expresa el kirchnerismo cuando Cristina de Kirchner confirma a ministros de su esposo que a él no le gustan, como Guillermo Moreno o Aníbal Fernández, cuando fustiga a Elisa Carrió con el mismo método que usó antes con Enrique Olivera o cuando levanta las retenciones a las exportaciones del agro (no dice nada sobre las que se impusieron en más a los hidrocarburos.

    Dice, casi una ironía sobre sí mismo del columnista, que esas críticas son «consejos bienintencionados» que no deberían molestar a los Kirchner. Debería explicar por qué dice que los Kirchner tienen el poder y cada uno de los cónyuges el gobierno. Si algo caracteriza a este gobierno que termina, agrega, es su debilidad, lo que le ha impedido controlar el orden público, frenar la voracidad de algunos empresarios por los subsidios, achicar el poder sindical del moyanismo, superar la crisis con el Uruguay o liberar al gobierno del cautiverio en manos de sus adversarios políticos internos del peronismo, como los dirigentes del PJ de la provincia de Buenos Aires.
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