Comentarios políticos de este fin de semana
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Julio De Vido
«Página/ 12».
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
Lo despide al Presidente en otro diálogo informal al caer el sol, en el cual Néstor Kirchner intenta ubicarse en la agenda internacional más cerca del rey Juan Carlos y lejos de Hugo Chávez. Es cierto lo que dice el columnista que Kirchner nunca lo ha querido mucho en lo personal al extravagante bolivariano, aunque le toleró los excesos por las ayudas que el gobierno de Caracas ha dado a su gestión en compras y en suscripción de bonos cuando los mercados han mostrado resistencia. Lo quiebra además el alarde de peronismo que hace Chávez cuando describe su doctrina de gobierno; dice que se inspira en el modelo del primer Perón para su socialismo bolivariano.
Sobran anécdotas sobre la irritación de Kirchner cuando Chávez organiza actos políticos en la Argentina, o le ocupa el Salón Blanco para discursos, o por excesos de confianza con Cristina de Kirchner y otros funcionarios.
Esto le hace decir la columna al Presidente:
Con datos recogidos en ese diálogo Morales Solá aporta algunos datos sobre designaciones de su esposa desde el 10 de diciembre:
Héctor Timerman reemplazará a José Bordón en Washington; Rafael Bielsa está en la lista chica para ser embajador en Berlín (plaza vacante desde hace rato); Felipe Solá no irá a Francia, Carlos Bettini seguirá en Madrid.
De los ministros informa esto: la tarea principal de Aníbal Fernández será hacerle imposible la vida a Mauricio Macri, lo cual equivale a decir que las otras responsabilidades del megaministerio de Justicia, salvo Seguridad, quedarán en manos de otros funcionarios. Sobre Julio De Vido, dice que está confirmado pero a examen; en cuanto salte alguna denuncia sobre su gestión volará por los aires.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Como sus otros colegas, analista de domingo, dedica la mayor parte de lo que escribe a glosar la designación del gabinete de Cristina de Kirchner. Por ejemplo, dice que ella hubiera querido que continuase Miguel Peirano en Economía, pero la doblegó Alberto Fernández, armador del nuevo equipo. No consigna las razones que argumentó el jefe de Gabinete para desplazarlo del cargo.
Cree que el reemplazante Martín Lousteau no provocará rispideces al detectar que en una charla con su padrino Alberto Fernández «no le habló nada mal de Guillermo Moreno». Enigmática expresión que no aclara a quién incrimina o a quién le conviene, pero dicho así disminuye al nuevo funcionario.
En cuanto a Julio De Vido, descubre el columnistaque nunca pensó en serio en relevarlo porqueconoce la relación que tiene con su esposo y porque es un «trabajador indomable» (todos los ministros deberían serlo, cobran sueldo).
Discurre con acierto sobre la tendencia de los Kirchner a mantener sus electos a lo largo del tiempo. Al actual Presidente se le fueron sólo tres ministros, todos con algo de escándalo (que si no hubieran sobrevenido Gustavo Béliz, Roberto Lavagna y Felisa Miceli continuarían en sus cargos); antes conservó durante años en Santa Cruz a Julio De Vido como ministro, tanto tiempo que jugaba apuestas este arquitecto con Jorge Remes Lenicov (otro ministro eterno del ciclo Cafiero-Duhalde en Buenos Aires) sobre quién había durado más. Por eso cree Van der Kooy que no habrá nuevos cambios en marzo, especie que el propio gobierno se encarga de difundir.
A la tira de los embajadores «in péctore» agrega este columnista un relevo en Chile del mendocino Carlos Abbihagle que mejore las relaciones con la administración Bachelet desarregladas por la crisis del gas. También una confirmación de Vittorio Tacceti en Italia.
Ratifica la percepción de Morales Solá sobre la intención de los Kirchner de alejarse de la sombra de Hugo Chávez y la de Verbitsky sobre ese caramelo de plástico que es la promesa de que reactivaráel PJ nacional.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
Se enoja el profesor con lo que llama el «autoritarismo residual» que expresa el kirchnerismo cuando Cristina de Kirchner confirma a ministros de su esposo que a él no le gustan, como Guillermo Moreno o Aníbal Fernández, cuando fustiga a Elisa Carrió con el mismo método que usó antes con Enrique Olivera o cuando levanta las retenciones a las exportaciones del agro (no dice nada sobre las que se impusieron en más a los hidrocarburos.
Dice, casi una ironía sobre sí mismo del columnista, que esas críticas son «consejos bienintencionados» que no deberían molestar a los Kirchner. Debería explicar por qué dice que los Kirchner tienen el poder y cada uno de los cónyuges el gobierno. Si algo caracteriza a este gobierno que termina, agrega, es su debilidad, lo que le ha impedido controlar el orden público, frenar la voracidad de algunos empresarios por los subsidios, achicar el poder sindical del moyanismo, superar la crisis con el Uruguay o liberar al gobierno del cautiverio en manos de sus adversarios políticos internos del peronismo, como los dirigentes del PJ de la provincia de Buenos Aires.




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