18 de febrero 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Daniel Scioli
Daniel Scioli
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El aporte de esta semana del columnista monopólico es testimonial y vale porque su nota de ayer contiene expresiones de Néstor Kirchner sobre el gobierno de su esposa escuchadas en el transcurso de un almuerzo con el ex presidente. Tampoco impresiona mucho lo recogido, más que para tomarle el pulso a qué le interesa hoy al santacruceño, que actúa como armador político del gobierno de su esposa. Aquí lo principal que trae ese reportaje que no es reportaje:

Sobre las elecciones en los Estados Unidos:   

  • «Lo veo bien a McCain. Hillary no termina de acertar con la campaña.»

  • Sobre el borocotazo de Roberto Lavagna:   

  • «Se habló mucho del acuerdo con Roberto. De quién ganaba y quién perdía. La que más ganó fue Cristina, porque puede ampliar la base de su gobierno. El peronismo estará más compacto y se sumarán otros sectores. Roberto representa, además, el disenso dentro de una corriente general de pensamiento que compartimos.»   

  • «Roberto ha vuelto al lugar en que debe estar. Es un hombre de opinión valiosa y se le abre de nuevo una posibilidad política. Esa posibilidad no existía si se quedaba donde estaba.»

    Sobre la gestión de Cristina de Kirchner:   

  • «Ella anda bien y maneja el poder de su gobierno. Está al tanto de todo y ya lo estaba porque durante los cuatro años pasados permaneció a mi lado e intervino en las decisiones. Lo hizo discretamente. Ahora los papeles se invirtieron. Sucede que hace más de 30 años que estamos juntos y tenemos ideas similares. No hay conflicto, no se vaya a equivocar.»

    Admite que su actividad pueda producir algún daño en la gestión de la esposa:   

  • «Pero fue en la campaña. Quizá le haya restado votos el hecho de que fuera mi esposa. Algún sector de la sociedad no lo vio bien. Pero era el único camino posible en medio de la debilidad política del sistema.»   

  • «Deberemos mostrar con Cristina que también somos capaces de ordenar un partido y fomentar candidaturas al margen de nosotros.»   

  • «Cristina tuvo un buen comienzo. Pero tampoco se puede ser tan exigente. Gobernar es muy duro. Lo digo por experiencia. Hay que tener paciencia. Hay que saber esperar. No me refiero sólo a ella: también a Scioli, a Macri o a Binner.»

    MORALES SOLA, JOAQUIN.
    «La Nación».


    El columnista vuelve a entonar su mejor repertorio, que es la crítica a los funcionarios Guillermo Moreno y Ricardo Jaime como la suma de todos los males del universo mundo.

    ¿Qué ocurrirá cuando el gobierno los despida, que alguna vez ocurrirá? ¿Cantará que entonces todo en el gobierno se habrá vuelto perfecto?

    No suma más que adjetivos a la invectiva contra los dos funcionarios. A uno le reprocha haber destruido el metro de la economía, con lo cual malversó la posibilidad de discutir en serio si hay crecimiento con distribución con este gobierno. «Si la Argentina fuera un país confiable -dice Morales Solá-, se trataría de uno de los casos más llamativos de la historia en materia de distribución de la riqueza», porque con una inflación de 8,4% hubo aumentos de salarios de entre 22% y 30%. Incontestable.

    Es acertado el reproche a los empresarios que ven el panorama de las paritarias de este año como otro atentado a su actividad. Apenas uno de ellos, recuerda, musitó en soledad que un aumento salarial no debería superar este año, en promedio, 15%. Ninguno de sus colegas lo acompañó en la advertencia, confiados todos quizás en que el gobierno los protegerá de la intemperie con algún subsidio.

    A Jaime lo culpa de no tener una política aeronáutica en un país en el cual el gremio de los pilotos ha pasado a controlar la actividad con pasos que han convertido a los aeropuertosen campamentos de pasajeros varados. Aporta un dato: que el gobierno analizó durante el fin de semana intervenir ese gremio para intentar alguna normalización de los vuelos de Aerolíneas Argentinas, pero que retrocedió asustado ante la solidaridad que encontrarían los revoltosos en otros sindicatos.

    GRONDONA, MARIANO.
    «La Nación».


    Vuelve el profesor a uno de sus razonamientos weberianos a propósito de la visita del dictador de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang. Recibiéndolo en el Salón Blanco y firmando acuerdos -y pese a algún reto oportunista-, ¿actuó el gobierno según la ética de las convicciones o la ética de la finalidad? Prefiere Grondona esto último y compara esta visita -que puede ser en interés del país- con la apertura con China que llevó adelante Henry Kissinger durante la presidencia de Richard Nixon.

    Según esta perspectiva, Julio De Vido (según el columnista, fue el verdadero promotor de la venida de Obiang) sería una especie de Kissinger criollo que le hizo torcer a Cristina de Kirchner sus convicciones. En tren de beneficiar a la Argentina con algún acuerdo energético con Guinea Ecuatorial, la presidente -como el maquiavélico Nixon ante China hace cuarenta años- se olvidó de sus convicciones democráticas para recibirlo a Obiang.

    Este escenario explicativo que monta el profesor le sirve para criticar al gobierno por su contradicción: hacia adentro de las fronteras ejerce venganza sobre militares violadores de los derechos humanos, pero hacia afuera negocia con quien le conviene. Acertado razonamiento, aunque podría aplicarse a otros países frente a los cuales el gobierno se maneja con un doble estándar (China, Cuba, Venezuela, etcétera).

    WEINFELD, MARIO.
    «Página/12».


    La larguísima nota de este columnista suplente del diario amigo del gobierno (el titular Horacio Verbitsky se dedicó ayer a una lectura pública de prontuario de un funcionario del gobierno kirchnerista de Mendoza) agobia al lector de palabras con una intención que podría agotarse en muy pocas líneas: elogiar a Cristina de Kirchner en desmedro de sus colegas debutantes en Capital y en Buenos Aires, Mauricio Macri y Daniel Scioli.

    Weinfeld se entusiasma con la Presidente porque, dice, va delineando un estilo peculiar de dialogar en su despacho con propios y extraños (obispos, el embajador de los EE.UU. la CTA, los asambleístas entrerrianos) como no lo hacía su marido cuando era presidente. Le parece al columnista «un paso estimulante, inusual», mientras que otros preferirían «el verso y el contubernio». ¿Se referirá a las conversaciones de su esposo Néstor Kirchner en Olivos con Roberto Lavagna? Ni Dios permita. A Scioli lo mira sobreactuando en prensa, pero sin encontrarle una solución a la crisis de inseguridad que, afirma, siguiendo el libreto oficial, es más una sensación que una realidad. Hace escarnio hasta de la figura física de Carlos Stornelli y describe los movimientos del gobierno bonaerense como una mera exaltación de la personalidad del gobernador que buscaría nuevafortuna como candidato a presidente o a gobernador por el kirchnerismo o por otra fuerza en 2011. Si esto es lo que oye el columnista en la Casa de Gobierno, que vaya tomando nota Scioli de lo que piensa allí de él.

    A Macri tampoco lo ve mejor; según él, no tiene plan de gobierno y repite palabras de Néstor Kirchner sobre un futuro aciago para su gestión porteña. El ex presidente, relata Weinfeld, dice que Macri «fracasará más pronto que tarde».
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